Aun cuando haya quienes tienen interés en mantener indefinidamente en coma a Mexicana de Aviación (tiene vida artificial), la realidad es que el negocio de la aviación ya cambió radicalmente en México y se deben atender los claroscuros que plantea el sector.
Claro. No se requiere una nueva línea aérea. No es necesario detallar que el número de pasajeros transportados ha crecido desde el cierre de CMA, puesto que Aeroméxico, Interjet, Volaris y VivaAerobus no sólo mantuvieron la transportación sino que crecieron en rutas y destinos.
Oscuro. La línea aérea que preside José Luis Barraza ha concentrado una gran participación de mercado en algunas rutas, lo que (especialmente en momentos de alta demanda) genera que se den prácticas inadecuadas hacia los clientes. El tamaño de una empresa o su participación de mercado, en sí mismo, no implica monopolios; sin embargo, sí le facilita prácticas que deberían ser sancionadas por Profeco y/o la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).
Claro. El gobierno del presidente Felipe Calderón se ha mantenido firme en no rescatar a la línea aérea usando fondos públicos.
Oscuro. Cualquier cantidad de vividores y mentirosos se han congregado en trono a CMA. En su mayoría son grupos que están esperando quedarse con la línea aérea sin poner un solo peso o que, en el extremo, el gobierno les financie la operación siguiendo un esquema político.
Ya ve, hay hasta perredistas, como Lorena Villavicencio, que están regenteando un grupo que no ha dudado en propalar mentiras y falsedades.
Los planes de todos estos vividores hablan de regresar a operar con seis aviones (justo los que son propiedad de Bancomext). En la más creativa de las fantasías que se han dicho sobre esta empresa resultaría una de tamaño bastante pequeño y no existen posibilidades, reales, de que CMA pudiera ocupar el mismo lugar que llegó a tener, víctima de un gigantismo irresponsable y rayano en la ilegalidad por parte de Gastón Azcárraga.
Oscuro. Se perdieron ocho mil empleos directos y sólo se recuperarán muy pocos en la industria de la aviación.
Red corrupta
Después de que en dos hechos han sido detenidos miembros de tripulaciones de Aeroméxico acusados de narcotráfico en España, está corriendo una versión en torno a esta línea aérea. De acuerdo con estas versiones, evidentemente no confirmadas, habría una red de sobrecargos que estarían participando en estas actividades ilegales al margen de su trabajo. Es evidente que la línea aérea que dirige Andrés Conesa no puede garantizar la honorabilidad de sus trabajadores. Que si están delinquiendo, al tiempo que colaboran con esta empresa, también están siendo desleales con sus patrones. Una situación similar ocurre con ASSA, puesto que tampoco lo pueden garantizar ni ser ellos quienes avalen la calidad moral de sus compañeros. Sin embargo, la organización sindical que encabeza Ricardo del Valle tiene que estar mucho más preocupada en la legalidad de las acciones de sus agremiados. De ser cierta la existencia de una red de narcotráfico entre los sobrecargos es necesaria la acción determinada por parte de la autoridad, puesto que estarían en complicidad con personal del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) e incluso autoridades federales. En este caso de narcotráfico el agravante sería el riesgo reputacional en el que incurre el gremio de la aviación.
Saldo negativo
Es necesario que las secretarías de Gobernación y del Trabajo, y el gobierno federal transparenten claramente cuál fue el acuerdo al que llegaron con Martín Esparza y sus seguidores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) para que se retiraran del Zócalo de la Ciudad de México. Parecería que les “pagaron”, liberando recursos congelados, y abriéndoles el paso para una franquicia política que les garantizaría seguir viviendo de los impuestos de los mexicanos. Es necesario dejar claro que no se debe negociar con delincuentes. El gobierno de Felipe Calderón se había caracterizado por no ceder ante este tipo de chantajes. No vaya a ser que la cercanía de la elección presidencial les esté abriendo la puerta.
Muy cínicos
Mony Sacha de Swaan y Eduardo Pérez Motta son hermanos en lo cínicos. El primero no sólo no ha explicado que mandó un documento con el que la mayoría de los comisionados no están de acuerdo sino que está en plena campaña para salirse con la suya. Más le valdría tener muchísimo cuidado porque en una de esas los comisionados, que francamente están hartos de él, podrían tomar una serie de acciones que, sin lugar a dudas, limitarían aún más su capacidad para llegar a acuerdos. En el caso del presidente de la Comisión Federal de Competencia, resulta que en sus eternas grillitas ahora está tratando de hacer creer que si es impedido de seguir los casos de las multas a Telmex-Telcel por prácticas indebidas, será un durísimo golpe a la competencia y/o a su derecho a expresarse. La realidad es que la soberbia del presidente de la CFC es tal, como para creer que el Pleno no funciona si él no lo preside. Seamos claros, finalmente fue evitado de seguir en las discusiones porque no conoce la frontera entre ser sólo el presidente de Cofetel y ser él la Cofetel.
