Espejito, espejito
- Mony Sacha de Swaan considera que todo aquel que lo critica lo hace siguiendo una agenda, no un análisis de sus acciones y sus resultados.
Mony Sacha de Swaan está llegando a extremos de desesperación que rayan en lo ridículo. En sus fantasías, muy posiblemente alentadas por sus sobrepagados asesores personales que le hablan al oído, considera que todo aquel que lo critica lo hace siguiendo una agenda o tienen un conflicto de interés, no un análisis de sus acciones y sus resultados.
Horas le faltan a su día para generar nuevas enemistades. Vamos, no sólo está distanciado con los cuatro comisionados de Cofetel, que son sus pares jerárquicos a quienes debe una explicación sobre las acusaciones directas que le hizo Ernesto Gil Elorduy de espionaje.
Su relación no podría ser más distante con la inmensa mayoría de los regulados y las diferencias con Dionisio Pérez-Jácome y Héctor Olavarría están verdaderamente cerca de hacerse notoriamente públicas a pesar de la prudencia con la que se manejan tanto el titular de la SCT como su subsecretario.
Tiene uno de los peores ambientes dentro de los legisladores, quienes siguen considerando que usó a la Secretaría de Gobernación para evadir dar explicaciones sobre presuntos actos de corrupción.
Las dificultades de Mony Sacha para enfrentar la muy complicada situación en la que se encuentra, no sólo por sus malas decisiones personales sino por la forma sucia en la que ha enfrentado una gran cantidad de temas que impiden el desarrollo del sector, le están generando problemas hasta con aquellos quienes, como es usual, tardaron mucho tiempo en darse cuenta de la realidad y dejaron la cómoda posición de tomar dictado.
El nuevo frente de conflicto es con los miembros del Consejo Consultivo de Cofetel. Un organismo que, supuestamente, tiene como finalidad dar representatividad dentro de esta comisión a la “sociedad civil”.
No vale la pena detenerse durante mucho tiempo en cuestionar quién o quiénes le confirieron a estas aproximadamente 30 personas el nombramiento de representar a la sociedad civil, que es una entelequia en la cual se esconden una gran cantidad de abusos y formas ridículas de seudo representación social.
Es necesario que respondan con toda claridad quién o quiénes les confirieron este cargo de representar a la sociedad civil y a quién le rinden cuentas.
Entre esas personas, evidentemente, hay quienes son expertos en el sector y están o estaban de buena fe; sin embargo, la renuncia de Gerardo Soria es, solamente, la primera muestra de un conflicto que otra vez tiene que ver con la credibilidad de Cofetel y, muy posiblemente, el inicio de una desbandada en el consejo consultivo.
Como valientemente denunció Soria, desde hace unas semanas comenzó una suerte de limpieza ideológica entre los miembros de este consejo.
Siguiendo la fantasía de que todo el mundo se guía por los intereses del imperio descalificando cualquier posición que no sea la de ellos, puesto que se abrogan la facultad de ser los únicos puros ideológicamente, comenzaron a pedir muestras de pureza a los miembros del consejo.
La intención, en el fondo, es que los supuestos representantes de la sociedad civil sean “puros” o, dicho claramente, que sean incondicionales de Mony Sacha. El plan es nombrar a quienes le den legitimidad.
Lo que no deja claro la liga de la pureza integrada entre otros por Irene Levy, Adriana Labardini, Clara Luz Álvarez y Salma Jalife (incondicionales de Mony Sacha) es que el ser miembro del consejo consultivo implica una contraprestación de 15 mil pesos por cada reunión, para la cual tienen que entregar un recibo de honorarios.
Hay casos como el de Levy, que tiene un contrato de prestaciones de servicios más amplio para el presidente de la Cofetel y por la que recibe un salario.
Bajo el principio, ridículo e insostenible, que el interés económico es el único móvil para criticar al presidente de Cofetel pues quienes integran la liga de la pureza no pasarían la prueba que ellos aplican por cuenta y orden de Mony Sacha para legitimarlo.
En lugar de estar buscando cómo aferrarse a un cargo para el que no tiene credibilidad ni liderazgo, mejor debería responder cuáles son sus contratos de prestaciones privadas con cada vez más gente, pero con cargo a Cofetel.
Fantasías
Como era mucho más que previsible, ayer se cumplió otro plazo que se había anunciado para que Med Atlántica se hiciera de las acciones de Nuevo Grupo Aeroportuario sin que se cerrara la operación.
Mucho más allá de las “oportunas” enfermedades de Christian Cadenas, atrás de la historia está el hecho de que los inversionistas que todavía no han probado, más que en la mente de Felipe Consuelo, tener recursos, sólo quieren quedarse con la parte que pudiera salvarse de lo que alguna vez fue CMA y no todas las obligaciones financieras.
Como hemos reiterado, el asunto no camina y no lo hará a pesar de las declaraciones y dichos de gente como Gerardo Badín quien, según él, Banorte y Bancomext tienen que renunciar a sus posibilidades de cobro para poder avanzar en la reestructuración, puesto que dice que tienen que cerrar los fideicomisos creados por Gastón Azcárraga (quien sigue ganando tiempo para buscar evitar denuncias en su contra) para garantizar el pago de créditos.
Desmentidos
Banorte, que ya reservó la totalidad del quebranto que le causó CMA, obviamente está interesado en cobrar la mayor cantidad posible y, por lo tanto, no sería jamás parte del ridículo y falso complot gubernamental para quebrar la línea aérea, también nombró a White & Case como interventor.
Así, Felipe Consuelo se quedó sin argumentos para tratar de impedir que alguien externo revise las cuentas de este Concurso Mercantil.
