Grave error

Ayer se suspendió la comparecencia del titular de la Cofetel.

El subsecretario de enlace legislativo de la Secretaría de Gobernación, Rubén Fernández, mandó un oficio al presidente de la Cámara de Diputados, Guadalupe Acosta Naranjo, con copia para Ernesto Gil Elorduy, José Luis Peralta, Gonzalo Martínez Pous y Alexis Milo indicándoles que los cuatro comisionados de la Cofetel no asistirían a la comparecencia que tendría el presidente del organismo ante la Comisión de la Función Pública de la Cámara de Diputados.

El argumento del funcionario era que las áreas operativas corresponden única y exclusivamente al presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, Mony Sacha de Swaan, y por lo tanto, no tenían razón en asistir… Cometió un grave error. De acuerdo con la ley de la Cofetel, si bien es cierto que el presidente y los cuatro comisionados son pares jerárquicos, las áreas de administración sólo responden a las órdenes del presidente, de ahí que el tema de las contrataciones sólo sea responsabilidad del presidente del organismo.

A las 11 de la mañana se presentó solo Mony Sacha para enterarse de lo que le dimos a conocer primero en esta columna y después hizo público en un reportaje la agencia Reuters en el sentido de que el presidente de Cofetel habría asignado contratos directamente a sus amigos y que existe un gran espacio para suponer actos de corrupción y, en el menos malo de los casos, un grave conflicto de interés.

Ante la inasistencia de los comisionados, los legisladores de todos los partidos excepto el PAN en la comisión se retiraron y sin que hablara el imputado, se terminó la sesión por falta de quórum con lo que se dio por terminada la sesión.

Legisladores como Pablo Escudero y Mario di Costanzo rápidamente opinaron que se trataba de una estrategia de la Secretaría de Gobernación para proteger a De Swaan y evitar que comparezca por las denuncias que pesan en su contra.

Al enterarse de esta situación, los cuatro comisionados se dirigieron a la Cámara de Diputados para explicarle al presidente de la comisión, Escudero, que no se estaban escondiendo sino que acataban la orden que les había dado un día antes el subsecretario de Gobernación.

Entre los comisionados hay una gran molestia, puesto que ellos no siguieron ninguna estrategia para defender a Mony Sacha, con quien tienen profundos diferendos porque ninguno de ellos “ha usado los servicios” de Peter Bauer o de Pablo Ojeda, quienes trabajan para el presidente de Cofetel y no para el pleno del organismo. De hecho, los cuatro comisionados emitieron un comunicado de prensa en el cual hacen una relatoría de los hechos y terminan señalando que “siempre hemos tenido y tendremos disposición para atender puntualmente el mandato y las resoluciones que los legisladores determinen”.

Más allá de este comunicado, el hecho concreto es que la Secretaría de Gobernación se equivocó en contra de la transparencia y la rendición de cuentas protegiendo indebidamente a un funcionario que tiene que dar respuestas por acciones que sólo son su responsabilidad.

Una más

Felipe Consuelo ahora dice que no había ningún plazo fatal y obviamente culpó a los medios de comunicación y a Jorge Gastélum de las confusiones que él mismo ha generado en su obsesión de dar plazos a Med Atlántica, que no ha logrado comprobar la existencia de los 300 millones de dólares indispensables. Como cuando se demostró que PC Capital era puro rollo y nada de dinero, apareció Iván Barona con Michael Shamis y cuando quedó claro que este “banquero” era, incluso, requerido por la justicia canadiense apareció Barona con Jamal S. Iglesias (que él mismo se hizo a un lado) y durante los últimos meses fue Med Atlántica de la mano de Barona que mantuvo la expectativa. Como ha ocurrido en todas estas ocasiones cuando se demostró que un grupo no era serio apareció casi de la nada un nuevo grupo. Ayer se hizo público que Union Swiss ahora es el postor más viable. Este grupo que es representado por Fausto Alzati expone algunas diferencias con respecto a todos los farsantes que han pasado antes en los intentos de capitalizar a la línea aérea y que regrese a volar. En este grupo nada tiene que ver Barona. Aseguran que tienen el dinero suficiente en un fideicomiso en Deutsche Bank y que para la integración del plan de negocios cuentan con asesorías de Virgin Atlantic y South West. De hecho, parecería que quizá por hacer su primer acercamiento serio tiene, incluso, una suerte de simpatía condicionada de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, puesto que más allá de cualquier cercanía tiene que cumplir con las cuatro condiciones fundamentales para tener la licencia para operar una línea aérea.

Es claro que Dionisio Pérez-Jácome, Felipe Duarte, Gerardo Sánchez Henkel y los demás funcionarios de la SCT tienen un compromiso claro para cumplir la ley. Independientemente del destino final de esta historia, parecería que este grupo sí tiene recursos, seriedad y posibilidades reales de hacer la capitalización a pesar de que parecería que el rescate de la aerolínea es casi imposible, pues los únicos activos son la base de mantenimiento y, en cierto sentido, una marca con 90 años de historia. Entre las cargas están las multimillonarias necesidades de recursos para pagar a los acreedores y lo pesado de los contratos colectivos. De hecho, entre la base de pilotos ya va quedando lo menos bueno que tenía la empresa puesto que muchos ya se contrataron en otras compañías.

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