Un mundo sin rumbo
Ante ideas totalitaristas, radicales, que no respetan la dignidad del hombre y la libertad, hay que resistir
Hombres y mujeres, con el único recurso de la tenacidad y el valor, han luchado y vencido a las sangrientas tiranías [...]. El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer.
Ernesto Sábato
Nuestro presente suele ser muchas veces agobiante, desesperante. Hemos estado viviendo crisis de todo tipo. Económica, de salud, de las instituciones, del medio ambiente...
Todos los días escuchamos que estamos ante algún tipo de desequilibrio. De hecho, creo que la crisis más profunda ante la que estamos como humanidad, es la falta de un desarrollo de conciencia de nuestras raíces terrenales y de comprender nuestro destino planetario.
Estamos ante una gran barbarie, producto de la alianza entre las fuerzas virulentas de dominación, violencia y odio que actúan desde el comienzo de la historia humana y las fuerzas modernas tecno-burocráticas, anónimas y heladas de deshumanización y desnaturalización, como lo apunta el gran sociólogo francés Edgar Morin, en su libro Tierra-Patria.
Tanto Morin como Ernesto Sábato coinciden en algo. Ante ideas totalitaristas, radicales, que no respetan la dignidad del hombre y la libertad, hay que resistir.
Nos vemos enfrentados ante las tormentas de maldad, desprecio, indiferencia... azuzadas por seres que buscan generar la división entre hermanos y cuyas mentes oscuras y perversas, sólo esconden en la miopía de su ego estúpido y en la pobreza de su alma, la pueril y vulgar comprensión de su breve existencia terrenal.
Ante esta barbarie, ante la enorme ola de inconsciencia y brutalidad, la necesidad imperativa consiste en resistir al conjunto de aberraciones que escuchamos y vemos casi todos los días.
Pero esto, argumenta Sábato, exige creación. Y ésta sólo surge en la libertad y está estrechamente ligada al sentido de la responsabilidad.
Complemento ese postulado del gran ensayista argentino con un extracto del hermoso poema aparecido en la película Invictus, sobre la vida de Nelson Mandela:
“[...] Le doy gracias a los dioses
Por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias,
no me he estremecido ni gritado. [...]
Más allá de este lugar de rabia y lágrimas,
Se cierne el horror de la sombra.
No obstante la amenaza de los años,
me encuentra y me encontrará sin miedo.
No importa qué tan estrecha sea la puerta,
Qué tan cargado de castigo el pergamino.
Yo soy el amo de mi destino.
Yo soy el capitán de mi alma”.
Dueños de nuestras almas y capitanes de nuestros destinos, somos, sin lugar a dudas. Sin embargo, el ser humano de esta posmodernidad se encuentra encadenado al miedo de confrontarse a sí mismo. Y su libertad más preciosa, la del alma, se encuentra coaccionada y ahogada por una indiferencia bárbara para lanzarse a crear una realidad diferente.
No hemos entendido que el ser humano, sólo se salvará si pone en riesgo su propia vida por el prójimo... paradójicamente.
A pesar de escenarios terribles y desgarradores que puedan cernirse sobre nosotros, la luz de la esperanza se asoma siempre. Hemos aprendido a superar las crisis que nos azotan, con su propia fuerza. Como lo menciona Sábato.
Fundamental, obligatorio y crucial es soñar, imaginar y prospectar un porvenir más justo y sensato. Mozart, Beethoven o cualquier maestro creador de grandes sinfonías, lograba primero imaginarse en su mente las más sublimes notas que un día tocaría la orquesta.
“Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él”, frase memorable de Paulo Coelho. La finalidad de la prospectiva no es adivinar el futuro, no es anticiparlo. Es un desafío que nos convoca a abrir las puertas de lo incierto. Nos invita a generar caminos por los que estamos invitados a transitar.Es asumir que el futuro se abre ante nosotros con múltiples posibilidades, y nosotros podemos ser los constructores de esos nuevos senderos.
