Precisiones necesarias
En unos días conoceremos las reglas de créditos a estados y municipios.
Hay quienes no sólo están confundidos sino generando confusión sobre lo que está sucediendo en cuanto a las regulaciones crediticias.
No han faltado aquellos que dicen que las nuevas reglas para otorgar crédito a los estados y municipios son una respuesta a la deuda de Coahuila (reestructurada desde el viernes) y algunas otras entidades.
Desde que Agustín Carstens asumió la gubernatura de Banco de México tiene claro que bajo su mando no habrá una crisis bancaria. Ya hace mucho tiempo le informamos en esta columna que no sólo estaba asumiendo todas las áreas que por ley le corresponden al instituto central y que de alguna manera habían sido delegadas tanto a la Secretaría de Hacienda como la Comisión Nacional Bancaria y de Valores sino que, además, estaba en un proceso de imponer nuevos parámetros de vigilancia que evitaran una crisis.
Carstens sabe que el mejor momento para establecer regulaciones es en tiempos donde no hay problemas, puesto que se evitan y es más fácil tomar este tipo de determinaciones.
Desde hace ya mucho tiempo se ha venido trabajando en un cambio radical en la manera en que se califican los créditos. Tradicionalmente las reservas se creaban sobre las pérdidas generadas y ahora la nueva filosofía es crear reservas sobre pérdidas esperadas.
Las autoridades financieras, de común acuerdo con la Asociación de Bancos de México, han venido cambiando los parámetros de otorgamiento de crédito y la creación de reservas. Ya se hicieron los cambios en los financiamientos con tarjeta de crédito e hipotecarios.
En unos días más se darán a conocer las nuevas reglas para créditos de estados y municipios. Esta nueva fórmula considera una larga lista de requisitos diferentes que tienen que ver sobre pérdidas esperadas y ya no sobre la calificación de los estados.
Desde hace muchísimos años hemos venido señalando que las calificadoras de valores no sirven para dar una idea de la situación real de una empresa.
No únicamente porque son aterradoramente procíclicas sino porque, además, tienen incentivos equivocados ya que les paga quien es calificado. Así, para mantener al cliente suelen darle la espalda a su responsabilidad con los inversionistas.
Más allá, desde 2008 es más que evidente que alta calificación no significa bajo riesgo. Desde aquella crisis financiera mundial no sólo se trabajó en lograr los acuerdos de Basilea III, que los cumplen prácticamente todos los bancos nacionales, sino además generar nuevas valuaciones de riesgo.
En las nuevas reglas, la valuación de una calificadora pasará de ser todo a menos de la quinta parte de los criterios.
Tan se ha venido trabajando desde hace muchos meses en esta nueva regulación que una gran parte de los miembros del gremio que preside Jaime Ruiz Sacristán podrán cumplir con la nueva regla para estados y municipios al cierre del tercer trimestre. Los demás estarán listos a fin de año.
Y para que luego no inventen más historias es necesario hacer saber que se está trabajando también en las reglas para el resto de los créditos. De hecho, la siguiente etapa tiene que ver con financiamientos a empresas.
No permita que lo malinformen inventando historias. El cambio de las reglas para el otorgamiento de crédito no se ha dado de una manera casuística o coyuntural, sino como parte de un proceso de largo plazo entre las autoridades financieras y la ABM.
Hacia adentro
Si bien es cierto que la posición asumida por una muy buena parte del gobierno español y los consejeros de Repsol es reprobable, pues también es necesario ver aquellas cosas que hizo verdaderamente muy mal José Suárez Coppel, y quienes dentro de Petróleos Mexicanos (Pemex) están en esta operación.
Es un hecho que, de una manera totalmente equivocada y lerda, la paraestatal hizo creer (ellos dicen que es una confusión generada por la prensa española) que el interés fundamental de esta operación era tener acceso a combustibles a más bajo precio y a tecnología, especialmente de exploración de pozos profundos para ponerla al servicio de Pemex.
Es evidente que estas afirmaciones hablan no sólo de un conflicto de interés sino que bordean un delito sancionado por todas las Bolsas de valores de occidente. En el menos malo de los casos se dio oportunidad a los enemigos.
Quizá Suárez Coppel debería hacerle caso a su Consejo de Administración, que sistemáticamente ignora. Es la segunda vez que en temas sumamente sensibles los consejeros le recriminan la falta de información.
Hace unos meses dijo que Pemex compraría una refinería en el extranjero antes de que terminara este año sin avisar al Consejo. También le imputan que no les avisó que aumentarían su participación en Repsol. Seguramente lo hubieran asesorado de una buena manera en cómo hacerlo bien.
Sin necesidad
Las cifras de Canaero dejan claro que no hace falta CMA. Con datos al cierre de agosto se transportó el mismo número de pasajeros que en el mismo lapso de un año antes. Se han abierto 30 nuevas rutas y se ha incrementado la conectividad con el país y el extranjero.
Mientras tanto, sigue dándose cualquier cantidad de versiones según las cuales, ahora sí, aparecerán accionistas con dinero real para salvar a esta línea aérea. Patrañas y más patrañas.
