Paquete económico
Hay quienes creen que el debate presupuestal debe convertirse en una guerra electoral en la que deben anteponerse los intereses partidistas.
Hay quienes parecerían verdaderamente interesados en que el paquete económico se convirtiera en una guerra en la cual no se llegara a acuerdos en la fecha límite y se generara una suerte de crisis en la que todos saldrían perdiendo, puesto que se abriría una ventana por la cual se terminaría de colar la crisis financiera internacional derivada del populismo e irresponsabilidad de gobiernos como el de Barak Obama y José Luis Rodríguez Zapatero.
Hay quienes creen que el debate presupuestal debe convertirse en una guerra electoral en la cual deben anteponerse los intereses de los partidos políticos por encima de los intereses de la nación.
La discusión, claramente, está dada en función de dos posiciones encontradas: los priistas quieren que se entreguen más recursos a los estados y Acción Nacional está empeñado en una mayor transparencia. Prácticamente le podemos dar como un hecho que el efecto será de anulación, es decir, se mantendrá el empate legislativo y no habrá cambios fundamentales en la negociación del presupuesto. Sin embargo, veremos una gran cantidad de fuegos de artificio. Declaraciones tronantes, especialmente de la trinchera de Francisco Rojas quien, extrañamente, sigue creyendo que el país se gobierna con amenazas y chantajes de coyuntura. Como le hemos venido señalando en esta columna, no hay espacio para una “cirugía mayor” o una “batalla presupuestal”. Se dará un debate con muchas declaraciones en el que muy poco se cambiará lo enviado por la Secretaría de Hacienda, hoy encabezada por José Antonio Meade.
Donde sí deberían concentrarse los legisladores es en lograr reformas fundamentales como las que necesita el país: laboral y política para comenzar.
Reforma laboral
Quienes creían que Javier Lozano abandonaría las declaraciones directas después de haber sido el primer panista que decidió no continuar en la búsqueda de la candidatura de Acción Nacional o que su estrella se eclipsaría al grado de dejar el gobierno, fueron desmentidos por la realidad. El tema central en la reunión del G20 ha sido el desempleo, pues es la cara más grave de la crisis financiera internacional. La OCDE ha señalado, por ejemplo, que una de las maneras a través de las cuales México podría tener un verdadero blindaje en contra de la caída de las principales economías del mundo es haciendo reformas estructurales, especialmente la laboral. En este contexto, el secretario del Trabajo culpa directamente a Enrique Peña Nieto de haber frenado, por lo menos en dos ocasiones, la reforma laboral, siguiendo cuentas electorales que van en contra de la mayoría de los mexicanos.
En diciembre del año pasado Claudio X. González (muy por encima de sus atribuciones como líder de iniciativa privada y ante la cobardía del presidente del CCE, Mario Sánchez) fue la punta de lanza para que Francisco Rojas frenara la reforma laboral con base en una verdadera mentira. La más ridícula exhibición del legislador, que es un peón del ex gobernador del Estado de México, fue cuando dijo que no aprobarían la iniciativa de los panistas; sin embargo, ese partido firmó, sin cambiarle una coma, la iniciativa que habían hecho los priistas.
Otra vez Rojas lo frenó con una posición que debería ser vergonzosa en un país democrático. Los seguidores de Peña Nieto saben que una reforma laboral es necesaria; sin embargo, con una increíble mezquindad están frenándola para que su abanderado se ponga las medallas. La posición asumida por este grupo recuerda a la forma en que Antonio López de Santa Anna le negó parque a Pedro María Anaya en la batalla de Churubusco porque temía que si derrotaban a los invasores estadunidenses el crédito sería para Anaya y no para él.
Reforma política
Otra de las reformas pendientes es la política que, inexplicablemente, ya fue aprobada en el Senado de la República y sigue esperando turno en la Cámara de Diputados. En esta columna hemos señalado la urgencia de regular de una manera adecuada a los llamados organismos autónomos, puesto que como se ha visto los abusos de Eduardo Pérez Motta, Mony Sacha de Swaan y Leonardo Valdés hacen evidente que se requieren contrapesos institucionales, pues sus presidentes creen que se trata de su patio de juegos. Es importante señalar que Manlio Fabio Beltrones ha trabajado con gran ahínco en lograr una reforma política; sin embargo, parecería que esta iniciativa se enfrenta al síndrome de Santa Anna que parecería privar entre algunos priistas preocupados sólo por llegar al poder.
Increíble derrota
Si Juan José Suárez Coppel no logra sus cometidos durante la junta de accionistas que realizará hoy Repsol en España, se tratará de uno de los más grandes ridículos de la historia. Es muy sencillo. La operación cumple con las leyes mexicanas y españolas, así que ceder implicaría no defender correctamente los intereses de Pemex.
Castigo necesario
Las calificadoras de valores deben ser castigadas por su muy profunda irresponsabilidad, la cual ha sido demostrada en reiteradas ocasiones. No existe un sistema en el que sean responsables de las opiniones que emiten. Estas empresas que, de entrada, tienen los incentivos equivocados puesto que les paga el calificado y no tienen responsabilidad hacia el público inversionista que, supuestamente, es el que deberían servir. Se tienen que aplicar sanciones verdaderamente fuertes y, adicionalmente, establecer un nuevo marco de operación.
