La victoria sobre el resentimiento

Nada en la Tierra consume a un hombre más rápidamente que la pasión del resentimiento. Friedrich Nietzsche En nuestra sociedad, lo normal es sentirnos como sujetos separados uno del otro. La conciencia primaria de la humanidad nos impulsó a vernos como sujetos ...

Nada en la Tierra consume a un hombre más rápidamente que la pasión del resentimiento.

Friedrich Nietzsche

En nuestra sociedad, lo normal es sentirnos como sujetos separados uno del otro. La conciencia primaria de la humanidad nos impulsó a vernos como sujetos distintos, vulnerables y mortales.

Cada quién entiende “su identidad” como algo sumamente personal. La necesidad de autoconservación nos ha llevado a desarrollar necesidades de opresión y represión hacia nuestros semejantes. Muchas veces defendiendo identidades supuestamente “sacras”.

Esa sensación nos puede llevar a entrar en un laberinto tortuoso y lleno de perversidad. Basta voltear un poco a la historia y caeremos en cuenta que las peores masacres y crímenes de la humanidad han estado basados en la defensa de identidades.

Si no han sido los griegos contra los otomanos, han sido los romanos contra los bárbaros. O los cristianos contra los judíos y musulmanes. O los que buscaban crear una identidad aria, contra todo lo que no lo fuera. O los aztecas contra todos los pueblos que rodeaban al imperio y enseguida, la imposición de la cultura judeocristiana a través de los españoles, a las culturas mesoamericanas.

Hoy, en nuestro país y en muchas naciones vemos cómo se impulsa el resentimiento y odio hacia quienes no piensan igual. Estamos de cabeza. La inconsciencia e inconsistencia de nuestras almas se ha instalado en las tribunas y en las canchas. Y va ganando por goleada.

Por ejemplo, en el pasado Mundial de Futbol en Qatar ¿se dieron cuenta cómo convivieron los mexicanos en Qatar? ¿Por qué podemos estar tan unidos por una selección de futbol y no unirnos para construir un proyecto de nación?

Esto me lleva a preguntarme si ¿dejaremos algún día de ser “patrioteros” y lograremos entender lo que verdaderamente significa ser patriotas y abrazar la universalidad de ser mexicanos?

¿Por qué podemos ser tan universales en el Mundial, donde la gente de otros países admira nuestra unidad y solidaridad con nuestra selección y al mismo tiempo, ser tan “poquiteros” en nuestra real concepción de nación?

Pareciera que sólo pisamos tierras aztecas y volvemos a ver con resentimiento y desprecio a aquél que no piensa o se viste como nosotros. Al final, el resentimiento no perjudica a la persona hacia quien dirigimos esos sentimientos. Nos perjudica a nosotros mismos. Es como si nos diésemos un balazo en nuestro propio pie. El resentimiento y el deseo de venganza vuelven miserables a las personas.

San Agustín lo expresó de manera genial: “El resentimiento es como beber veneno y esperar a que la otra persona muera”.

Los mexicanos necesitamos entender que las manifestaciones de división y resentimiento que existen nos perjudican a nosotros mismos. Tenemos que construir una visión que esté más allá de una perspectiva egoísta y cortoplacista.

Creo que algo fundamental para empezar a cambiar nuestro futuro es dejar los resentimientos a un lado y empezar a ser parte de la solución.

Sin embargo, para poder ver una luz al final del túnel, debemos cambiar en lo individual. Y buscar ponernos de acuerdo. Primero, dejar de seguir abriendo grietas entre nosotros, entre empresarios y sindicatos, pobres y ricos o, entre ciudadanos y políticos.

Además de estar viviendo un nacional-surrealismo, hemos entrado a una época llena de maniqueísmo. “Si no estás conmigo, estás contra mi”. Es aberrante y desgastante para todos.

No existe en la vida ni el blanco puro ni el negro absoluto. Debemos de aprender a salir de esa penumbra y buscar una luz digna e inteligente, que nos guíe hacia el plano de la construcción. Y no de la destrucción.

Si no entendemos que el verdadero cambio debe ser el personal, estamos destinados a seguir viviendo esa mentira.

Tenemos que voltear más hacia el sentir. Porque sólo sintiendo, entenderemos al otro. Y debemos dejar de escuchar las razones de un sistema putrefacto, odioso y manipulador.

Creo que un gran ejemplo para los mexicanos se encuentra en un líder que supo unir, que se percató del momento que le tocaría vivir, que, a pesar de injusticias sufridas, supo mirar más allá de las agujetas de sus zapatos.

En algún momento decidió levantar la cara con humildad sincera y orgullo sereno. Supo que se enfrentaba al gran reto de cimentar una nación con base en pilares diferentes a los que habían sostenido con anterioridad a su país.

Esta frase resume magistralmente el camino trascendente que decidió emprender Nelson Mandela: “Al salir por la puerta hacia mi libertad supe que, si no dejaba atrás toda la ira, el odio y el resentimiento, seguiría siendo un prisionero”.

La actitud de ese hombre cambió su destino, el de una nación y el destino del mundo. Mandela logró, sin duda, proclamar una victoria sobre el resentimiento.

La moneda está en el aire, ¿algún día lograremos esa victoria los mexicanos?

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