El reto del cambio climático: ¿pueden ayudar las ciudades inteligentes?
Es preciso aprovechar las nuevas tecnologías para responder a las presiones ambientales, así como analizar el rol que pueden desempeñar las ciudades.
Por: Patricia Holmes *
La semana pasada estuve en Mérida, en el Congreso Smart City Expo Latam, hablando de cómo utilizar la tecnología para hacer que nuestras ciudades sean más inteligentes y mejores lugares para vivir. Fue un gran evento y agradezco que el gobernador de Yucatán, Mauricio Vila, me recibiera. Uno de los temas que salió a relucir, sin importar el tópico, fue el clima: tanto cómo la tecnología y las ciudades inteligentes pueden contribuir a reducir nuestras emisiones como la forma en la que pueden ayudarnos a enfrentar los efectos del cambio climático.
En Australia ya estamos viendo sus impactos. En 2019-20, sufrimos unos de los peores incendios forestales de nuestra historia y, en 2022, las inundaciones produjeron daños con un valor de más de tres mil millones de dólares en Brisbane y Sídney.
En el Día Mundial del Medio Ambiente, que se celebra el próximo lunes, es importante recordar la grave amenaza que supone el cambio climático. Este mismo mes, la Organización Meteorológica Mundial advirtió que existe 66% de probabilidades de que la temperatura media mundial supere los niveles preindustriales en 1.5 grados en los próximos cinco años. Entre 2013 y 2022, Australia tuvo ocho de los años más cálidos jamás registrados.
Me gustaría compartir algunos ejemplos sobre cómo estamos aprovechando las nuevas tecnologías para responder a estas presiones y el rol que pueden desempeñar las ciudades. Australia es el país del mundo con mayor consumo de energía solar doméstica: casi un tercio de los hogares (incluida mi casa en Canberra) tiene un sistema de energía solar. Los propietarios no sólo pueden cubrir gran parte de sus necesidades energéticas, sino que, cuando la producción supera sus necesidades, pueden revenderla.
¿Qué pasa cuando la demanda supera la producción? En Adelaida, el gobierno contrató a Tesla para construir la batería más grande del mundo, que permite almacenar energía. En virtud de su compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en 43% para 2030, el gobierno australiano también está invirtiendo en baterías comunitarias y bancos solares en todo el país.
CSIRO, la agencia científica nacional de Australia, anunció recientemente AquaWatch, un nuevo “servicio meteorológico” para la calidad del agua. Usando una red de satélites de observación de la Tierra y sensores terrestres, AquaWatch contribuirá a mejorar la gestión de la calidad del agua en Australia y el mundo mediante un seguimiento preciso y la alerta temprana de fenómenos nocivos.
Éstos son sólo un par de ejemplos de cómo las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a mitigar y adaptarnos a los efectos del cambio climático. Sólo compartiendo nuestras experiencias y encontrando soluciones colectivas podremos superar estos retos. Después de conocer el trabajo de México en Yucatán, tengo la esperanza de que seremos capaces de hacerlo.
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*Encargada de Negocios de la Embajada de Australia en México
