Parecería que los presidentes de las comisiones de Competencia y Telecomunicaciones han decidido aplicar la táctica del avestruz moderno: esconderse de sus obligaciones haciendo declaraciones aparentemente polémicas sobre temas que no les corresponden o yendo a supuestas gestiones internacionales que, realmente, son el pretexto para no hacer su trabajo.
Ávido de los reflectores y fanático de hacer declaraciones supuestamente de cero costo para él, Eduardo Pérez Motta está de regreso con su verborrea recargada. Está obsesionado con el tema de las telecomunicaciones como si fuera el único tema de la economía que tiene problemas de competencia.
¿Cuántas veces ha oído hablar a este hombre de la industria refresquera, cementos o venta de boletos para eventos?
Está metido con las telecomunicaciones porque es el más “mediático” y le está permitiendo regresar a las primeras páginas y los comentarios en la prensa. Quizá para demostrar que sus excesos verbales no sólo están destinados a Telmex-Telcel, lo que ha detenido el proceso para determinar si hay lugar a sanciones por prácticas monopólicas en contra de este grupo de empresas, ahora ha tratado de generar agenda declarativa en la alianza Televisa-Iusacell. Lo que debería hacer es terminar los estudios para determinar si el pleno de la Comisión Federal de Competencia (CFC) autoriza o no esta operación.
Sin embargo, ya encarrerado también ha tenido saliva para invadir a otras esferas de la economía nacional. Dice que sus “accionistas” son los “consumidores”, invadiendo claramente las atribuciones de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), que tiene como procurador a Bernardo Altamirano.
Las funciones de la CFC son regular y promover la competencia, no tutelar los derechos de los consumidores, así que debería referirse a usuarios no consumidores.
Y no paró ahí sino que decidió robarse la agenda de Cofetel, quizá aprovechando la ausencia de Mony Sacha, dictándole a los comisionados (quizá ya no le sirve sólo tener capturados a los de CFC) de telecomunicaciones lo que deben hacer en materia de licitaciones de televisión abierta.
Independientemente de que Cofetel ha hecho bien este trabajo no le corresponde a él y, además, por el bien del sector no debería meterse. Ahí están los errores que cometió Pérez Motta en la licitación 21 del espectro en la que no sólo se disminuyeron los ingresos para el Estado sino que está tan cuestionada en tribunales que Nextel no puede usarla.
Quienes sí asisten regularmente a trabajar en Cofetel se preguntan, con molestia, qué le pasa al presidente de la CFC que no entiende cuál es su papel.
Muy escondido
Por su parte, Mony Sacha de Swaan aplicó el plan de irse a París a negociar quién sabe qué cosas (quienes lo defienden dicen que súper importantes) con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). No importa que la Secretaría de la Función Pública, encabezada por Salvador Vega Casillas, haya iniciado una investigación por supuestas violaciones de su encargo como presidente de Cofetel o que se esté dando una disputa mucho más que fuerte sobre las trasmisiones que hace Telmex de los Juegos Panamericanos. Mientras que la posición de la empresa encabezada por Carlos Slim es que se trata de trasmisiones de internet y cuestionan que se esté frenando el desarrollo de este sector, Televisión Azteca presentó una denuncia no sólo en contra de Telmex por violar su título de concesión desde 2008 sino en contra de Mony Sacha, puesto que desde 2008 la Cofetel opinó que no se podrían hacer este tipo de trasmisiones. Es lamentable que el asunto tenga que resolverse en tribunales cuando el supuesto encargado de regular las telecomunicaciones prefiere evadir los temas urgentes para evadirse. Tristemente Mony Sacha no es un hombre que guste de escuchar opiniones que no le son profundamente elogiosas y que evada cuando es cuestionado por temas como el TDT.
Respuesta patronal
Ante las opiniones recogidas por esta columna sobre miembros de tripulaciones de Aeroméxico que hablan de fatiga y riesgos, la línea aérea que dirige Andrés Conesa considera que en general la planta de pilotos está contenta puesto que ciertamente están volando más que antes y por lo tanto generando mayores ingresos. Una de las quejas de los pilotos era que los usaban menos de lo que indicaban el contrato colectivo y la ley, lo que repercutía en menores ingresos para ellos. Aeroméxico es particularmente claro en señalar que no vuelan por encima de lo que marca la ley y que, en promedio, todavía se encuentran por debajo de lo que vuelan los pilotos de las aerolíneas nacionales con las que compiten. Establecen que el sindicato y la empresa tienen buenos acuerdos para el crecimiento de Aeroméxico, se incluyen estudios por profesionales independientes sobre los niveles de fatiga de los pilotos y las tripulaciones.
¿Y el dinero?
En los muchísimos dimes y diretes que siguen tratando de mantener la ilusión de que es posible el rescate de Mexicana de Aviación hace justamente una semana se aseguraba que había un grupo español que ya casi ponía el dinero y que el lunes (pasado) se sabría el resultado. Pues siguen acumulándose los días en el calendario y, como le hemos señalado, la posibilidad de que se dé un salvamento de esa línea aérea es tan remota como cuando la quebró con sus indebidas prácticas corporativas Gastón Azcárraga, quien cada vez se encuentra mucho más perseguido.
