La fama de Diego Rivera Navarro era bien conocida, al menos desde 2021. Pero a Morena y al oficialismo nunca les importó la gravedad de los señalamientos y acusaciones que se acumulaban en su contra. “Cuando era candidato de Morena a regidor en Tequila, en 2021, lo denunciamos porque trató de levantar a nuestro compañero Guillermo Cordero”, me dijo ayer el líder del PAN en Jalisco, Pablo Colín. Tres años después —en 2024— Diego Rivera enfrentó a Cordero, esta vez por la alcaldía. Fue una contienda marcada por huellas del apoyo de grupos criminales a su favor. Ganó por unos cuantos votos.
Morena celebró sin reparar en los cómos. Por eso ahora que el gobierno de la presidenta Sheinbaum y la FGR lo capturaron y mandaron al penal del Altiplano es elemental preguntar: ¿nadie sabía quién era?, ¿nadie escuchó los testimonios que lo vinculaban al Cártel Jalisco? En los 16 meses que gobernó Tequila sembró terror, extorsionó, se apropió indebidamente de espacios públicos. ¿De verdad no sabía quién era Diego Rivera la dirigencia de Morena en Jalisco? ¿Tampoco lo supo en 2024 el presidente nacional del partido, Mario Delgado? Su caída documenta como pocas el nexo de los criminales con el oficialismo.
De candidatos impulsados pese a las evidencias. O, quizá, de candidatos impulsados gracias a las evidencias de servir a los criminales.
