Petróleos Mexicanos (Pemex) camina por la ambigüedad y la indefinición.
Sigue dependiendo de un sindicato que, lejos de promover la eficiencia, es un mecanismo de control político que lo convierte en una suerte de barrera natural ante cualquier cambio.
El sindicato de Pemex es, junto con el de la Educación, un botín político que se vende al postor que les garantice no sólo que mantendrán sus prebendas sino que, además, podrán incrementarlas. Así, los gobernantes o quienes aspiran a serlo le tienen un pánico reverencial.
Enrique Peña Nieto no sabe cómo salirse de sus declaraciones (por lo demás correctas) en el sentido de que la paraestatal se beneficiaría de una mayor inversión privada. Es necesario dejar claro que el único país que mantiene este régimen arcaico e ineficiente es México, pero el aspirante del PRI parece que se asustó ante los mitos nacionales y el levantamiento de ceja sindical.
La supuesta búsqueda de autonomía a Pemex no se ha convertido en una mayor transparencia. Ahí están las muy cuestionables operaciones de compra de gas LP en las que, evidentemente, se están pagando sobreprecios en contra de los consumidores de este producto.
Sigue sin quedar claro el beneficio para México de invertir mil 200 millones de euros en incrementar la participación dentro de Repsol. ¿Realmente mejorar el precio de una acción y la administración de una empresa extranjera es la mejor manera de usar los recursos de los mexicanos? ¿Cuál es la rentabilidad económica y social?
Oscuridad casera
Cuando se hizo la más reciente reforma en el sector energético se comprometió la construcción de una refinería en México. La mala administración de Pemex hizo que supuestamente una decisión técnica se convirtiera en un desperdicio de dinero no sólo para los contribuyentes de Hidalgo sino también para los de Guanajuato.
Hoy hay quienes dentro del gobierno y Acción Nacional cuestionan el sobreendeudamiento de la entidad que comanda Francisco Olvera; sin embargo, no reconocen que más de la tercera parte es producto de un timo del gobierno federal. Se les hizo pagar con sobreprecio los terrenos con la promesa de que, si se los “donaban” a Pemex, se construiría una refinería que detonaría una gran cantidad de proyectos para el centro del país.
Según la versión oficial de la paraestatal que dirige Juan José Suárez Coppel “están haciendo los estudios técnicos” y ni siquiera han comenzado la construcción de la barda perimetral. Una de dos: O es un pretexto bastante burdo o hay una gran incapacidad en Pemex, puesto que supuestamente hicieron una licitación técnica antes de elegir el lugar y en más de un año no han podido hacer un plan.
La primera alternativa es la más viable. Pemex no está interesada en hacer esta obra, a la que se habían comprometido, porque no la consideran rentable, aun cuando sí destinar una gran cantidad de recursos para, supuestamente, mejorar la cotización de una acción en contra de los demás consejeros y la administración en el muy deprimido mercado español.
Es importante recordar que Suárez Coppel, sin haber consultado a los consejeros independientes de Pemex, prometió hace unos meses que la paraestatal compraría una refinería en Estados Unidos. Es poco probable que lo haga, pero sí marca una línea de comportamiento. Parecería que a la administración le gusta ver más hacia fuera del país que dentro del territorio nacional.
El eterno
Francisco Hernández Juárez es fanático de autoconvencerse de que los más de 30 años que tiene al frente del sindicato de trabajadores de Telmex es porque los miembros del sindicato lo aman y que no hay nadie mejor que él.
Si fuera cierto eso sería una muestra más de su fracaso como líder sindical que, en más de tres décadas, no ha logrado formar cuadros que le sucedan o que tengan talento. ¿Qué va a pasar el día en que, por razón natural, muera? Quizá cree que también es inmortal.
Este hombre llegó a la secretaría general del sindicato de Telmex argumentando falta de democracia y que su antecesor se había quedado demasiado tiempo.
La permanencia de Hernández Juárez se explica, como en la inmensa mayoría de los sindicatos, por la falta de transparencia y procesos democráticos como los que propone la reforma laboral planteada por el PAN.
Evidentemente gana porque los trabajadores temen, en votaciones abiertas, estar en la oposición, porque saben que serán castigados sin importar cuál sea su desempeño laboral.
La molestia que ahora tiene Hernández Juárez en contra del secretario del Trabajo, Javier Lozano, es que no le gusta el espejo en el que lo hicieron verse.
Viernes negro
Grupos de la iniciativa privada, señaladamente el CCE, impulsan una idea que, lamentablemente, ingresará al catálogo de buenas ideas que no fructifican por la improvisación, las prisas y la copia sin entender las diferencias nacionales.
Desde hace pocos días impulsan que haya una suerte de ofertas en un fin de semana de noviembre, imitando las que se hacen después del Día de Gracias en EU. La idea, que teóricamente podría impulsar las ventas, tiene una gran cantidad de obstáculos de coordinación y orden.
¿Y Mexicana?
Parecería que se trata de un cuento de nunca acabar. Si no caen 300 millones de dólares, simple y sencillamente serán puras habladas.
