El primer Rey Mago en llegar

¿Cuál de los tres Reyes Magos llegó primero? Dentro de unas horas, ya en la tarde, se partirán miles de Roscas de Reyes. Cada pedazo será acompañado con su taza de chocolate inseparable. La leyenda cuenta que todo empezó hace dos mil quince años. Apenas brotaba el ...

¿Cuál de los tres Reyes Magos llegó primero?

Dentro de unas horas, ya en la tarde, se partirán miles de Roscas de Reyes. Cada pedazo será acompañado con su taza de chocolate inseparable. La leyenda cuenta que todo empezó hace dos mil quince años. Apenas brotaba el Imperio Romano y los augures vaticinaban el alumbramiento de alguien que transformaría el mundo. Un pesebre común, entre animales de granja, sirvió de nido para albergar al bebé señalado. Raudos y veloces, como Santa Closes, persiguiendo una estrella singular y delatora, arribaron tres monarcas hechiceros a Belén. Cada uno traía un regalo para el futuro rey. Oro, incienso y mirra dieron al nene para honrar sus dones regios, místicos y humanos. El trío real, Melchor, Gaspar y Baltasar, provenía de sitios lejanos, como era ilustre, no llegó a pie. Cada uno, según su tierra natal, montaba la bestia típica. Hoy se menciona que los cuadrúpedos eran un caballo, un camello —craso error— y un elefante. Como Melchor es blanco, cabalga. El caso de Gaspar, el árabe, es especial, porque el animal que montaba no era un camello, sino un dromedario. El primero posee dos jorobas, el segundo una. La imprecisión proviene del inglés seguramente, basta recordar la famosa marca de cigarrillos y contar las gibas del animal que aparece en la cajetilla. Baltasar es negro, por eso va sobre el lomo de un paquidermo. Ese es el principio de la historia milenaria.

Todos sabemos que un acontecimiento viajando de boca en boca muta como olas y vientos marinos veleidosos. Si ésta se transmite mediante varias lenguas, a través de centurias y a lo largo de la geografía, ¿¡qué permanecerá!? En el Evangelio de Mateo no se menciona sobre qué iban los Reyes Magos. Sus nombres pasan inadvertidos. Es más, ni siquiera se contabilizan. Se ha supuesto que eran tres por el número de presentes. Sería de mal gusto asistir sin regalo. Un evangelio apócrifo dice que su arribo fue menos romántico y más ostentoso, puesto que acudieron encabezando sus ejércitos. Para enredar más el asunto, no se asegura que fueran reyes y menos magos. Incluso lo más brillante del relato, la Estrella de Belén, se obscurece mientras los astrónomos investigan el origen del lucero. Hasta hoy, no se tienen pruebas de un evento luminoso de tal magnitud por aquellas fechas.

En medio de este neblumo queda todo a merced de la fe, la subjetividad y la contaminación histórica. Pero algo se puede deducir. Tomemos como cierta la narración del principio. Imaginemos a Melchor, Gaspar y Baltasar montando sus poderosos herbívoros atravesando el Oriente Medio. El caballo es el animal forjador de la epopeya humana. Rápido, ágil, resistente, ha transportado miles de hombres por los cinco continentes. Un equino de montura llega a pesar media tonelada y a medir metro y medio a la cruz. Un espécimen típico de dromedario pesa media tonelada con una altura de dos metros. Resiste el calor y la sequía increíblemente. Soporta 50°C y hasta ocho días sin trago ni comida. Sus pies están adaptados para caminar sobre la arena. El elefante destaca por su tamaño y fuerza impresionantes: ocho toneladas de peso y unos tres metros de altura. Si los motorizamos, Melchor viajaría en un vehículo todo terreno, Gaspar en un tubular para arenas y Baltasar en un tanque. La imagen típica nos los retrata viajando juntos. Imposible. Los caballos no soportan el olor de los dromedarios. Tal es su asco, que salen despavoridos y no hay poder que los controle. Por ello fueron utilizados por los romanos para asustar a las caballerías enemigas. Melchor debió llegar mucho antes que sus compañeros porque su cabalgadura huía del apestoso dromedario que venía detrás.

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