Rompimiento

-Desde que se creó Unifim se habla de una división del gremio bancario.

Mucho más allá de un rompimiento entre los miembros de la Asociación de Bancos de México (ABM) por el tema de la aplicación de Basilea III hay temas de fondo que deben ser analizados sobre esta regulación.

Desde que se creó Unifim ha sido una constante decir que la unión presidida por Adalberto Palma, muy fuertemente impulsada por instituciones como Banorte y Banco Azteca, tiene un interés divisorio o romper abiertamente con el gremio representado por Jaime Ruiz Sacristán.

De hecho, en cada ocasión en la que se enfrentan abiertamente los intereses de los bancos de capital internacional con los mal llamados bancos mexicanos, se habla automáticamente de una división, la cual generaría un cisma en una de las más sólidas representaciones de la iniciativa privada en el país.

Sin embargo, quienes han seguido de cerca esta historia a lo largo de los años tienen algunas claridades indiscutibles. La primera es que ni los miembros de la ABM tienen interés en perder a una parte de sus afiliados ni los miembros de Unifim no pretendan más que el reconocimiento de que no son iguales y, por lo tanto, no deben ser tratados de la misma manera.

El acuerdo, que hoy algunos intentan cuestionar, se tomó desde la primera presidencia de Ignacio Deschamps (quien estuvo dos periodos) y no ha sufrido ningún cambio. Desde aquel tiempo quien habló por la Unifim fue Luis Niño de Rivera y los interlocutores eran no sólo el presidente de Bancomer sino su primer vicepresidente, Luis Robles Miaja, quien sigue encabezando la ABM, junto con Ruiz Sacristán.

En los próximos días y en la medida en que se acerque la próxima Convención Bancaria, en la que muy posiblemente se ratificará la actual directiva, habrá quienes traten de hacer como si se ahondara la división; sin embargo, la realidad es que si bien es cierto que nadie quiere un rompimiento, hay preocupaciones reales en torno que la aplicación a destiempo de las nuevas normas bancarias y su efecto nocivo en el crédito y la capitalización de las instituciones de crédito.

Infundado

Los expertos de microondas tratan de hacer creer que existe un riesgo para el sistema financiero nacional, que bancos de matriz extranjera pudieran dejar México ante la situación complicada que atraviesan en sus naciones de origen. No han faltado los agoreros del desastre, quienes aventuran ridículas teorías según las cuales algunos de los principales bancos extranjeros dejarían su inversión en México. Algunos, especialmente en el Congreso de la Unión, han comenzado a decir que tienen miedo de qué pasaría si dentro de los programas de racionalización de bancos extranjeros salen del país. Independientemente de la existencia de un sistema financiero sólido en el cual se cuentan con instituciones fuertes entre las que destaca el IPAB, no existe intención generalizada de los bancos por salirse del país. En días pasados corrió la versión en el sentido de que Bancomer podría dejar su inversión en México, lo cual es francamente ridículo si se considera que BBVA genera la tercera parte de sus utilidades en México. También ha corrido la versión de que HSBC estaría considerando su posición en México. A partir de los 30 meses que el banco dirigido por Luis Peña entró en un proceso de reconstrucción se han generado cualquier cantidad de leyendas y mentiras. Si bien, a nivel mundial, HSBC ha decidido salir de algunos países, lo ha hecho en aquellos que no es rentable y no tiene posibilidades de serlo. Sin embargo, México representa no sólo uno de los mercados más importantes sino en los que tienen las mejores expectativas. De hecho, el único banco que podría salir de México es Scotiabank. No lo haría por ninguna situación particular sino porque han venido perdiendo el foco, participación de mercado y orientación de negocios. No tiene nada que ver con su operación en México.

Cuentas

Hay un grupo cada vez más grande de legisladores quienes están presionando para que la Comisión Federal de Competencia (CFC) dé explicaciones claras sobre su negativa de impedir la inversión de Televisa en Iusacell. Independientemente de que se tiene que analizar el excesivamente largo documento, primero deben correrse los trámites legales. Primero las empresas tendrán que pedir la reconsideración de la opinión y después ir a los procesos de amparo.  Lo que sí pueden hacer los legisladores es iniciar investigaciones sobre las evidentes filtraciones de Eduardo Pérez Motta. Hay información documentada sobre las filtraciones del presidente de la CFC a diversos medios de comunicación y la sospecha, fundada, de que hubo información entregada a éstos no bien había concluido la reunión del pleno, aun cuando se trate de tapar con mentiras.

Regresarán

Una de las cosas buenas que tiene para el país que Ernesto Cordero no haya ganado la elección interna del PAN es que ahora sí Jordy Herrera podrá concentrase en su trabajo de secretario de Energía y, en una de esas, que el dinero de la operación de Pemex en Sacyr regrese, aunque sea en parte.

¿Y luego?

Habría que tener muchísimo cuidado con la reacción que tendrán los sindicatos de la industria de la aviación sobre el tema de Mexicana. Líderes como Fernando Perfecto o Miguel Ángel Yúdico mucho tendrían que decir en torno al comportamiento que han tenido durante este proceso, puesto que, por lo menos ellos dos han mentido abiertamente a las bases del sindicato buscando quién sabe qué interés personal.

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