A prepararse; esto, lejos de mejorar, empeorará
Intentemos un ejercicio muy simple que pretendería no resolver toda pregunta, sino, simplemente, dar elementos sobre lo que podría ser el nivel del PIB este año y también, obligado, de la política para los próximos meses
La prospectiva económica difiere de la prospectiva política en los insumos fundamentales de cada una; en el caso de la primera, los datos duros de un conjunto de indicadores facilitan, en no pocas ocasiones, la elaboración de pronósticos. Si bien el margen de error es una constante que ningún profesional serio deja de lado, los pronósticos son de utilidad que nadie —con al menos dos dedos de frente— se atrevería a despreciar.
Por otra parte, la prospectiva política es harina de otro costal; si bien alguien podría argumentar que ciertos datos duros de la economía y las finanzas públicas serían de gran utilidad, finalmente serían la perspicacia del profesional y su experiencia los dos elementos determinantes para la elaboración de escenarios políticos.
Los grados de dificultad de ambos ejercicios son similares, no obstante las diferencias entre ambos; tratar de elaborar pronósticos, sobre todo cuando se trata del futuro —como nos enseñó Yogi Berra, ese gran filósofo que en sus ratos libres jugaba beisbol—, siempre será difícil. Agregaría yo, que lo fácil en esto de la prospectiva es adivinar el pasado, tal y como suelen hacer no pocos integrantes de nuestra clase política y de manera destacada, en los tiempos que corren, YSQ.
Luego entonces, por encima de las dificultades —algunas insalvables— para pronosticar lo relacionado con la economía mexicana y la actividad política y el ambiente que la rodea, intentemos un ejercicio muy simple que pretendería, no resolver toda pregunta sino simplemente dar elementos sobre lo que podría ser el nivel del PIB este año y también, obligado, de la política para los próximos meses.
La parte fácil de lo planteado en el párrafo anterior es lo relacionado con la economía; la tendencia que se ha fortalecido con los resultados de los tres trimestres más recientes, no deja lugar para el mínimo optimismo. Por encima de las maromas de los que gustan jugar con eso de los vasos medio llenos y/o medio vacíos, la ofensiva y cruda realidad sigue ahí después de darles con ambos vasos en la cabeza. Por otra parte, de hacer falta repetirlo, reafirmo que la mentalidad y visión de la economía de YSQ no cambiará un ápice; no se moverá de la irracionalidad arraigada en él desde los años setenta del siglo pasado.
Lo que mal aprendió —que bien le ha servido para engañar a millones de vividores del gasto público y a no pocos oportunistas que desde una supuesta posición de fuerte contenido social andan a la pepena de algún fémur que roer—, no está dispuesto a dejarlo de lado para modernizar su visión y aceptar, que México y el mundo ya son otros, no los de hace 50 años.
En consecuencia, este año también será malo en términos de crecimiento de la economía, creación de empleo formal y la débil salud de las finanzas públicas. En el mejor de los casos, el PIB rondará la vecindad del 0.5% lo que prefigura, desde ahora, un bienio de desastre para Morena y sus candidatos frente a los electores el año 2021.
En lo político, las cosas lucen más complicadas; la mentalidad excluyente e intolerante de YSQ, lejos de corregirse se profundizará; veremos un manoseo perverso de la legalidad sin recato alguno. El atropello de la ley y las violaciones de la misma serán, para decirlo claro, el pan nuestro de cada día.
¿Reacciones unificadas de los partidos de oposición (PAN, PRI y MC)? Por favor, dejemos las ilusiones y preparémonos para las mezquindades y ¡sálvese quien pueda! Cada quien intentaría salvar su pellejo, y preservar privilegios que consideran sagrados.
Lo difícil de pronosticar escenarios políticos en un ambiente de exclusión e intolerancia y desprecio casi visceral de la ley, se ve reforzado por la sumisión y aguante de millones de mexicanos; de estos, algunos ya aceptaron su error, pero no están dispuestos a manifestarse masivamente.
La otra incógnita sería, desde mi perspectiva, la potencial respuesta del gobierno federal y sus aliados en la CDMX, Puebla, Veracruz, Morelos, Tabasco y Baja California. ¿Darían una respuesta violenta ante las manifestaciones multitudinarias de millones de ciudadanos? Por el contrario, frente a la casi nula protesta de estos, ¿qué harían López y los suyos?
Por último, ¿qué tanto incidirá la carencia de recursos para tanto programa electorero en la conducta de millones de desencantados? ¿Saldrían a la calle a protestar o como siempre, nada harían?
