Las drogas en el México del siglo XXI

El discurso moral persiste, pero detrás de la prohibición ahora figuran con mucha más fuerza los grandes intereses económicos de poderosas industrias legales.

El prohibicionismo ha sido, durante más de un siglo, el eje rector de un sistema normativo internacional impuesto sobre las drogas clasificadas como ilegales. Impulsado originalmente por el conservadurismo norteamericano de finales del siglo XIX y principios del XX, a través de la traducción de valores de orden moral en disposiciones jurídicas, en pocas décadas se extendió a casi todo el mundo con la pretensión de hacer distinciones y juicios universales, con efectos punitivos, entre el bien y el mal. Así, la ancestral diversidad de prácticas y usos de estupefacientes y sustancias sicotrópicas en diferentes épocas, culturas y sociedades —con fines medicinales, rituales y recreativos—, fue borrada de la faz de la tierra entre 1875 y 1961, mediante la formación de un entramado normativo inquisitorial que, actualmente, obliga a 188 países a tipificar y combatir como delitos el cultivo, la comercialización y el consumo de las drogas metidas en la bolsa de la ilegalidad. El discurso moral persiste, pero detrás de la prohibición ahora figuran con mucha más fuerza los grandes intereses económicos de poderosas industrias legales, como la farmacéutica y la armamentística, además de infinidad de negocios ligados al lavado del dinero proveniente del narcotráfico.  

A seis meses de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre las Drogas (abril de 2016), y cuando en México la Corte ha abierto con seriedad e inteligencia el debate sobre la constitucionalidad del cultivo y del consumo de la mariguana en un contexto de violencia y ruptura del tejido social, cada vez adquiere mayor pertinencia y relevancia someter a revisión y discusión el prohibicionismo. ¿Qué ha significado y qué efectos ha producido? ¿Cuáles han sido sus resultados? ¿A quiénes beneficia y a quiénes perjudica? ¿Qué posición debe fijar y promover México?

A propósito de estas cuestiones cruciales para el futuro del país, el pasado 13 de octubre fue entregado el premio “Dr. Marcos Kaplan 2015 a la mejor tesis doctoral en Derecho y Ciencias Sociales” en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. El trabajo premiado, bajo el título Las drogas en el México del siglo XXI: prohibición, resultados y alternativas, fue otorgado a Jorge Carlos Díaz Cuervo, en virtud del carácter multidisciplinario de su investigación y de sus contribuciones para plantear alternativas sustentadas que, desde las perspectivas de la salud, el bienestar social, los derechos de las personas y la seguridad pública, superen un sistema que no sólo ha fracasado en su propósito de erradicar el consumo de drogas ilegales, sino ha generado costos humanos, sociales, económicos e institucionales muy superiores a los valores que supuestamente tutela.

A partir de una sólida y reveladora revisión de las raíces y la evolución del prohibicionismo, la tesis demuestra su rotundo fracaso ante la exigencia de garantizar el abasto mundial de estupefacientes para fines de salud —cuya producción, transformación y comercialización constituyen un monopolio legal de la industria farmacéutica, avalado por la ONU—, así como lo que esta práctica masiva de exclusión social y la lucha armada contra el tráfico de drogas ilegales han implicado en materia de derechos humanos. Lejos de una apología de las drogas, Díaz Cuervo inscribe el debate sobre su producción, comercialización y consumo en los ámbitos del derecho a la salud y de las libertades individuales, una condición hoy a todas luces indispensable para empezar a romper el gran círculo vicioso de simulación, negocios, corrupción, violencia y adicciones crecientes que, ni prevenidas ni tratadas debidamente, son la expresión más escandalosa del fracaso histórico del prohibicionismo.   

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