Perder el futuro
Equivocados, los jóvenes que se están uniendo a movimientos como #YoSoy132 están trabajando en contra de su futuro, puesto que tienen los ojos en el pasado. Uno de los oradores, que ya no era estudiante y difícilmente entraba en la categoría de joven, habló de que en ...
Equivocados, los jóvenes que se están uniendo a movimientos como #YoSoy132 están trabajando en contra de su futuro, puesto que tienen los ojos en el pasado.
Uno de los oradores, que ya no era estudiante y difícilmente entraba en la categoría de joven, habló de que en su movimiento ardía la llama del 68; otros más se autocalifican como miembros de la primavera de México o, por lo menos, se ponen máscaras como si fueran indignados.
Hablan de un México que ya no existe, puesto que el país es diametralmente diferente al que era en 1968 y no tiene nada parecido con Egipto. Vamos, ni siquiera atravesamos una crisis financiera como la de Estados Unidos o España.
Sin embargo, como todos estos movimientos, que supuestamente aparecen de manera espontánea, tienen dos componentes: muchos jóvenes de buena fe (como en su momento los hubo en las Juventudes Hitlerianas) quienes quieren convertir su entrada a la edad adulta en una lucha para romper con todo lo establecido, y otros quienes manipulan el movimiento a favor de Andrés Manuel López Obrador.
Sería bueno que, en lugar de establecer comités de lucha tipo CGH o del SME, dejaran de ver la vida por un espejo retrovisor que les ofrece una visión muy distorsionada de la realidad: hoy México es un país democrático en el cual todas las expresiones son escuchadas.
Ellos caminan por la frontera de la intolerancia. Están obcecados a que el próximo debate se transmita en cadena nacional, a pesar de que Televisa, Televisión Azteca, Cadenatres y la televisión permisionada lo transmitirá en sus canales estelares.
No hay nada más antidemocrático, especialmente para los que menos tienen, que una cadena nacional. Los más ricos tienen televisión de paga.
Grupos como éstos ocupan diariamente las primeras planas de los periódicos y espacios relevantes en los medios de comunicación (hasta en el maldito duopolio que tanto odian). Vamos, expresiones como éstas hubieran sido reprimidas y castigadas en los tiempos en que Manuel Bartlett, ahora cercano entre los cercanos a López Obrador, era secretario de Gobernación y, según la izquierda tradicional, le robó las elecciones a Cuauhtémoc Cárdenas.
Populismo
Las ganas de cambiar el mundo son un pasto fértil para los populistas. Ellos quieren oír un discurso revolucionario y los populistas se los dan. Les hablan de un México que no existe y ellos lo creen. Hay un dicho que dice que el que no es socialista a los 20 años es un estúpido, pero quien lo sigue siendo a los 30 es más estúpido.
Los seguidores de AMLO, con gran experiencia en la manipulación de jóvenes y pobres, han capturado al movimiento y están haciendo crecer un peligro muy grave para el país: que este hombre llegue a la Presidencia de la República.
Tristemente para sus fiebres revolucionarias, con el sacrificio y esfuerzo de muchos mexicanos México no sólo es un país democrático en el que sólo un puñado de chiflados y otros malintencionados creen en fraudes electorales, complots de los de arriba y demás; sino que también se ha construido la estabilidad económica.
Hablar de mantener las finanzas públicas sanas, no gastar más de lo que se tiene, mantener el control de las principales variables macroeconómicas no es popular, sexy o se convertiría en un trending topic.
Sin embargo, es fundamental para vivir en el México con perspectivas que hoy tiene.
Después del irresponsable populismo que se vivió durante los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo (prácticamente idéntico al que ofrece AMLO) el país comenzó a caminar en lo económico y con pies mucho más que tambaleantes a partir de la década de los noventa con todo y el imperdonable conocido como el error de diciembre.
No fue sino hasta el gobierno de Ernesto Zedillo (el primero que no tuvo un Congreso de su partido) sino hasta que se tomaron las riendas de la economía y a partir de ahí desaparecieron males endémicos del país como la impagable deuda externa; el descontrolado gasto público; así como un populismo campante que sólo generó inflación y pobreza.
Los gobiernos populistas de México trajeron pobreza y desesperación. Inflaciones que superaban 150% y caídas espectaculares en los niveles de vida. Durante esos periodos los mexicanos no sólo supieron lo que era el control de precios sino la escasez, las ventas etiquetadas.
En esos tiempos sí se vivían los verdaderos gasolinazos que de un momento a otro aumentaban el precio de los combustibles en tramos de 20 o 30 por ciento. Había varios de esos al año. Ahora en todo un año el aumento ronda cuatro por ciento.
Hablar de créditos hipotecarios o de consumo era punto menos que una utopía, puesto que no había créditos o la inflación los convertía en impagables. Vamos, después de la estatización bancaria las tarjetas de crédito perdieron validez internacional.
Hoy es posible tener un crédito hipotecario o uno automotriz con pocos requisitos y con tasas de interés verdaderamente bajas que rondan, según el banco, 10 por ciento. En aquellos años los pocos créditos que había superaban 100% de tasa de interés.
AMLO
La oferta económica de AMLO es total y absolutamente populista, algo así como una mezcla de Echeverría y López Portillo (quienes debieron ser juzgados por genocidio económico) con Hugo Chávez y Evo Morales.
Si López Obrador llegara al gobierno no necesitaría un sexenio completo para destruir lo que se ha ganado en México. El populismo es como las drogas para los incautos, parecen muy buenas y atractivas, pero terminan destruyendo a quienes las consumen y a los que están cerca de ellos.
Es una lástima que un grupo de los jóvenes mexicanos estén trabajando para destruir su futuro.
