Parecería que Juan José Suárez Coppel y un sector de la directiva de Petróleos Mexicanos tienen una perversa obsesión sobre la participación de la paraestatal mexicana en Repsol.
Como seguramente sabe, a principios del último trimestre del año pasado Pemex anunció que había llegado a un acuerdo con Sacyr Vallehermoso según el cual llegarían a tener 29.5% de Repsol y que votarían de una manera conjunta.
Los voceros oficiosos de Pemex se precipitaron a decir que ese convenio daría a la paraestatal mexicana la posibilidad de obtener combustibles a mejor precio y tener acceso a tecnología de punta, especialmente en la explotación de pozos profundos. Evidentemente era una tontería, puesto que, entre otras cosas, implicaría conflictos de interés. También despertó una reacción absurda y ultranacionalista de algún grupo de políticos españoles quienes veían en esta promesa una suerte de violación a su derecho. El efecto neto fue que muchas empresas españolas que laboran en México tuvieron que operar para evitar una reacción como la que se estaba cocinando.
De una manera tardía, los de Suárez Coppel dijeron que Pemex buscaba mejorar la calidad de la administración de Repsol y mejorar el precio de la acción. Jamás explicaron cómo eso puede ser una prioridad de una paraestatal mexicana.
En aquel momento, Pemex no atinó a responder preguntas básicas: ¿Cómo Pemex puede mejorar la calidad de una empresa que, comparativamente, es mejor y más competitiva? ¿Cuáles son las perspectivas de mediano y largo plazos de la cotización de esa acción y cómo la mayor presencia en el consejo mejoraría su valor de mercado? También se tapó a las voces que decían que Sacyr estaba usando a la paraestatal mexicana como un plan B (en el mejor de los casos) y que si lograba, como ocurrió en los últimos días del año pasado, una reestructuración de su deuda, pues no necesitaría a la paraestatal mexicana.
Cuando la mayoría de los consejeros rechazaron el aumento de capital, era evidente el juego de Sacyr; sin embargo, las justificaciones de Suárez Coppel resultaban pueriles diciendo que se buscaría un mejor momento y cosas así. El hecho, ya consumado, de que Sacyr logró una reestructura, hizo a Pemex totalmente al lado. Las reacciones siguen siendo punto menos que ridículas: Por un lado, dicen que buscarán otro vehículo, ahora sí acordado con la mayoría de los accionistas, y que estudiarán acciones legales en contra de Sacyr.
Lo que sigue sin explicar claramente Suárez Coppel es cuál es la utilidad y rentabilidad para Pemex de esta inversión y por qué parecería que hay una obsesión particular del director de la paraestatal mexicana.
Los cuates
Todas las señales indican que en la agenda del sector de las telecomunicaciones vivirá un cambio fundamental durante este año. Quienes tradicionalmente hacen promesas vacías o tratan de imponer su punto de vista personal la irán teniendo cada vez más y más difícil, puesto que por un lado la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, encabezada por Dionisio Pérez-Jácome, tomará un papel muchísimo más activo en el marco de sus responsabilidades. Por otra parte, la posiciones cínicas que tienen algunos de usar sus encargos como si fueran un lugar para echar una manita a los cuates, pues la tendrán cada vez más difícil. De hecho, habrá que estar muy pendientes en los próximos días porque los excesos serán denunciados de una manera muchísimo más enérgica.
Lo fácil
Cuando los legisladores quieren tomar posiciones que suenan muy populares dentro del sector financiero eligen a la banca como un blanco verdaderamente fácil, aun cuando estén proponiendo ridículos que, en el menos malo de los casos, tienen un impacto mínimo en el bienestar de los usuarios. Vamos, en no muy pocos casos hacen ofrecimientos que van en contra de los usuarios y de la bancarización. La novedad ahora es que supuestamente se está buscando que se cobre una sola comisión por el uso de los cajeros automáticos. No nos detendremos mucho en analizar que la inmensa mayoría de las operaciones que se dan en estas terminales remotas no tienen costo para el usuario y, más allá, tienen una base competitiva bastante firme. Hoy, un usuario puede elegir, más o menos con facilidad, dónde le es depositada su nómina y, por lo tanto, tiene que interesarse en instituciones que tengan una amplia red de cajeros automáticos. O, mejor aún, seguir con el proyecto de la Secretaría de Hacienda y el Banco de México, encabezadas respectivamente por José Antonio Meade y Agustín Carstens, de seguir aumentando la penetración de los servicios bancarios, es decir, hacer que la gente no tenga que recurrir masivamente a terminales ATM. Sin embargo, suena bien hablar de bajar comisiones y de fijar una sola. Olvidan que los cobros podrían venir por otro lado o, peor aún, con la limitación de sus servicios y expansión. Como sea, Jaime Ruiz Sacristán y Luis Robles, quienes encabezan la ABM, tendrán que refrenar, con argumentos, las intenciones populistas de algunos.
Cuál cobertura
Sería bueno que los responsables del Seguro Popular explicaran a la población con mayor claridad cuál es la cobertura que ofrecen. En la medida en que hay una mayor cantidad de afiliados, está surgiendo una suerte de frustración, puesto que al momento de recurrir a los servicios descubren que, lamentablemente, tienen que seguir pagando por estudios, procedimientos y medicamentos que siguen siendo tan ruinosos para su salud y economía como lo eran antes de esta cobertura.
