La piratería somos todos
El tema de la piratería se ha convertido en un asunto verdaderamente grave que afecta ya al mundo entero. Con pérdidas multimillonarias para los sectores formales y plantas productivas de todos los niveles, sus consecuencias engloban además el sensible tema de la caída ...
El tema de la piratería se ha convertido en un asunto verdaderamente grave que afecta ya al mundo entero. Con pérdidas multimillonarias para los sectores formales y plantas productivas de todos los niveles, sus consecuencias engloban además el sensible tema de la caída de empleos y el de la falta de recuperación económica por parte del autor de la idea original, ya sean películas, lentes de sol, bolsas de mujer, ropa, perfumes, cosméticos, medicamentos, libros, juguetes y cientos de artículos más.
Para una economía en eterna crisis como la nuestra —a pesar de lo que dicen los informes alegres del gobierno—, se trata de toda una sangría por la que se fugan impuestos, rentas, porcentajes de ganancias por derechos de autor, pagos de servicios como luz, agua, gas. La economía informal evade todos estos requisitos y se mantiene al margen de una economía sana que represente beneficios para la comunidad en general en la cadena productiva.
Aquí hay que detenerse a analizar los múltiples argumentos de los usuarios de piratería y sobre todo tratar de definir esa línea tan delgada que separa los consumos legales de los ilegales y, en estos últimos, seguramente hemos incurrido todos una o varias veces. Si hemos comprado unos lentes en el “tianguis” que dicen Ray Ban y nos costaron 100 pesos, si traemos una bolsa con la marca Tous que en el mercado nos vendieron por 300, cuando bajamos música sin pagar para regalar un disco, si vemos en línea una película o la descargamos sin costo, si compramos un DVD en la banqueta o en el mercado, si hemos aceptado, aunque sea prestada, una película pirata para “que sólo la vean los niños”, hemos contribuido en mayor o menor forma a la piratería y al comercio informal. Como vemos, la línea entre lo legal e ilegal se va haciendo flexible, la acomodamos a lo que nos conviene y, sobre todo, a lo que queremos creer que está bien. Le invito a hacer una reflexión personal y, en el caso de que usted haya caído en alguna u otra de las conductas citadas arriba, pregúntese por qué lo ha hecho, si efectivamente es porque no puede pagar más, si le da coraje pagar 300 pesos por una película, cuando se la ofrecen por 10, si le parece en su escala de valores que es más grave piratear una película para lucrar con ella que comprarla a su “pirata de confianza” para verla en la sala de su casa, pregúntese, ¿qué tanto es tantito?
En estos días está teniendo lugar en la ciudad de Querétaro la XIV Convención de la Canacine (Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma) que, entre sus preocupaciones, está revelando datos impactantes junto con la MPA México (Motion Picture Association) con respecto a la piratería y su crecimiento alarmante y fuera de control, particularmente en el rubro que a ellos compete, el cine, el video y la industria cultural.
Este mes la MPA presentó una encuesta realizada por IPSOS entre personas de 12 a 44 años de todos los niveles socioeconómicos. Los resultados que arroja son increíbles: mientras que en 2009 se descargaron de manera ilegal 24 millones de películas, en 2010 la cifra se cuadruplicó para llegar a 96 millones; de 30 millones de usuarios de internet que hay en el país, 26 millones descargan ilegalmente canciones, videoclips, películas, series de TV, eBooks y otras imágenes. La principal razón que los encuestados exponen es “porque no me cuesta”, con 63%; mientras que 37% respondió “porque me gusta”. Podría pensarse que el primero es el recurso de personas con bajos ingresos, pero está probado que también es el argumento de quienes podrían pagar el precio legal.
Otros datos de interés son, por ejemplo, que 61% de la población urbana de nuestro país entre los 18 y los 64 años es activa en alguna forma en la piratería, ya sea por descargas, streaming (ver una película on line sin descargarla), camcording (grabación clandestina de una película durante su proyección en un cine), compra de falsificaciones, préstamos, quemados de CD y DVD, con un estimado de 192 millones de películas pirata obtenidas o vistas entre la segunda mitad de 2009 y mediados de 2010.
En el mismo tema las pérdidas de ingresos para la industria cinematográfica nacional por concepto de descargas ilegales en 2010 fue de mil 503 millones de pesos y el gobierno dejó de percibir un IVA por 225 millones.
El problema es de dimensiones estratosféricas y la red se fortalece cada vez más considerando que la piratería está relacionándose estrechamente con el crimen organizado y con el narcotráfico.
La cadena tiene que romperse en alguno de sus eslabones, ¿qué tal si empezamos nosotros, los consumidores?
