México y su población
Quizá pocos lo saben, pero, de acuerdo con el Banco Mundial, México es el décimo país más poblado del planeta, sólo superado por China, India, Estados Unidos de América, Indonesia, Brasil, Pakistán, Nigeria, Bangladesh y Rusia. Para el Inegi somos el onceavo país ...
Quizá pocos lo saben, pero, de acuerdo con el Banco Mundial, México es el décimo país más poblado del planeta, sólo superado por China, India, Estados Unidos de América, Indonesia, Brasil, Pakistán, Nigeria, Bangladesh y Rusia. Para el Inegi somos el onceavo país del mundo, con 122.7 millones de habitantes, para el caso es lo mismo, no afecta las conclusiones del presente texto.
La variable de población se encuentra intrínsecamente relacionada con otras variables, como el tamaño de la oferta y demanda de bienes y servicios y el tamaño de la fuerza laboral; por supuesto, incluyen las demandas básicas de la población como son empleo, salud, educación, vivienda, transporte, entre otras.
Hagamos una revisión simple.
Según el Inegi, de la población mexicana, 90.4 millones de habitantes tienen 15 años de edad o más, el resto, 32.3 millones de habitantes, son menores de 15 años, afortunadamente tenemos muchos niños, en otro texto explicaré ello. Podríamos decir que si los 32.3 millones de niños formaran un país, ellos solos se ubicarían en el lugar 40 de los países más poblados, por citar algunos ejemplos, serían más grandes que Grecia, Suiza, Austria, Argentina, Perú, Holanda y Portugal.
Ahora bien, de los 90.4 millones de habitantes mayores de 15 años, sólo 54 millones se encuentran desempeñando un trabajo o una actividad remunerada o están buscando emplearse. Qué pasa entonces con los otros 36.4 millones? Resulta que están estudiando, son amas de casa, están jubilados, pensionados, se encuentran impedidos para trabajar o simplemente no quieren trabajar; en parte, representan capacidad ociosa, me resisto a creer que cuentan con solvencia económica y no necesitan trabajar, la verdad es que no quieren trabajar.
De los que sí trabajan, que son 52.1 millones de habitantes —hay 1.9 millones que quieren trabajar, pero no encuentran empleo—, 29.8 millones están ocupados de manera informal, para explicarlo rápido, no cuentan con los servicios de salud institucional, contrato de trabajo, ahorro para pensión o guardería para sus hijos. El resto, 22.3 millones de habitantes, sí cuenta con esas condiciones, a ellos se les identifica como ocupados formales.
Por otra parte, 32.2 millones de personas perciben ingresos menores a 241 pesos diarios, es decir, el 62% de todos los ocupados. Además, 14.7 millones trabajan más de 48 horas a la semana, aun así, su sueldo no rebasa los tres salarios mínimos promedio.
La edad promedio que tienen esos 52.1 millones es de 39 años, el grado de educación promedio es tercero de secundaria. Para los que se consideran ocupados formales, el grado escolar promedio es tercero de preparatoria, y miren, para quienes se consideran informales, el grado escolar promedio es segundo de secundaria, no obstante, dentro de los informales hay 6.2 millones de personas que lograron terminar preparatoria o licenciatura.
En cuanto a ingresos, el promedio percibido por hora trabajada también es diferente, un empleado formal percibe en promedio 42 pesos por hora, y para un informal, apenas 29 pesos por hora.
Primera conclusión, a mayor educación, más oportunidad de mayor ingreso, aun así, seis de cada diez personas no perciben más de 241 pesos diarios. Si esa cantidad la multiplicamos por dos, suponiendo que trabajan padre y madre, la dividimos entre cuatro integrantes, suponiendo que tienen dos hijos promedio por hogar, el ingreso por persona es menor a 121 pesos diarios; con eso hay que comer, pagar luz, agua, gas, transporte, pagar útiles escolares, curarse, pagar mordidas y, si sobra, ir al cine, pagar internet, celular y salir de vacaciones.
Segunda, el grado escolar de la población es muy bajo y eso no cambiará en menos de diez años.
Tercera, no se han generado los suficientes empleos para ocupar la capacidad ociosa.
Cuarta conclusión, por ahora, el incremento en la productividad del país no vendrá de su población, sino de las nuevas tecnologías y de la innovación. Urge encauzar mejor las políticas públicas para cambiar esta realidad.
