La docena trágica
Que Vázquez o Peña ganen la elección debe ser visto como una tranquilidad.
Uno de los primeros periodistas financieros de México y ahora legislador de Acción Nacional, Luis Enrique Mercado, suele decir que los periodistas financieros deberíamos tener altares a José López Portillo y Luis Echeverría.
Argumenta que, antes de ellos, el periodismo financiero era muy aburrido puesto que durante muchísimos años la economía crecía a 4% en promedio, la inflación estaba por abajo de 4%; los aumentos salariales se daban cada dos años y el tipo de cambio se mantuvo durante muchísimos años en 12.50 por dólar. A duras penas estas secciones ocupaban un espacio menor a una página dentro de los diarios.
Sin embargo, la llegada de los dos presidentes iconos del populismo y estatismo (que ve con tanta nostalgia Andrés Manuel López Obrador) cambió todo para desgracia de la inmensa mayoría de los mexicanos.
La broma sería un buen recuerdo si no es que el candidato de las izquierdas ofrece volver a estos tiempos. De verdad para estar muy preocupados ante la posibilidad de que este hombre llegue al gobierno.
Genocidio
Durante estos gobiernos no sólo se conoció lo que eran las inflaciones desbordadas, el endeudamiento irresponsable, el gobierno que no sólo se sentía mejor que los patrones sino que los persiguió y dañó. Las devaluaciones que durante muchos años hicieron temer a los mexicanos la llegada de la Semana Santa porque el gobierno usaba ese feriado para “ajustar” el tipo de cambio.
Gracias a estos hombres muchas generaciones conocieron gasolinazos de verdad, los cuales superaban 20 y 30% y había varios al año. La escasez de productos básicos y el condicionamiento en su venta. Aparecieron los reetiquetadores de precios y los precios controlados que tanto dañaron a la economía.
El final de esta época fue la estatización bancaria. Cuando López Portillo tomó esa decisión que resume la visión de los populistas de la vida, Banamex era cinco veces más grande que el mayor de los bancos españoles. A la vuelta de los años, la proporción cambió radicalmente.
Más allá, durante este tiempo prácticamente desaparecieron los créditos a las personas y a las empresas.
Curiosamente el candidato del viejo PRI dijo que su presidente favorito de Estados Unidos era Franklin D. Roosvelt. Cree que en México en condiciones diametralmente diferentes, podría aplicar el llamado New Deal.
50 kilos
Andrés Manuel López Obrador mostró su verdadero corazón e intenciones para México durante el debate en el que, para que no quedara duda, dejó claro que para él la culpa de todos los males fue la llegada de los neoliberales al gobierno desde el gobierno de Miguel de la Madrid.
Las cuentas simplemente no le salen. Dice que bajando el sueldo a los altos mandos se podrían ahorrar 300 mil millones de pesos. Ayer mismo el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, dijo que la nómina total del gobierno es de 264 mil millones de pesos, es decir, ni corriendo a todos burócratas sin liquidación se generaría este ahorro.
La pueril respuesta de López ante las críticas que desde el mismo domingo hizo el presidente, Felipe Calderón, fue decir que ahorró mucho dinero cuando fue jefe de Gobierno al no salir de viaje fuera del país ni permitir que sus secretarios lo hicieran. Es ridículo este pensamiento: ¿Si es Presidente ni él ni sus secretarios irán a ningún viaje internacional? ¿Ni a Cuba, Venezuela o Argentina? Es de risa loca.
Además, algunos de sus funcionarios sí viajaban muy seguido. Gustavo Ponce era un habitual en Las Vegas hasta que fue detenido porque a los propios casinos les llamó la atención su escandalosa manera de apostar.
Pero ahí no paró. Trató de demostrar la caída en los niveles de vida de los mexicanos diciendo que en 1983 el salario mínimo alcanzaba para comprar 50 kilos de tortillas y ahora sólo para cinco kilos.
Lo que no dijo el candidato de la nostalgia populista, es que en 1980 casi 38% de la población ganaba un salario mínimo. Para 2010 poco más de 9% de la población gana un salario mínimo o menos. El porcentaje que gana más de tres salarios mínimos pasó durante ese lapso de 8.4% de la población a 36 por ciento.
Tampoco señala que durante aquel tiempo, la tortilla se encontraba subsidiada y, como se trataba de un subsidio generalizado, se beneficia a los más ricos. Nada más extrapole: hoy un kilo de tortilla cuesta 11 pesos y en un restaurante como VIP’s unos chilaquiles se venden en 85 pesos.
Hacer la comparación con el precio de las tortillas es una barbaridad económica típica de los grupos de AMLO, puesto que no sólo no considera las diferencias económicas sino el porcentaje de consumo y los hábitos alimenticios.
La propuesta económica del candidato de las izquierdas, puntualizada este fin de semana, sólo confirma lo que hemos dicho durante mucho más de seis años: López Obrador es un peligro para México.
Razonables
La posibilidad de que Josefina Vázquez Mota o Enrique Peña Nieto ganen la elección presidencial debe ser vista como una tranquilidad para la economía, pues los dos principales candidatos coinciden en las políticas correctas que garantizan mejores niveles de vida para la población.
Poco después de que el gobierno de España solicitó un crédito por 100 mil millones de euros, su presidente reiteró dos puntos que también son aplicables para México. Señaló que no puede seguirse teniendo prestaciones que no tienen modo de financiamiento y es necesario tener una banca muy sólida.
Hay quienes se dicen antipeña o antivázquez, quienes por esta fobia están pensando dar su voto a López Obrador. Cometerían un error histórico, ya que sin darse cuenta, van en contra de sus propias familias.
