Palabra empeñada

- Las reformas estructurales harían más fácil el próximo gobierno.

Según las cuentas de Javier Lozano, van más de 140 días de que en el PRI se prometió que habría reformas estructurales sin que, hasta el momento, eso suceda. Vamos, no parecería que haya alguna intención de hacerlo, por lo menos hasta que pase la elección presidencial.

Es difícil comprender las matemáticas que hace el partido que tiene en Enrique Peña Nieto al aspirante que, hasta el momento, tiene las mayores oportunidades de ganar las elecciones del año próximo.

El entorno internacional está enviando señales mucho más que claras de que se requiere no sólo mantener la estabilidad económica sino tomar medidas reales (no ofertas milagro) para aumentar el empleo y la competitividad de la economía a favor de sus habitantes.

Es evidente que si se hace una reforma de alto calado (como bien podría ser la laboral, energética o hacendaria) no tiene resultados inmediatos más que en el ánimo de las personas, es decir, esto implicaría que si se toman estas medidas correctas su impacto se sentiría en los primeros años del próximo gobierno.

Seamos claros, contar con estas reformas estructurales haría muchísimo más fácil el siguiente gobierno. No sólo le daría un fuerte impulso sino que, además, consolidaría un fuerte liderazgo. Sin embargo, parecería que en el ánimo de los políticos que juegan a la especulación electoral les da miedo que hacer lo correcto en estos tiempos pudiera significar un apoyo para Acción Nacional y quien fuera su candidato presidencial (siempre y cuando no fuera el caduco Santiago Creel quien, en su profunda miopía, está boicoteando las medidas de Felipe Calderón) pudiera obtener ventajas electorales.

La lectura es razonablemente sencilla: No se hace lo correcto por miedo a no obtener ventajas electorales de corto plazo aun cuando eso implique que el próximo gobierno, encabezado por priistas, tenga un inicio mucho más lento de lo que podría ser y, peor aún, haciendo a un lado las necesidades de los mexicanos.

Si el presidente del PRI cumpliera en el sentido de hacer reformas estructurales, sería verdaderamente dudoso que, por esa causa, Peña Nieto perdiera la ventaja que, hasta el momento, tiene en las encuestas de intención de voto.

Los tiempos de la mezquindad política deberían llegar a su fin e ingresar a una época en la que los cambios que demanda el país no sean rehenes de un interés electoral de corto plazo.

No es lógico

Todavía no es un hecho, puesto que no se han presentado las comprobaciones de que ya se transfirieron los 400 millones de dólares que, según Iván Barona y su larga cauda de voceros, se etiquetarán para el rescate de Mexicana de Aviación, hay algunas cosas que simple y sencillamente no son lógicas. Aun cuando se pusiera el dinero, hay preguntas que vale la pena hacerse: ¿Esta cantidad de recursos en cuánto tiempo y cómo se recuperaría? Evidentemente no podrían en un corto o mediano plazos llegar a tener una participación de mercado similar a la que tenía en los nefastos tiempos de Gastón Azcárraga. Y, peor aún, el tamaño no garantiza rentabilidad. Uno de los vicios más comunes en la industria de la aviación es la guerra tarifaria que, en todos los casos, ha terminado en fracaso.

En los tiempos del perseguido por la justicia Azcárraga, el objetivo era ganar participación de mercado y de ahí que se tomaran una gran cantidad de errores que terminaron en esta tragedia. Así las cosas, bien valdría la pena preguntar a Barona si su plan de negocios considera inversiones adicionales o para cuánto tiempo alcanzarían fondos que en su mayoría están comprometidos para pagarle a trabajadores y acreedores. Independientemente de la libertad económica, habría que cuestionar a Barona y su fondeador, a quien se le conoce con el apodo The Banker, realmente cuáles son sus planes en caso de que no resultara esta inversión, que todavía está en el terreno de la especulación, qué harían.

El monto que deberían comprometer, en cuanto a las oportunidades reales de negocios, hace suponer una gran cantidad de estrategias para desmantelar los activos rentables de la línea aérea o hacer operaciones de otro tipo que deben ser vigiladas por la Secretaría de Hacienda y la Procuraduría General de la República. Si el dinero llegara, habría que dudar de lo razonable de la inversión y cuál podría ser el plan oculto de hombre que no tienen la mejor de las reputaciones.

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