CNTE-AMLO-SNTE

La CNTE le ofrece batalla y el grupo de EEG ni siquiera tiene garantizada su supervivencia. En cambio, el corro mayoritario del SNTE le rinde pleitesía, aunque puede ser hipócrita.

           […] un gobernante prudente no puede, no debe,

                cumplir su palabra, cuando el cumplimiento de ésta

                se vuelva en su contra, y cuando las razones

                que le hicieron prometerla hayan desaparecido.

           Nicolás MaquiaveloEl príncipe

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación es un hueso duro de roer. Sus líderes tienen propósitos claros e instrumentos para lograrlos. Ningún gobierno ni camarilla del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación ha logrado domeñarlos, en parte porque su liderazgo es transitorio. Quizás el secreto de la persistencia de la CNTE como espécimen de oposición se deba a su tradición asambleísta; allí no hay caciques.

Tal vez el presidente López Obrador ya advirtió su inadvertencia cuando siendo candidato pactó con la CNTE —el 12 de marzo de 2018— que les regresaría privilegios a los militantes de esa organización de combate. Sencillo: no puede darles todo lo que piden; aun sin crisis no hay presupuesto que rinda. Pero la CNTE exige —con sus métodos— que le cumpla.

Antes, en diciembre de 2017, López Obrador firmó un pacto con los residuos de la corriente que comandaba su enemiga histórica, Elba Esther Gordillo. Fue en Zacatecas, donde se comprometió a que les regresaría la carrera sindical, léase maestros comisionados al servicio de los comités seccionales y nacionales; claro, pagados con fondos de la nómina educativa. A este grupo ya no lo pela.

 Con la facción que se lleva de maravilla es con aquella que hoy comanda Alfonso Cepeda Salas y que en la campaña apoyó a José Antonio Meade. La situación política permutó para López Obrador. La CNTE le ofrece batalla y el grupo de EEG ni siquiera tiene garantizada su supervivencia. En cambio, el corro mayoritario del SNTE le rinde pleitesía, aunque puede ser hipócrita.

La CNTE es tenaz; acaba de efectuar su decimocuarto Congreso General Ordinario, justo el Día del Maestro en uno de sus bastiones, Tuxtla Gutiérrez. En uno de sus resolutivos avisó que cumplirá una nueva jornada de movilizaciones para exigir al gobierno federal retomar el diálogo —la SEP lo suspendió desde diciembre— con el propósito de llegar a acuerdos resolutivos. Asegura que después de 18 mesas de negociación con el presidente Andrés Manuel López Obrador hay logros mínimos.

Además, porfió que refrenda su independencia ideológica del gobierno, de partidos políticos y la dirigencia charra del SNTE.

La secretaria de Educación Pública, Delfina Gómez Álvarez, mostró quiénes son los líderes magisteriales favoritos del gobierno. En la ceremonia donde la SEP y el SNTE dieron a conocer los resultados del Pliego Nacional de Demandas 2021, la maestra Delfina y Alfonso Cepeda Salas intercambiaron elogios: “gratitud y admiración” para ustedes, dijo ella.

Cepeda se mostró sumiso, aunque apuntó que los trabajadores de la educación tienen demandas pendientes. Pero, expresó que los líderes “son conscientes de la situación económica que se vive a nivel mundial, por lo que reconocen el esfuerzo hecho por el gobierno del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador”.

No obstante, de manera comedida si se quiere, planteó el fondo de sus demandas: recolonizar el gobierno de la educación básica; claro, comenzando con el trabajo en equipo para “que de manera conjunta podamos hacer un estudio a fondo de qué resultados ha habido con la aplicación de la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros. Los lineamientos… han lastimado en muchos sentidos los derechos laborales y profesionales de las maestras y los maestros” (Comunicado conjunto SEP-SNTE; 17/05). Mensaje simbólico: “Queremos dirigir de nuevo”.

No pienso que López Obrador sea prudente, pero sí que se dio cuenta de que ya no hay razones para cumplir con la CNTE; esos maestros no serán sus subordinados, tampoco le aplauden.

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