Una de las salidas más sencillas de los funcionarios públicos es decir que son víctimas de un complot, no de sus propias acciones, y en los casos más extremos lo convierten en un asunto personal en el que utilizan su puesto para ejecutar venganzas personales.
Eduardo Pérez Motta es uno de esos funcionarios que encajan perfectamente en esa definición. El presidente de la Comisión Federal de Competencia (CFC) no tiene suficiente autocrítica como para reconocer que ha cometido decisiones fatales que lejos de propinar la competencia han ido en su contra y, además, se siente víctima de los poderes fácticos (cualquier cosa que eso sea) que tienen una campaña en su contra.
Ya ve, suelen decir que se trata de venganzas porque han pisado callos que sólo existen en su imaginación… Jamás reconocen que han tenido fallas de criterio como el creer que la CFC les corresponde como si se tratara de su juguete particular y no como una parte integral del gobierno federal con responsabilidades claras.
Pérez Motta, quien por el enamoramiento que tiene de su voz y de sus propias ideas, ha cometido gravísimos errores ha dejado de ser un árbitro objetivo y ahora todo lo ve bajo la luz de afrentas reales o supuestas.
No debe dudarse que las decisiones que tomará próximamente estén muy influidas por un malsano interés de venganza y no por una adecuada forma de operar en búsqueda de una competencia que beneficie a los consumidores y que vaya muchísimo más allá de los agentes económicos.
Muchos son los que ya perdieron la fe en la capacidad de este hombre y confían en que los comisionados de la CFC tomen acciones determinadas para evitar abusos y tonterías como las que han venido caracterizando a esa comisión.
Irresponsable
Germán Larrea es uno de esos empresarios quienes creen estar por encima de las normas. Casos como el de Pasta de Conchos en los que su empresa fue responsable de la tragedia que enlutó a más de 65 familias y que, en su momento, fue endosada por las buenas conciencias al gobierno federal, le hacen creer al presidente de Grupo México que siempre puede salirse con la suya. En las últimas semanas la división ferroviaria de este grupo, Ferromex, se ha convertido en una bomba de tiempo para la población de Manzanillo. Se han puesto a realizar maniobras que bloquean la carretera que une a este puerto con Guadalajara y que obligan a los transportistas a ingresar a ese puerto, lo que ya ha comenzado a causar accidentes y ha incrementado el costo para las compañías que importan y exportan a través de Manzanillo. Los llamados que se han hecho a la autoridad rebotan una y otra vez en una actitud francamente déspota de los empleados de Larrea. Es indispensable que se tomen con gran rapidez cartas en este asunto.
Imaginación
Hay quienes insisten una y otra vez que la Cofetel está por tomar definiciones en torno a la tercera cadena de televisión. Seamos claros. Es deseable que aumenten las posibilidades de generar contenidos al alcance de toda la población. Muchísimo más allá de los efectos positivos de la competencia, el que haya más ventanas para la distribución de contenidos solidifica la democracia. Sin embargo, no se puede partir de premisas falsas que, ni siquiera son tomadas por seriedad entre las autoridades responsables de entregar estas concesiones. No hay un consenso entre los comisionados de Cofetel sobre la mejor manera de utilizar las concesiones que existen. Vamos, no hay acuerdo ni siquiera en torno a los estudios de mercado y disponibilidad del espectro. Como le hemos informado oportunamente en este espacio se requieren mayores especificaciones para ir tomando mejores decisiones.
De hecho, se sabe que podrían otorgarse concesiones en diversas partes del país, pero no hay un acuerdo de si deben entregar como un paquete único o en partes regionales. Quienes no conocen o fingen no hacerlo la forma en que está integrada la televisión abierta hablan de cadenas y demás; sin embargo, la realidad es que se trata de una gran cantidad de concesiones locales que se afilian más o menos libremente a otras redes. De hecho, la idea preponderante en el gobierno es seguir con este esquema que resultaría muchísimo más justo y eficiente.
Así las cosas, quien le venga a contar de definiciones cercanas sobre el tema simple y sencillamente le está engañando.
Muchos huevos
En esta columna le advertíamos sobre el error de cálculo que estaría cometiendo la Secretaría de Economía, encabezada por Bruno Ferrari, al ceder a las presiones de Grupo Bachoco que pretendían dificultar la importación de piezas de pollo de EU hacia México. La empresa que encabeza el ex gobernador de Sonora, Eduardo Bours, tiene un poder prácticamente monopólico sobre estos productos, lo cual se ha reflejado en muy fuertes incrementos de precios. De hecho, hay evidencias de incrementos superiores a 28% en diversas presentaciones de huevo y de hasta más de 30% en piezas de pollo. La posición de la Secretaría de Economía es sumamente compleja, pues por un lado debe promover la libre competencia y evitar las prácticas anticompetitivas, pero por el otro, debe tener la función de ayudar a que los consumidores no vean afectados sus bolsillos. Es necesario permitir que se siga importando, en condiciones adecuadas, pollo y huevo de EU para evitar prácticas monopólicas que dañan el bolsillo de la población.
