Un grito desesperado
Aún sin conocer el resultado electoral, el PRI habrá perdido. Hace seis años ganó con más del 60% de la votación, ahora más del 60% lo habrá rechazado.
En los últimos tres años, los resultados electorales han sido extraños y confusos para los partidos políticos, parece que quienes toman las decisiones en dichos partidos no han sabido interpretar del todo lo que ha sucedido, nos hace falta otro nivel de políticos, con mayor visión, apertura y compromiso con el país.
En 2015, se esperaba un voto de castigo social al partido del gobierno en turno, esas elecciones estuvieron precedidas de un año en el cual el partido oficial y el mismo gobierno fueron sacudidos por una sucesión de hechos desagradables para la sociedad. Principalmente, tres eventos generaron malestar social: la aprobación de una reforma hacendaria que era necesaria para el país, la desaparición de 43 estudiantes de la escuela rural normal de Ayotzinapa y la adquisición de una suntuosa vivienda, hoy conocida como la Casa Blanca.
La combinación de estos hechos y el activismo en redes sociales pulverizaron la imagen del buen momento mexicano, pusieron en el ojo de la crítica al máximo nivel de mando en el país; sin embargo, el desánimo social no se reflejó en la elección de los diputados federales, donde el partido oficial obtuvo mayoría; en las elecciones estatales, salvo el caso de Nuevo León, los resultados tampoco parecieron reflejar el desencanto social.
Estos resultados generaron en el partido en el gobierno una sensación de que todo iba bien, que los eventos de 2014 no habían afectado los resultados electorales, por ello, se envolvieron en la soberbia política y se desbordó la confianza.
En el proceso electoral de 2016, los resultados fueron distintos, el PRI perdió siete gubernaturas de 13 estados, la confianza con la que llegaron a la jornada electoral se acabó el mismo día de las elecciones. Todo indica que los ciudadanos pasaron factura al partido en el poder, castigando la corrupción, el abuso, pero sobre todo el desfalco y el desaseo de gobernadores emanados del PRI.
En la jornada de ayer, se eligió a tres gobernadores, en Nayarit, Coahuila y Estado de México, llama la atención este último, por el tamaño del padrón electoral, por ser el estado origen del presidente de México, por su relevancia económica y social, por el presupuesto que maneja, por la proximidad de la sucesión presidencial en 2018.
Aún sin conocer el resultado electoral, el PRI habrá perdido; hace apenas seis años, el candidato de PRI ganó con más del 60 por ciento de la votación, ahora más del 60 por ciento lo habrá rechazado. Se vive la consecuencia de no haber aprendido la lección del 2016, esas lecciones a las que refirió Manlio Fabio Beltrones al renunciar como presidente del PRI el año pasado, lecciones no aprendidas ocasionan los mismos o peores resultados.
Los ciudadanos debemos entender que los partidos negocian el estado actual de las cosas, no queda duda, la culpa no la tienen ellos, la tenemos nosotros, no hemos sabido exigir ni crear nuevas ofertas electorales, los partidos políticos son iguales, tienen las mismas prácticas, son los mismos hombres, las mismas familias, los mismos intereses, por ello, la sociedad vive una desilusión política.
El PRI debe reconocer que llegará al 2018 con una desaprobación nunca antes vista de la figura presidencial, del partido y de los gobiernos del PRI, debe reconocer que tiene todo listo para perder, lo peor es que no sólo ellos perderán, también ha perdido y seguirá perdiendo México, no pueden continuar solapando los actos de corrupción en el gobierno, no pueden seguir en la ceguera producto de la soberbia, no pueden seguir definiendo candidatos y titulares de despacho al antojo familiar o de grupo, en caso de que Andrés Manuel López Obrador gane la Presidencia será consecuencia del mal gobierno que percibe la gente. Los que pierden una elección deben asumir su responsabilidad y no culpar a otros, no se vale sembrar miedos para evitar algo que al mismo tiempo causan. Por una vez, aunque sea por una vez, los políticos deben ver por México, abrir sus mentes y asumir el compromiso. México merece mejores gobiernos, el tiempo apremia.
