Dos modelos, un país
- Sólo los muy rudimentarios creen que hay política económica de izquierda y derecha. Sólo existen políticas correctas e incorrectas.
En poco más de una semana los mexicanos asistiremos a votar entre dos visiones diametralmente diferentes. De la decisión de la mayoría dependerá no sólo el presente sino el futuro de las próximas generaciones.
Evidentemente, ninguno de los candidatos del mundo puede resolver, con sólo tomar posesión, todos los problemas de un país. Tampoco durante toda una gestión, así que se tiene que elegir un camino que va más allá de seis años. Una ruta en la que resulta sumamente fácil perderse y es excesivamente complicado regresar al camino adecuado y, mucho más allá, implica cuatro o cinco veces más esfuerzo.
Un mal gobierno es suficiente para destruir lo que construye un país durante décadas. Bastaría ver el ejemplo de España, donde el populismo destruyó años de política económica adecuada.
Salvo los muy rudimentarios creen que hay política económica de izquierda y derecha. Etiquetas que corresponden al siglo XIX o, en el mejor de los casos, de los tiempos de la Guerra Fría.
En economía sólo existen políticas correctas e incorrectas. Los populistas pueden estar en cualquiera de los dos lados de la moneda. Son aquellos quienes gastan más de lo que se tiene; que creen en soluciones mágicas o que su simple nombre logrará el renacimiento de un país.
Son aquellos quienes creen que se puede vivir por encima de las posibilidades reales. Que los privilegios de unos cuantos (el pueblo, cuando es un sector de él) son necesarios para el desarrollo de una nación y hay que quitarles a los que tienen para darle a los demás en lugar de hacer el pastel más grande.
Correctos
El modelo económico que ofrecen Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez es, sin lugar a dudas, el correcto. Los dos hablan de crecimiento económico y prosperidad con base en finanzas públicas sanas; gastando lo que se tiene y generando competencia. No debe olvidarse que en los modelos populistas y de economía cerrada lo único que se genera es incompetencia.
Ambos candidatos ofrecen un México competitivo, próspero en el que el trabajo de las personas sea adecuadamente remunerado y que la prosperidad sea un factor común. Establecen, con claridad, no sólo mantener un paso que es indiscutiblemente correcto sino acentuarlo.
En sus ofertas para los votantes establecen la continuidad de reformas estructurales como la laboral y hacendaria a favor de los mexicanos. No pretenden quitarle a unos para darle a otros. Ninguno de los dos cree en la división social, en lo que algunos llaman la lucha de clases, pues creen en un país incluyente y de libertades. Ambos candidatos saben que se debe evitar el sobreendeudamiento, la inflación y el desorden financiero.
Incorrecto
La oferta de Andrés Manuel López Obrador es equivocada. Ha dejado claro que no cree en las instituciones ni en el respeto a la ley, cree que sus seguidores encarnan totalmente al pueblo y que, por lo tanto, debe seguir sus dictados.
Quienes lo cuestionan o no comparten sus planteamientos no son pueblo (no se sabe qué son. En Cuba les llaman enemigos del pueblo o de la Revolución), están vendidos, responden a intereses de los de arriba, los que oprimen al pueblo.
Los planteamientos económicos de AMLO están equivocados. No sólo no pueden lograrse los ahorros que ofrece sino que sus propuestas van en contra del desarrollo de las empresas y, por lo tanto, de la generación de impuestos. Esto deriva en caída de los ingresos del gobierno que los sustituye por deuda, que cuando se sale de control genera desplome económico y en los niveles de bienestar a la población.
Peor aún, tiene aceleradores como decir que bajaría por decreto precios y tarifas del sector público como son los energéticos. Aun cuando se refinara mayor cantidad de gasolina en México (imposible en el corto plazo) no hay una garantía de que el precio fuera menor y, por lo tanto, que disminuyera el nivel de subsidio.
Pretextos
Evidentemente, como lo hacen los populistas, culpará a las fuerzas antidemocráticas y quién sabe qué otros fantasmas para no reconocer la equivocada estrategia.
La oferta de AMLO implica, sin duda, pérdida de las libertades, comenzando por la de expresión. Después la de empresa pues vienen las fijaciones arbitrarias de precios y tasas de interés. De ahí a las estatizaciones. La oferta del candidato de las izquierdas, como las de los populistas, terminan en devaluaciones, crisis y problemas. Si por alguna razón se diera una bonanza económica se desperdiciaría en ridículos programas de subsidios.
Ahí está el ejemplo de Argentina. Cristina Fernández (junto con Hugo Chávez, un icono del populismo de AMLO) desperdició la bonanza de exportaciones agrícolas a China, que le permitieron tener un crecimiento espectacular, con programas de subsidios que van mucho más allá de lo sostenible.
Ante la caída de los ingresos, la populista argentina ha comenzado a estatizar empresas como YPF. Crear fantasmas como el absurdo intento de recuperar las islas Falkland a pesar de que quienes viven ahí han señalado una y otra vez que desean seguir siendo parte de Gran Bretaña. Así como inventar guerras.
Decisión
Los mexicanos vamos a decidir en unos días más sobre dos modelos económicos diametralmente diferentes. No se requiere tener maestría en economía sino simple sentido común para saber que Peña Nieto y Vázquez Mota están del lado correcto y que López Obrador es un enemigo del bienestar familiar.
