Cada vez son más las versiones que aseguran que los días de Mony Sacha de Swaan como presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), están contados.
Realmente no cuenta con apoyos que le puedan mantener en el cargo al que fue impulsado por Juan Molinar cuando era secretario de Comunicaciones y Transportes. Evidentemente no tiene el respaldo de sus pares, luego del desesperado rompimiento público que hizo con ellos la semana pasada. Si la intención era hacerse la víctima no funcionó, ya que los cuatro comisionados argumentaron con claridad cuál era su posición y prácticamente nadie creyó que se tratara de una orden “de arriba”.
De acuerdo con fuentes vinculadas a la Cofetel, hay una suerte de parálisis, pues simple y sencillamente no hay condiciones para planear nada a pesar de que los comisionados siguen trabajando a toda su capacidad.
Como le hemos informado en esta columna, la relación del presidente de la Cofetel con Dionisio Pérez-Jácome y Héctor Olavarría es, en el mejor de los casos, fría y distante. Si bien hay quienes siguen hablando de autonomía o doble ventanilla, la realidad es que se trata de un órgano autónomo dependiente de la SCT. Es claro que el superior jerárquico del presidente de esa comisión es el secretario del ramo.
No tiene apoyo de las empresas del sector de las telecomunicaciones, pues sus erráticas acciones o han causado quebrantos a diversas compañías o han resultado en imposibilidad de dar una mayor y mejor competencia.
Bastaría hablar con muchos de los radiodifusores, quienes siguen esperando que se definan estándares tecnológicos o se hagan las primeras licitaciones en tres sexenios.
Tampoco tiene el apoyo de los legisladores. De hecho, hay quienes dicen que no llegará a la comparecencia que tiene programa en febrero, puesto que en todas las fracciones parlamentarias se habla de removerlo por causa grave, entre las que destacan sus vínculos indebidos con personajes como Peter Bauer, quien está contratado por Cofetel.
Las revelaciones sobre su comportamiento indebido que pudo leer antes que nadie en esta columna, han dado pie para que algunos analicen la remoción por causa grave tal y como lo contempla la ley.
Guerra
A no ser que ocurriera algo verdaderamente inesperado y de último momento, se confirmará el adelanto en el sentido de que la Comisión Federal de Competencia (CFC) negará autorización para que Televisa invierta en Iusacell, el cual dicen, no fue filtrado por la CFC (reiteramos, o es un caso de gran prospectiva o una filtración ilegal que debe ser investigada). A partir de ahí iniciará una guerra en materia de tribunales. De acuerdo con algunas fuentes el asesor jurídico de Eduardo Pérez Motta, el ex presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Ulises Schmill, está tratando de blindar jurídicamente la resolución; sin embargo, habrá que estar muy pendientes, puesto que será una guerra de pronóstico reservado.
Autobalconeo
A nadie sorprendieron las afirmaciones que plantea el estudio realizado por la OCDE y pagado por el gobierno mexicano sobre el sector de las telecomunicaciones. Para nadie es nuevo que hay falta de competencia y alta concentración en sectores como telefonía y televisión. De hecho, ha sido un llamado reiterado a lo largo de los años exigir que se dé una mayor apertura en el sector. Sin embargo, en los hechos parecería que la actitud del gobierno es frenar la competencia. Ahí están casos como la licitación 21 o el fallo que muy probablemente dará la CFC en contra de la inversión de Televisa y Iusacell, telefónica que sólo tiene 4% del mercado de la telefonía móvil en la que las dos empresas tienen 90%. Tampoco es desconocido que se requiera una verdadera autonomía de la Cofetel y que opere de una mejor manera. De hecho, de eso piden su limosna todas las empresas reguladas por este sector. Lo que sí deberían preguntarse quienes organizaron el circo es qué ganan mostrando su profunda debilidad e incapacidad para regular un sector.
Qué necesidad
Todo el escándalo que se armó por el intento de Juan José Suárez Coppel de aumentar la participación accionaria de Pemex en Repsol, ha puesto sobre la mesa la necesidad de discutir cuál es el fin de esa añeja inversión. Suárez Coppel y sus voceros han dicho que querían mejorar la calidad de la administración de la empresa española y mejorar el valor de la acción. ¿Para eso es una paraestatal mexicana? Alguien podría decir que pretendían ser candil de la calle. En cuanto a la rentabilidad, uno de los consejeros independientes de la paraestatal, Rogelio Gasca Neri, ha señalado que sería mucho más rentable vender esa participación accionaria y, coincide, con aquellos quienes se preguntan cuál es la utilidad de tener estas acciones y los supuestos convenios de cooperación que logró el viajero frecuente Jordy Herrera. ¿Para qué se requiere tener un lugar en el consejo de Repsol? ¿Cuál ha sido la rentabilidad histórica, si es que se ha dado? Más allá, cuál es el precio objetivo de la acción para el gobierno mexicano. Los muy malosos dicen que el principal interés de estar en ese consejo es que da la oportunidad, ¿pretexto?, de ir a España con gastos pagados de tanto en tanto.
Tensión
La posibilidad de una división al interior de la Asociación de Bancos de México (ABM) ha sido una constante en prácticamente un lustro. Los nuevos intentos de regulación por parte de las autoridades han vuelto a abrir esta brecha, por lo que Luis Robles está teniendo que hacer grandísimos esfuerzos por mantener la unidad que, sin duda, es una de las fortalezas del gremio que preside Jaime Ruiz Sacristán.
