Seis grados

Mucho más allá de las filiaciones, hay políticas económicas correctas e incorrectas.

De cara a la elección presidencial, bien vale la pena preguntarse qué pasaría en los diferentes escenarios con el manejo de la economía.

Hace seis años había una gran preocupación en el sector privado en el caso, en aquel momento muy probable, de que hubiera ganado Andrés Manuel López Obrador, puesto que hubiera representado un gravísimo viraje económico con respecto a lo que se ha venido haciendo eficientemente desde hace mucho más que una década.

En aquel entonces el sector privado lanzó la más fuerte iniciativa de que se tenga memoria para defender las libertades económicas, la empresa privada que se veía amenazada por un candidato abiertamente estatista quien en reiteradas ocasiones amenazó con expropiar bienes gubernamentales siguiendo fantasías que son propias de gobiernos como el de Hugo Chávez.

En aquel momento no faltaron quienes dijeron que los líderes de iniciativa privada estaban operando en favor de Felipe Calderón, cuando en realidad se trataba de una férrea oposición a regresar a esquemas como los que se vivieron en México durante los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo.

Tristemente para su causa, muy tarde intentó enviar mensajes de tranquilidad económica asegurando que en caso de ganar, su secretario de Hacienda sería Agustín Carstens. Un cuento que no tranquilizó a los mercados, puesto que sólo lo veían como una promesa difícil de sostener, ya que, entre otras cosas, se sabía que no habría una buena comunicación entre uno y otro.

La posición de López Obrador fue tan equivocada que en su nuevo intento de llegar a la Presidencia de la República está prometiendo que no expropiará bancos ni medios de comunicación. Curiosamente sus promesas de un México amoroso no convencen ni a sus seguidores y, de ahí que esté virando hacia venderse como una alternativa real y promover un cambio de rumbo que, en materia económica, sería un error monumental.

Los datos económicos demuestran que desde la segunda mitad de la década de los noventa se han tomado las decisiones más pertinentes y, paralelamente, el Banco de México y la Secretaría de Hacienda se han convertido en muy importantes formadores de cuadros de servidores públicos.

No son políticos que estén a favor de un grupo o partido, puesto que están comprometidos con una visión económica y comprenden que, mucho más allá de las filiaciones, hay políticas económicas correctas e incorrectas.

De Gabriel Quadri es poco lo que se puede decir. Parecería que este hombre está buscando hacer una campaña testimonial en la que ponga sobre la mesa algunos temas que buscará que sean incluidos por la sociedad y los legisladores durante la próxima administración. De hecho, parecería que no tiene una idea clara sobre el manejo de la economía

Matices

En el caso de Josefina Vázquez Mota y Enrique Peña Nieto la realidad es que la diferencia sólo se mostraría en los detalles donde, algunos aseguran, habita el diablo.

Ninguno de los dos candidatos estarían considerando un cambio radical en el manejo de la economía ni de los equipos que hoy la encabezan, puesto que a pesar de las grandes carencias, la economía está creciendo de una manera sólida, la inflación disminuyendo, creciendo la recaudación. Todas ellas condiciones fundamentales para pensar en cuál será el siguiente mejor camino.

Es claro que la estabilidad económica, el mejoramiento de la recaudación con base en un servicio eficiente del SAT es un pilar fundamental; sin embargo, bien valdría la pena preguntarse cuáles son los detalles en los que se podrían dar diferencias.

Una de las grandes reformas pendientes es la laboral que, indudablemente, ha sido bloqueada por los cercanos a Peña Nieto siguiendo cálculos políticos según los cuales se le quitaría una bandera a los de Acción Nacional.

Vázquez Mota ha demostrado, reiteradamente, que está a favor de una reforma laboral. Como coordinadora de los diputados del PAN incluso impulsó que se firmara la iniciativa que habían hecho los senadores del Revolucionario Institucional que, en ese momento, no eran cercanos al que hoy es su candidato a la Presidencia de la República.

El principal problema del PRI de cara a una reforma laboral es su vinculación con sindicatos en los que sus líderes están en contra de la transparencia y la rendición de cuentas, pues les ha permitido amasar poder y riqueza. Sin embargo, los sectores más avanzados del PRI saben que estos tiempos deben cambiar para hacer que la estabilidad económica se convierta en una mejoría para la gente que todavía se encuentra sumida en la pobreza y con pocas oportunidades.

Los lemas de campaña del PRI van muy en el sentido de mover a la economía y luchar en contra de la parálisis, lo que, necesariamente, pasa por reformas estructurales como la laboral y también con una segunda fase en la reforma energética.

Es fundamental hacer cambios que logren un Pemex mucho más competitivo y que el sector energético se convierta en una forma de desarrollo para las personas y no sólo una caja enorme para financiar al gobierno.

En este sentido, es importante destacar que la abanderada del PAN tiene muchos menos compromisos sindicales y dependería mucho más de su fuerza interna.

A pesar de los discursos de Peña Nieto, la realidad es que es muy poco lo que puede cambiarse de cara al combate a la delincuencia. Lo cierto es que se debe mantener una lucha que requiere, sin lugar a dudas, dar más resultados a favor de los mexicanos.

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