Es evidente que Mony Sacha de Swaan es un hombre que no sabe escuchar consejos, frívolo y, ahora se sabe, también muy preocupado por su comodidad.
Resulta que mientras hay una gran cantidad de temas atorados en el sector de las telecomunicaciones por la mezcla perversa entre la inacción y las decisiones equivocadas, el presidente de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) está muy preocupado por hacer maletas.
Cuando se decidió la ubicación de esta comisión se acordó ponerla en Bosques de Radiatas porque era justo la época en que se consideraba que esa zona del poniente de la Ciudad de México concentraría una gran cantidad de corporativos, especialmente bancarios y de telecomunicaciones. Sin embargo, a Mony Sacha no le gusta el rumbo donde está su oficina. Él es totalmente Condesa, una zona de la capital que está de moda no por las facilidades de tránsito, estacionamiento o para establecer oficinas, sino por los restaurantes, antros y centros de diversiones. Cuando se piensa en esta colonia la gente no imagina ir a trabajar sino a divertirse. De hecho, quienes trabajan en la Secretaría de Economía (el único gran edificio de esa colonia) hablan continuamente de los problemas viales, estacionamiento y, en general, de comunicaciones.
Sin embargo, a Mony Sacha no le gusta salir de la colonia en donde vive, ahí se siente cómodo y tranquilo, al grado de que le parece que Bosques de las Lomas está muy lejos. Para él, lo más lejos que se mueve es a Polanco. Trata de justificar diciendo que se lograrán supuestos ahorros del orden de 500 millones de pesos, sin que exista un estudio serio. La zona de la ciudad que se está recuperando para espacios de oficinas es la de Reforma, donde los bancos están concentrándose nuevamente.
Llevar la Cofetel a la Condesa sólo puede explicarse por la comodidad de su presidente y no lo más útil para sus empleados y regulados.
Muy complicado
Cuando Pemex y Sacyr anunciaron su convenio para votar de común acuerdo y que la paraestatal mexicana invertiría mil 200 millones de euros en lo que oficialmente busca mejorar la calidad de la administración de Repsol y, por lo tanto, el valor de su acción, muchos se han preguntado cuál es el sentido de una transacción de este tipo.
Jordy Herrera está haciendo algo que ronda entre la tibia defensa y la declaración para cumplir el expediente hablando en términos bastante teóricos sobre la posibilidad de proteger las inversiones internacionales de esta paraestatal en el mundo que, en el mediano y largo plazos mejoren su rentabilidad. Hasta el momento nadie sabe bien a bien cuál era la necesidad de entrar en esta guerra, puesto que lo hicieron a la espalda del Consejo de Administración de Repsol, que reaccionó de una manera altamente defensiva. Hoy no se perderá el tiempo en esta columna en las posiciones ultranacionalistas de algunos sectores que, lejos de servir para algo, sólo taparon lo que realmente estaba sucediendo. Sin embargo, hay tres puntos que deben destacarse a raíz de esta historia.
Primero. Juan José Suárez Coppel volvió a mostrar que no le gusta escuchar a los consejos de administración que, sin lugar a dudas, son el órgano máximo de una compañía. No olvide que los consejeros independientes de Pemex se han quejado en reiteradas ocasiones de que no son considerados por el director de la paraestatal, como por ejemplo cuando declaró en Estados Unidos que este año (que evidentemente ya está por concluir) se compraría una refinería en aquel país.
Segundo. Se hizo evidente la incapacidad de Pemex para comunicar adecuadamente lo que estaba intentando en España, puesto que no faltaron aquellos quienes dijeron que se buscaba garantizar precios para los energéticos y tener acceso a tecnología, lo que era un conflicto de interés.
Tercero. Parecería que el director de Pemex está más comprometido con el desarrollo de otros países que con México. Todavía no han podido terminar con el estudio técnico previo a la colocación de la primera piedra de la refinería que prometieron en Tula, lo que ya francamente es una burla de la peor calaña.
Se pospuso
A pesar de que estaba en la agenda de la Suprema Corte de Justicia de la Nación la discusión de la controversia constitucional presentada por los senadores en contra del decreto presidencial que adelantaba el llamado apagón analógico, la discusión fue pospuesta hasta el 10 de noviembre. Como le dimos a conocer ayer, en exclusiva, sin lugar a dudas será un durísimo revés para el presidente Felipe Calderón, y en particular para el presidente de la Cofetel, Mony Sacha de Swaan (quien junto con Juan Molinar Horcasitas ideó el decreto a espaldas de la industria y de los legisladores). Si algo puede esperarse del Presidente sería que aprenda la lección y comprenda que no puede seguir avanzando por el camino de la confrontación y el enfrentamiento, que se debe preferir la ruta de la conciliación y del sentido común. A Mony Sacha poco puede pedírsele, puesto que no sólo ha cerrado ojos y oídos a las recomendaciones del sentido común sino que, peor, mantiene el capricho y sigue tratando de darle la vuelta a la razón. Habrá que estar pendientes de esta discusión, ya que todas las señales indican que el jefe del Ejecutivo volverá a perder en contra del Congreso en tribunales.
