Tratando de disminuir el excesivo poder que solía tener el Presidente de la República se fueron creando organismos autónomos de muy diversa índole que tenían como misión desligarse del interés del gobernante en turno y tratar de ponerlos a salvo de los terribles tiempos electorales.
Así, se formaron desde aquellos que tienen como misión regular al sector energético, telecomunicaciones, competencia o las que tienen como fin último proteger a los consumidores, usuarios de servicios financieros y mucho más recientemente a contribuyentes.
También se han creado institutos que tienen como misión organizar elecciones o dar vivienda, créditos a las personas, proteger el ahorro bancario.
Sin embargo, en la mayoría de los casos se han convertido en rehenes de partidos políticos, como el IFE en el que Leonardo Valdés sabe que domina a los partidos políticos por el gran poder que le han dado y que usa para su beneficio personal.
Lugar para colocar amigos inútiles del presidente en turno como Condusef, donde Luis Pazos ha tenido un papel deleznable.
Salvo cuando le ha convenido al presidente en turno de la Cofetel siempre han dicho que no dependen de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Cuando Juan Molinar era titular de la SCT, Mony Sacha de Swaan decía que la comisión era parte de la Secretaría. A la llegada de Dionisio Pérez-Jácome cambió de opinión.
El modelo requiere ser revaluado a la luz de que hay instancias que no tienen atribuciones que les permitan regular efectivamente como es la Reguladora de Energía, presidida por Xavier Salazar Díaz Sollano, que simplemente no tiene tamaño para opinar sobre las decisiones de los monopolios del Estado en materia de petróleo y energía.
Otras más que funcionan bien como el IPAB, presidido por José Luis Ochoa Bautista o Infonacot, dirigido por Gabriel Ramírez. Otras más con excelencia como el Infonavit, encabezado por Víctor Borrás.
Así las cosas, es necesario replantear totalmente el modelo sobre el cual operan estas autonomías. Manlio Fabio Beltrones y un grupo de senadores plantearon el debate que, desgraciadamente, no ha ido mucho más allá porque se perdió en el fragor de los acomodos previos a un proceso electoral.
Cicatriz
Jordy Herrera está teniendo que pasar una pena ajena. En algún momento se le ocurrió a Juan José Suárez Coppel que sería un gran negocio para Pemex creerse los cuentos de los directivos de Sacyr y llegar a un acuerdo que, al menos oficialmente, mejoraría el valor de las acciones de Repsol. Extraoficialmente se llegó a decir que eso daría a México acceso a gasolinas a precios más económicos y a la tecnología de la petrolera española, en algo que por lo menos hubiera implicado conflictos de interés. Como ya se sabe Sacyr, solucionó su problema de liquidez y dio una patada al director de Pemex puesto que en cuanto no lo necesitó rompió el convenio de votar de común acuerdo. En medio de esta historia se dio una reacción verdaderamente violenta de políticos y algunos sectores de la economía española, así como al interior del consejo de administración de Repsol, puesto que su presidente, Antonio Brufau consideró que no sólo era una falta de cortesía la acción de Suárez Coppel sino un intento abierto para removerlo del Consejo de Administración que, por cierto, le dio total apoyo ante la dizque revuelta organizada por Pemex y Sacyr. En este entorno, el secretario de Energía está tratando de “¡restablecer!” las relaciones con Repsol que, en el fondo, se trata de ir a ofrecer disculpas por parte de quien, se supone, está bajo su férula.
Racional
Mucho más allá del hecho económico y comercial que implica para la Federación Mexicana de Futbol, encabezada por Decio de María, haya cambiado de principal patrocinador, llama la atención el razonamiento que hizo el grupo de Roberto González Barrera para hacer de Maseca el principal anunciante. Tradicionalmente la principal productora de tortillas del país se ha vinculado con el origen de este alimento y la importancia en la historia del país, así que para ellos patrocinar a todas las selecciones mexicana de futbol es ligar su nombre con el máximo deporte nacional.
Rebelión
Le hemos venido informado de la creciente preocupación de la Asociación Mexicana de Bancos y de la Unifin por aplicar, a rajatabla, los acuerdos de Basilea III porque lo mismo impone determinaciones que parecen ridículas como obligar a los bancos a cotizar en la pequeña Bolsa Mexicana de Valores o condiciones que, sin lugar a dudas, limitarían el crédito o generarían que muchos de los negocios dejaran de ser viables.
