Qué flojera, comparecen los secretarios

Si bien es cierto que, por ley, los diputados tienen que calendarizar la comparecencia de los funcionarios de la administración en turno, luego de que su titular presentó su Informe Anual de Gobierno, es hasta ocioso que los actuales secretarios tengan que ir a ...

Adrián Rueda

Adrián Rueda

Capital político

Si bien es cierto que, por ley, los diputados tienen que calendarizar la comparecencia de los funcionarios de la administración en turno, luego de que su titular presentó su Informe Anual de Gobierno, es hasta ocioso que los actuales secretarios tengan que ir a Donceles.

La primera razón es que, digan lo que digan, a nadie le interesa ya, pues son auténticos muertos vivientes que sólo están en espera de que les den los santos óleos.

La segunda es que, en realidad, no hay mucho que informar, pues el tema central se lo llevó la tragedia de los sismos de septiembre de 2017, y todo el mundo tiene claro que el gobierno que se va quedó a deber.

Entre que se hizo bolas con la reconstrucción y que todo el mundo andaba más metido en la grilla por las candidaturas, los titulares de las dependencias llevan prácticamente un año sin poder moverse mucho.

Los que no buscaron ser candidatos a algún puesto de elección popular tenían que replegarse a cualquiera de los precandidatos de su partido a la jefatura de Gobierno, pues hay que recordar que desde el año pasado arrancaron las internas.

En el arrancadero estaban Alejandra Barrales, Armando Ahued y Salomón Chertorivski, lo cual dividió al gabinete capitalino, ya que nadie sabía a ciencia cierta hacia dónde se inclinaría la candidatura y no querían quedar mal con quien ganara.

Luego de la decisión perredista de que fuera Alejandra, vino la presión de quienes aseguraban que Claudia Sheinbaum obtendría el triunfo y que estaría muy pendiente de los movimientos de cada uno para ajustar cuentas en caso de ser necesario.

Para terminar de afianzar su parálisis, desde arriba se decidió que José Ramón Amieva se hiciera cargo de la administración que dejó inconclusa Miguel Ángel Mancera para irse de senador.

Y apenas se conocieron los resultados de la elección vino un impase entre el gobierno formal, que encabeza Amieva pero que tiró la toalla y se negó a ejercer, y el virtual de Claudia Sheinbaum, que ya quiere tomar decisiones, pero aún no asume. En síntesis, el último año ha sido un tiempo muerto para el Gobierno de la CDMX y no hay nada qué precisar en el desglose del informe por la sencilla razón de que nada se hizo.

Seguramente los secretarios que vayan sólo servirán de sparrings a los nuevos diputados, para que se vayan entrenando y estén listos cuando vengan las verdaderas comparecencias. Qué ganarían con culpar de tal o cual cosa a secretario alguno si está claro que, precisamente por malos, la gente ya no votó por ellos y, sobre todo, que ya no tienen tiempo de corregir absolutamente nada.

Por eso es ocioso que los diputados ocupen tres semanas y desahoguen las comparecencias alrededor de dos semanas antes de que los comparecientes tengan que agarrar sus tiliches y dejar la oficina. Lo lógico es que hubieran abreviado esas comparecencias para centrarse en los temas que tienen que ver con la Constitución de la CDMX y con el nuevo gobierno, que no tarda nada en llegar.

CENTAVITOS… Tras varios dimes y diretes, esta mañana se consuma el relevo en la oficina de Comunicación Social de la Cámara de Diputados, donde Porfirio Muñoz Ledo impuso a gente ligada a la TV, en sustitución del equipo que durante dos legislaturas encabezó el tamaulipeco Óscar Argüelles. Entre los que entregarán su oficina está el zacatecano Juan Antonio Valtierra, quien, dicen, aprovechará para concluir su maestría en periodismo político y dar forma a una consultoría en comunicación, que es a lo que ha dedicado buena parte de su vida. Parece que el cambio llega en buen momento.

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