De súbito, una corriente de asombro recorre Europa. La natación de Holanda salta a los primeros planos del Viejo Continente, en el Campeonato de Leipzig 1962. Se habla de hipnotismo o empleo de procedimientos artificiales, acaso sustancias prohibidas.
La presencia del entrenador australiano Forbes Carlile comunica magia a las aguas neerlandesas y, paralelamente, como ha sucedido en otros países, brota el rechazo tribal al forastero, como en México con la presencia del entrenador neozelandés de atletismo Arthur Lydiard —con el común con Carlile de ser un investigador y estudioso en fisiología—, uno de los mejores del mundo; llevó a Murray Halberg y a Peter Snell al podio olímpico de oro, sus métodos influyeron en Lasse Virén.
Lo corrieron al enfrentar el burocratismo previo a los JO de México 68 por señalar deficiencias y falta de apoyo a los atletas; en Finlandia le sucede algo semejante, lo rechazan los técnicos. Forasteros, extranjeros o nuevos no encajan en grupos o sociedades; menos con superior conocimiento.
Parte de la magia acuática de Carlile consiste en el Tapering-off, la puesta en forma del competidor. El fino arte que se fue creando con la suma y conocimientos de muchos estudiosos, entre ellos Hans Selye, fisiólogo “padre del estrés”, con la información, intuición, investigación, experiencia, práctica, relación entrenador-competidor. Llevar al nadador al punto cenital de su rendimiento, en una fecha precisa, tras reducir gradualmente el kilometraje y la intensidad; como ajustar una cuerda de violín para que dé la nota musical exacta.
Forbes Carlile, graduado en la U. de Sidney, observa en Helsinki 52 que John Davies está extremadamente fatigado. Le ordena que duerma tres días previos a los 200 m estilo de pecho. El resultado, oro olímpico. En la época predomina el volumen de kilometraje para alcanzar no sólo resistencia corporal y síquica, sino para el sprint corto. Principal luminaria de Carlile fue Shane Gould, ganadora a los 16 años de edad de 5 metales olímpicos en Múnich 72, 3 de oro, 1 plata y 1 bronce.
Es la primera y única mujer en romper las marcas mundiales de nado libre de 50 a 1,500 m en estilo de crawl. La distancia invoca a Murray Rose, los hermanos Ilsa y John Konrads, Roy Saari, Mike Burton, Guillermo Echevarría, Vladimir Sálnikov, héroes inmortales en los 1,500. Planificación y entrenamiento han sufrido cambios sustanciales, acaso más en los sprinter que en los fondistas.
Hace unos días se registra un acontecimiento impactante: el australiano Cameron McEvoy, 31 años, monarca olímpico en París, rompe el RM de los 50 m nado libre en pileta olímpica en 20”88/10; es una tromba que reduce en 18/100 su marca personal y en 3/100 el crono planetario del brasileño César Cielo Filho (20”91) en la época de los supertrajes de fibra de carbono que permitieron en 2009 la ruptura de 58 plusmarcas mundiales. En 19 centelleantes brazadas fulmina 16 años de historia. Uno de los puntos más atractivos es su preparación moderna con un puñado de kilómetros.>
