Tropezar con la misma piedra
Este año se cumplen dos aniversarios que nunca deberíamos olvidar. El cincuentenario de la decisión de la farmacéutica Grünenthal de sacar del mercado la talidomida, un medicamento popular a finales de 1950, para combatir las náuseas asociadas al embarazo. Lo hizo ...
Este año se cumplen dos aniversarios que nunca deberíamos olvidar. El cincuentenario de la decisión de la farmacéutica Grünenthal de sacar del mercado la talidomida, un medicamento popular a finales de 1950, para combatir las náuseas asociadas al embarazo. Lo hizo renuentemente y sin reconocer el daño causado a, por lo menos, diez mil personas en el mundo, que nacieron con severos daños en sus extremidades (https://bit.ly/VictimasTalidomidaChile). Tuvieron que pasar 50 años para que Grünenthal expresara algo parecido a una disculpa.
También se cumplen 30 años de la quiebra de la empresa estadunidense Johns Manville. La JM, como se le conoce en el mundo de la construcción, durante décadas fue la más importante manufacturera de productos de asbesto. Era propietaria de la más importante red de minas de asbesto en el mundo. A diferencia de Grünenthal y la talidomida, la historia de JM y el asbesto es una de extraordinarias ganancias durante más de 40 años, así como de una quiebra espectacular, debido a la avalancha de demandas por desarrollo del mesotelioma, un cáncer que ataca a los pulmones, a causa de la exposición al polvo del asbesto.
Tanto Grünenthal como JM negaron los efectos negativos de sus productos y ambas hicieron todo lo posible por desestimar las críticas e incluso generaron estudios para justificar su deseo de vender más talidomida o más productos de asbesto. La evidencia contra Grünenthal fue abrumadora y determinó que el producto sólo se vendiera durante cinco años. En el caso de la Johns Manville los casos fueron tantos, que todavía hay juicios pendientes de resolución en tribunales de Estados Unidos, Canadá y otras naciones.
Tristemente, los humanos —dicen algunos refranes— somos los únicos seres que tropezamos dos o más veces con la misma piedra. La piedra ya no es el asbesto ni la talidomida. El nuevo símbolo ahora es el maíz transgénico. Empero, también creció el sentido crítico y la capacidad de organización de la sociedad civil, como universidades, centros de investigación, organizaciones sociales, que asumen un protagonismo fecundo. En Francia, por ejemplo, los ministerios de salud, agricultura y ecología (https://bit.ly/maizGobFrances) reaccionaron de manera fulminante ante la publicación de un estudio sobre los efectos que tiene el consumo de maíz transgénico sobre ratas de laboratorio (https://bit.ly/EstudioMaizCaen), dado a conocer el 19 de septiembre de este año.
Las fotografías de los animales alimentados con este producto (https://bit.ly/fotosratasfrancia) se encuentran fácilmente en internet. Las conclusiones detonaron un fuerte debate, pues señalan que podría ser el inicio de una situación que, si no se actuará de manera prudente, sería tan o más grave que la de la talidomida en 1950 y 1960, y de proporciones similares a la epidemia de mesotelioma que todavía se vive en el noreste de Estados Unidos y el sur y sureste de Canadá.
Hay muchas empresas con demasiados intereses en promover variedades transgénicas del maíz, capaces de producir más etanol, y eso está, también, en el núcleo de muchos de nuestros problemas alimentarios.
La decisión del gobierno francés, que no es un productor clave en el mercado del maíz, debería ser un llamado de atención para nuestras autoridades, así como para quienes en EU insisten en ver en el maíz al sustituto del petróleo. Algo tendríamos que haber aprendido de tragedias como las del asbesto y la talidomida, ¿o no?
*Analista
