No que no

El problema del sector de telecomunicaciones es la falta de reguladores.

Durante muchos años he sostenido en esta columna que el problema de las telecomunicaciones no es el exceso de litigios.

Que tampoco lo es que sea un mercado subexplotado con un gran potencial de crecimiento y, por lo tanto, de generar utilidades para quienes participan en él.

Siempre hemos sido muy claros en el diagnóstico: el corazón de los problemas de este sector ha sido la falta de reguladores. De árbitros con inteligencia y capacidad que más allá de sus intereses particulares, vean al sector de las telecomunicaciones como un todo en el que la paz y la tranquilidad construyen no sólo a favor de las empresas sino de los consumidores que hoy no tienen acceso a los servicios o que tienen que pagar un importante sobreprecio por la ineficiencia.

Se ha perdido demasiado tiempo en tonterías como la doble ventanilla o las diferencias entre el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), el subsecretario de Comunicaciones y el mismo secretario del ramo. Más de una década de ese tipo de cosas.

Cuando Dionisio Pérez-Jácome llegó a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), señalé abiertamente que se trataba de una noticia esperanzadora. El paso del tiempo fue demostrando que estaba en lo correcto, puesto que se trata de un hombre con buenas maneras que sabe construir a partir de un diálogo.

En todo momento el titular de la dependencia y su subsecretario, Héctor Olavarrieta, han tenido la virtud de no caer en provocaciones ni en excesos verbales para construir acuerdos entre las empresas.

Ellos, a diferencia de otros, no tienen una agenda cargada hacia alguna empresa o tiene un plan electoral al servicio de su trabajo. Como un excelente administrador público se ha dedicado a construir el bien de México y, en esa trinchera particular, del sector de las telecomunicaciones. Los resultados están a la vista.

Buen Fin

Siguen los festejos anticipados por El Buen Fin. La Concanaco, obsesionada con robarse una medalla que le corresponde a Iniciativa México, puesto que fue en su seno donde se gestó este programa de descuentos al estilo del viernes negro de Estados Unidos, ha comenzado a dar cifras alegres en torno a lo que implicó El Buen Fin. Por lo menos ellos esperaron un poco y no como el secretario de Turismo de la Ciudad de México que antes de que terminara ya hablaba de la derrama económica para la capital. Bueno, todo en pos de mantener una mínima esperanza de aspirar a ser candidato del PRD al gobierno de la Ciudad de México. Lástima, los de Andrés Manuel López Obrador ya hasta eso se agandallaron y, en una de esas, Marcelo Ebrard no llegará ni al Senado de la República. Como hemos señalado claramente, no puede verse el efecto neto del Buen Fin hasta después del 6 de enero por una razón muy sencilla. ¿Cuánto se desplazó de ventas? Si la gente adelantó compras durante ese fin de semana y disminuyen en diciembre o el Día de Reyes, pues entonces así se podría encontrar un efecto neto adecuado. Si El Buen Fin funcionó, como se esperaría, pues entonces las ventas generales en el último trimestre del año habrían crecido. Un ejemplo más. Es evidente que quienes hicieron mayor cantidad de ventas fueron los vendedores de artículos electrónicos, especialmente pantallas. Habrá que ver cuántas se venderán en diciembre y si no desplazan ventas de ropa y/o juguetes. Seamos claros, El Buen Fin fue una buena idea y hasta el momento sólo puede decirse que tuvo un arranque muy prometedor; sin embargo, hablar de datos concretos sólo puede hacerse con toda la información completa.

Descalificadas

Entre los más grandes culpables de la crisis que estalló en 2008 en Estados Unidos, que aún no ha sido solucionada, así como de la caída que se ha registrado en las economías internacionales son las calificadoras de valores. Desde aquel momento se aprendió que alta calificación no significa bajo riesgo, puesto que estas empresas que tienen incentivos equivocados puesto que les paga a quien deben calificar y por lo tanto se convierten en procíclicas. Una suerte de juez que, como hemos dicho desde hace una década, cada vez pierde más y más autoridad moral. Ahora resulta que, siguiendo el ciclo de lo que todos quieren oír, las calificadoras de valores son excepcionalmente duras con las naciones europeas. Planes como el que anunciarán hacia este fin de semana Alemania y Francia, pues no les gustan porque ahora están en el lado negativo y ponen a prácticamente a todo el mundo en revisión a la baja. Una de las preguntas que deberían responder estas empresas es dónde estaban cuando en países como Francia, Grecia, España, Estados Unidos, Italia estaban haciendo cualquier cantidad de barbaridades económicas. Desde este momento se puede anticipar la respuesta: Aplaudiendo como focas amaestradas todo lo que pasaba pues así cobraban. Es necesario que se comprenda de una vez por todas que el esquema de las calificadoras de valores no sirve. Actúan sin ningún sistema de corresponsabilidad con sus opiniones y no ofrecen una imagen certera de lo que ocurre.

Ni una

Roberto González Barrera, Guillermo  Ortiz Martínez, Alejandro Valenzuela y todos los de Banorte-Ixe no dejan pasar una sola oportunidad de advertir sobre el riesgo que representa que la banca se encuentre en manos mayoritariamente extranjeras y que las matrices estén en problemas.

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