Jorge D’Alessio y Marichelo ocultan los motivos, pero no su dolor

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos sean, mis sensuales fama lovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y analizamos a los famosos en todas las posiciones.

Las palabras son sólo una idea hasta que significan algo en nuestra vida. Amor para mí era falacia hasta que me flechó Cupido. Tragedia para mí era improbable hasta que enterré a un hermano. Fe para mí era opcional hasta que me volví mamá.

Es de esperarse que una palabra como divorcio signifique escándalo para unos, liberación para otros y civilidad para muy pocos. Muy seguido en De primera mano bromeamos con mis divorcios; la verdad es que sólo llevo uno y aún recuerdo el dolor de renunciar a un plan de vida que creí sería para siempre. La verdad es que irme esa tarde de ese departamento en Polanco cargando nada más que mis trapitos fue una de las determinaciones que más le agradezco a la Addis del pasado.

Si ustedes ya han vivido un divorcio, seguramente tienen, como yo, su muy particular idea de esa palabra. A mí, por ejemplo, se me hace muy extraña esta modita que se traen entre famosos de divorciarse “desde el amor”. De pronto, y al mismo tiempo, suben en sus redes sociales una imagen de ellos abrazados con un texto muy estilo ChatGPT, donde anuncian que son maravillosos, que “muy rico y todo”, pero que tenían meses separados sin que nos la oliéramos, advirtiendo que los motivos son de común acuerdo desde el gran amor que se tienen. O sea, la imagen nos dice: “portada del 14 de febrero” y el texto nos dice: “cuento de Cachirulo”.

Si una expareja tiene el estómago para viajar en familia por el bien de los hijos, de corazón yo les aplaudo de pie. Creo que por los hijos hacemos lo impensable, pero si se divorciaron, no me salgan con que fue “desde el amor”; uno se divorcia desde el hartazgo, la infidelidad, la dignidad, el desamor, la decepción, el aburrimiento, el coraje o la monotonía, como canta Shakira. Es más, uno se divorcia desde el amor propio, pero no desde el amor.

En mis ya 25 años cubriendo espectáculos, los he visto caminar al altar para luego correr a los juzgados; jurarse amor eterno y después decirse sus verdades en conferencia de prensa. Mi amada Lupita D’Alessio cada que se divorciaba despepitaba sabroso contra el exdueño de sus quincenas. Tatiana, aun puérpera, brincó una barda llevándose a sus hijos muy lejos de Andrés Puentes. Geraldine Bazán mostró sus dotes de detective para que Gabriel Soto no se fuera de casa sin el estómago revuelto. Robyn Moore no dejó a Mel Gibson hasta que obtuvo 425 millones de dólares. Cecilia Galliano peleó por tres años una camioneta a Sebastián Rulli, y lo que Graciela

Fernández no dijo cuando Roberto Gómez Bolaños la dejó por su compañera de trabajo, lo expusieron sus hijos en la docuserie Sin querer queriendo. Total, que cuando se trata de divorcios, la civilidad da sospechas y la sinceridad da portadas.

Ahora, Jorge D’Alessio y Marichelo protagonizan las notas “de ocho”. Ellos son congruentes. Aunque los motivos sigan siendo un misterio, ambos se muestran desencajados, hablando desde ese lugar horrible del que se vuelve solo. Quienes ya venimos de allá sabemos que duele, y el camino de regreso está inundado de recuerdos y planes rotos. Tal vez uno de ellos algún día revele qué pasó. Tal vez, como dicen, callen por el bien de sus hijos. Lo que sí creo es que, si para la prensa la palabra divorcio es noticia, para ellos, en estos momentos, esas tres sílabas significan más. Mucho más.