MECI 2016
Las condiciones de hace cien años han cambiado, pero las exigencias de igualdad siguen siendo enteramente pertinentes en el entorno y la realidad actuales.
Hace cien años se celebró el Primer Congreso Feminista de México en el Teatro Peón Contreras de Mérida, donde más de 600 mujeres, con el respaldo del gobierno revolucionario del general Salvador Alvarado, deliberaron y definieron una agenda pionera en favor de la equidad de género y el reconocimiento de sus derechos. El contexto y las condiciones de entonces han cambiado radicalmente, pero las exigencias de igualdad siguen siendo enteramente pertinentes en el entorno y la realidad actuales. Por ello, en el marco de la conmemoración del centenario de aquel congreso, Yucatán ahora es sede, en el mismo maravilloso recinto, del encuentro internacional Mujeres en la Economía del Conocimiento y la Innovación (MECI), con el doble propósito de reconocer la lucha y las reivindicaciones entabladas un siglo atrás, así como de trazar una nueva agenda de género ante los desafíos y las oportunidades de la sociedad y la economía del conocimiento en el siglo XXI.
Entre las reformas promovidas por el gobierno de Yucatán en 1915 y 1916 destacan algunas tan elementales como la obligación de pagar sueldo a las trabajadoras domésticas —no sólo el techo y la comida que, bajo un régimen de esclavitud apenas simulado, aparecían como una graciosa concesión—; el reconocimiento de la mayoría de edad a las mujeres solteras a los 21 años, condición que, si no se habían casado, se les reconocía al cumplir 30; y el establecimiento y acceso de las niñas a la educación pública mixta. El general Alvarado convocó al Congreso Feminista, nombrando para encabezar el comité organizador a la maestra Consuelo Zavala, con la formulación de una serie de cuestiones que ilustran el sentido revolucionario de la iniciativa:
“¿Cuáles son los medios sociales que deben emplearse para manumitir (liberar) a las mujeres del yugo de las tradiciones? ¿Cuál es el papel que corresponde a la Escuela Primaria en la reivindicación femenina, ya que aquélla tiene por finalidad preparar para la vida? ¿Cuáles son las artes y ocupaciones que debe fomentar y sostener el Estado, y cuya tendencia sea preparar a la mujer para la vida intensa del progreso? ¿Cuáles son las funciones públicas que puede y debe desempeñar la mujer a fin de que no solamente sea elemento dirigido, sino también dirigente de la sociedad?”
Los resultados no fueron tan significativos debido a las férreas resistencias de los segmentos más conservadores de la sociedad yucateca; pero lo cierto es que el congreso marcó un hito en México, saludado con beneplácito por organizaciones de mujeres de distintos países. Cien años después persisten, desde luego, condiciones de desigualdad, discriminación y violencia física y emocional contra las mujeres que, en los hechos, anulan o restringen sus derechos fundamentales; continuar la lucha para reivindicarlos es un reto obligado en una democracia constitucional. Pero a la par de los derechos fundamentales, también es necesario promover otros derechos para la plena inserción de las mujeres en los procesos creativos y productivos de nuestro tiempo, a través de su acceso equitativo a la economía del conocimiento: educación de calidad, ciencia y tecnología, invención e innovación y, para cerrar el círculo virtuoso, mayor agregación de valor, competitividad y remuneración en sus actividades laborales y empresariales. De esto se trata, en buena medida, el encuentro internacional MECI 2016 —donde estoy ahora—, impulsado por el Gobierno de la República, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Instituto Nacional de las Mujeres, el gobierno de Yucatán y ONU Mujeres, cuyo fin es plantear, debatir y formular propuestas para la elaboración de una nueva agenda de reformas y políticas públicas sobre el papel, los retos y las responsabilidades de las mujeres en el siglo XXI.
