La participación ciudadana
Necesitamos educarnos desde la niñez para tomar parte en la vida pública.
¿Qué ha faltado en las innumerables reformas que hemos acordado en México en los últimos 20 años?
Es difícil encontrar una única causa de los problemas que nos afectan. Cada quien seguramente tendrá un punto de vista acerca de qué reforma ha sido postergada y cuál ha sido el efecto de ese rezago. En lo que casi todos podríamos estar de acuerdo es en que a México le urge una sociedad civil más participativa, protagónica y no espectadora. Es más, necesitamos pasar de conglomerado de individuos que forman masas, a ciudadanos que forman sociedades corresponsables, críticas proactivas, no sólo en los asuntos de gobierno, sino en general.
Y no es que los mexicanos seamos más egoístas o menos participativos que los habitantes de otros países. Tampoco es que todos seamos flojos o irresponsables. Es que, durante muchos años, las estructuras del Estado fueron diseñadas para desalentar la participación autónoma y responsable de los ciudadanos. Los que “sí sabían”, indicaban qué hacer.
Por ello, una de las mejores noticias de la actual campaña presidencial fue que se convocara a la celebración de la Primera Cumbre Ciudadana. Allí, muchas organizaciones civiles lograron reunirse con los candidatos a fin de escuchar sus propuestas para resolver los problemas que nos aquejan.
De lo que cada uno de los candidatos a la Presidencia de la República dijeron en el encuentro celebrado en el Palacio de Minería es posible tener una idea muy clara de cómo esperan enfrentar nuestros problemas. Creo que Josefina Vázquez Mota se destacó en esta Cumbre Ciudadana por la claridad con la que diagnosticó los problemas y, sobre todo, por las propuestas que sustentó.
Su propuesta es especialmente valiosa porque reconoce que no se trata sólo de reformar leyes o esquemas de operación y manuales de procedimientos, sino de una nueva relación entre los ciudadanos y los distintos órganos de gobierno, desde la premisa de que la soberanía radica en el pueblo y que el gobierno es sólo el gestor del bien común.
Hay que terminar de una vez y para siempre con el ogro filantrópico del que hablaba Octavio Paz. Ese ogro existía porque las burocracias del Estado consideraban a los ciudadanos menores de edad, así que para protegerlos de ellos mismos los excluían de participar. Se pensaba que la modernización sólo era posible si se dejaba que los técnicos tomaran las decisiones y se hacía de la sociedad una receptora pasiva y obediente de políticas diseñadas para ella, pero sin considerarla como adulta. Urge ahora la emancipación de la sociedad y un paciente y gradual proceso educativo para que los socios del país hagamos de la participación un derecho y una obligación.
Josefina Vázquez Mota le da prioridad a que “la Constitución reconozca el derecho a la participación ciudadana en los asuntos públicos”. Esto es importante porque muchas de las reformas no alientan, más bien impiden, una mayor participación. Contamos, por ejemplo, con consejos consultivos en las instituciones, pero su operación muchas veces es caprichosa y desalienta la participación de ciudadanos responsables y con conocimiento cierto de los problemas.
Las reformas constitucionales por sí mismas no resuelven los problemas, pero sí son un primer paso. Simultáneamente necesitamos educarnos desde la niñez para tomar parte en la vida pública desde la primacía del ciudadano sobre el Estado: tanto ciudadano como sea posible y sólo tanto Estado como sea necesario.
*Analista
