Matrimonio arreglado
- Se puede pensar que la asociación de dos empresarios en un solo negocio pueda implicar una alianza en todos los demás.
Uno de los principales frenos al crecimiento de la economía es la falta de empresarios. De mexicanos con capital e ideas correctas para el desarrollo de México, sólo así se explica el que cada vez más sectores de la economía tengan que abrirse a inversionistas extranjeros.
Es francamente absurdo pensar, como señalábamos ayer, que la asociación de dos empresarios en sólo un negocio pueda implicar una alianza en todos los demás negocios que tengan o puedan tener.
Si esto fuera así, cómo se explicaría la presencia accionaria de Carlos Slim en diversas empresas, algunas de ellas competidoras de su conglomerado. Vamos, vea los consejos de administración de la mayoría de los corporativos mexicanos donde se encuentran una y otra vez accionistas que, en otras empresas, son acérrimos rivales.
El argumento del presidente de la Cofeco y algunos otros sólo se explica por un interés adyacente que pretende frenar la inversión de Televisa en Iusacell pueda generar daños en la competencia en televisión abierta… Al menos es lo que establecen como sustento teórico.
Sin embargo, tener esa visión es como creer en el medioevo cuando los reinos hacían matrimonios de conveniencia política que, en su mayoría, no servían para absolutamente nada.
¿Realmente alguien puede creer que para que Televisa y Televisión Azteca incurran en prácticas monopólicas se requiere que coincidan como accionistas en una telefónica que sólo tiene 3% del mercado?
¿Refresqueras, cerveceras, tabacaleras, cementeras, tortilleros, laboratorios, proveedores de medicinas y demás requieren intercambios accionarios en algún negocio similar (ni siquiera el mismo) para incurrir en prácticas monopólicas?
Evidentemente no. Estas prácticas van en contra de los consumidores. Cuando un grupo de proveedores del IMSS se pone de acuerdo para subir el precio de los insumos o los tortilleros decretan un aumento en el precio de las tortillas no tienen intercambios accionarios, simplemente incurren en una práctica que debe ser sancionada con todo el peso de la ley.
¿Realmente se cree que si se permite la inversión de Televisa, única y exclusivamente en Iusacell, cambiarán las cosas en el mercado de la televisión abierta? La evidencia empírica demuestra lo contrario.
Inclusive una de estas empresas ha frenado a la otra en temas específicos.
No ha cambiado, ni tendría porqué hacerlo, la competencia en materia de televisión. Ahí está el pirateo de talento y conceptos. Para no ir más lejos, el domingo ambas televisoras pelearon por la audiencia con programas muy similares de imitadores. En materia comercial, ahí están los anunciantes para demostrarlo, la guerra sigue dándose en los mismos términos que hace dos o tres años. No han cambiado un ápice las cosas.
Seamos claros. Televisa y TV Azteca se aliaron sólo en telefonía porque ven una oportunidad de negocios. No se necesita más, no puede creerse que alguien está pensando en una fusión de las dos mayores empresas de televisión abierta.
Si bien es cierto que hay un mercado de las telecomunicaciones no es lo mismo radio, televisión, internet, telefonía (móvil y fija) y televisión abierta, no se trata del mismo mercado.
Guerra
Una de las peores cosas que podrían ocurrirle a la débil aviación nacional es que, como parece, Interjet ingrese a una guerra de precios, ese el cáncer cíclico que destruye a este sector empresarial. Resulta que la empresa de la familia Alemán ha comenzado a utilizar la ruta México-Miami que era operada por Mexicana de Aviación, pero ofreciendo tarifas que, de acuerdo con algunos expertos, se encuentran por debajo de costo. No se debe olvidar que así comenzó la debacle de CMA en tiempos de Gastón Azcárraga que con la absurda idea de ganar mercado perdió y perdió no sólo hasta que terminó con el capital de la línea aérea sino que puso en una línea mucho más que delicada a Grupo Posadas que sigue sin poder levantarse de la tragedia y que, casi milagrosamente, sigue extendiendo plazos de una deuda que podría llevarlos al Concurso Mercantil.
Llamada
Adalberto Palma, quien es el presidente de la Unifim, ha hecho un llamado de atención que no debe pasar por alto. Señaló que para muchos bancos mexicanos cumplir con los niveles de capitalización de Basilea III implicaría aumento de capital o disminución en los programas de crédito. Los bancos de capital extranjero no están en condiciones de traer mayores recursos y los mexicanos tampoco así que uno de los principales motores del desarrollo económico podrían frenarse.
