Cruda mundial

- Los mal llamados países del Tercer Mundo han hecho un buen trabajo.

Luego de años en que el populismo campeó por el mundo con sus efectos engañosos, hoy parecería que las naciones están volviendo a lo que algunos tratan de calificar peyorativamente como tecnócratas, cuando en realidad son expertos en el manejo de la economía quienes, mucho más allá de su filiación política, comprenden que hay políticas correctas e incorrectas.

Durante un periodo se pusieron de moda aquellos que prometían soluciones mágicas. En España, un gobierno que, prometiendo seguridades sociales y entretenido en asuntos francamente frívolos, olvidó que el “milagro español” se construyó, en lo económico, con base en la disciplina y la suma de políticas correctas.

En Grecia y Portugal, después de realizar grandes esfuerzos para cumplir con los estándares económicos de la Unión Europea, se fue dando paso a la tentación de expandir el gasto de ceder a los caprichos de las burocracias.

En naciones como Italia y Francia se olvidó que el gobernante no debe ser un payaso que aparezca en la prensa del corazón, donde los equivocados e irresponsables actos de gobierno son eclipsados por sus bodas, divorcios, amoríos y demás ridiculeces que deberían dejarse para artistas con poco talento que buscan alguna manera de ser notorios.

En Estados Unidos, los votantes no eligieron a una persona que pudiera enfrentar los efectos negativos de la crisis financiera 2008 sino a un tipo que, entre sus gracias, utilizaba las redes sociales y prometía soluciones mágicas. Los resultados saltan a la vista en aquel país: siguen perdiendo competitividad con un gasto desbordado que cobra una factura verdaderamente dolorosa para sus habitantes.

Si se realiza un análisis de las elecciones que se han dado en estas y algunas otras naciones, los electores están prefiriendo políticos serios quienes tomen las decisiones adecuadas. Hombres con altas capacidades financieras y, al menos en la campaña, una gran seriedad.

En los países desarrollados se vivió una gran borrachera populista, donde por lograr una expansión económica ficticia se olvidaron los fundamentos de la economía y se optó por aquellas medidas de relumbrón, las cuales, además, eran cubiertas por gobernantes quienes engañan a la población mostrándose como si fueran rock stars y no mandatarios responsables de la prosperidad de sus pueblos.

Actuación responsable

Durante ese lapso, muchos de los países del llamado peyorativamente Tercer Mundo, señaladamente México, han realizado una tarea correcta y adecuada en materia económica. Este país, desde que Ernesto Zedillo logró corregir los problemas generados no sólo por las malas políticas económicas de Carlos Salinas sino de su propia mala selección de secretario de Hacienda, inició una senda de crecimiento que, afortunadamente, no fue dañada por el gobierno populista de Vicente Fox. Si bien este hombre cumplía con todas las características de los gobernantes populistas de principios de la década, tuvo el acierto (quizá involuntario) de mantener a Francisco Gil Díaz como titular de las finanzas públicas. En la medida que se acercan las elecciones de 2012, la gran pregunta debe ser para los mexicanos: ¿romper el orden económico que, indudablemente está trayendo beneficios para los habitantes del país, para llegar tarde a la moda de presidentes estrellas del corazón con un gran costo para el erario? Es evidente que algunos aspirantes a gobernar ofrecen el populismo añejo, rancio, y otros más que parecerían llegar tarde a las modas que hoy muestran la cara más dolorosa de su fracaso. Hoy que, por primera vez en los tiempos modernos (quizá desde la gran época del desarrollo estabilizador), México se ha convertido en un ejemplo de solidez en las finanzas públicas, de crecimiento ordenado con una de las inflaciones más bajas del mundo. Es momento de considerar, con toda seriedad, si los mexicanos tomamos la estafeta de ser una nación que se ha convertido en ganadora o llegar tarde a la moda de presidentes ridículos que, incluso, ya están siendo sacados de las naciones que destruyeron.

Viejas trampas

Según Iván Barona y sus voceros oficiales (Felipe Consuelo, Gerardo Badín, Fernando Perfecto, Miguel Ángel Yúdico), los 400 millones de dólares para rescatar a Mexicana de Aviación ya están en México, pero (como siempre) tiene un truco. La realidad es que, mucho más allá de la validación financiera que necesariamente tendrán que hacer las autoridades financieras, la realidad es que no se ve razonabilidad financiera en “invertir” 400 millones de dólares en quedarse con los despojos que dejó Gastón Azcárraga y su gente, quienes siguen tratando de engañar diciendo que ellos ya la libraron. Parecería que hay una connivencia entre todos los apoyadores de Barona. La realidad es que, como hemos señalado desde hace ya muchos meses, el camino más adecuado es la quiebra, en lugar de seguir perdiendo el tiempo en fantasías irracionales. De hecho, Javier Lozano ha hecho llamados en el mismo sentido que han causado una fuerte reacción en contra del secretario del Trabajo quien, sin duda, tiene razón. La versión del supuesto inversionista parte de una base equivocada. Que con los aviones, que están fuera de la masa del concurso, que tiene Bancomext, se le podría dar trabajo a casi todos los trabajadores de la línea aérea quienes, de por sí, eran demasiados cuando ficticiamente CMA era la aerolínea más grande del país. Más allá, una cantidad de recursos, real, de estos fondos alcanzaría para hacer una línea aérea muchísimo más sólida. No cargando una gran cantidad de problemas… La operación de Barona no suena lógica ni seria.

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