Lujambio: a la caza de legitimidad
Se entiende la metáforade que es necesaria la participación de los padres para apoyar la educación de sus hijos, pero acusarlos de insensibles le ganó la respuesta de organizaciones civiles como Mexicanos Primero y de periodistas serios, por ejemplo, Ricardo Raphael.
El secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, busca legitimidad, aumenta sus apariciones públicas, su retórica es más agresiva y se embarca en la defensa de la Alianza por la Calidad de la Educación, la política estrella del presidente Calderón, a veces con verdades a medias. Sin embargo, al secretario le cuesta trabajo definir la política educativa, su política educativa.
La semana pasada, el secretario Lujambio se metió en embrollos, tal vez sin necesidad, pero urgido por acercarse a los maestros. Elogió a los docentes, pero humilló a los padres de familia: “¿Cómo vamos a tener maestros competentes cuando tenemos padres de familia insensibles respecto a la importancia radical que tienen? (...) Les pedimos que nos ayuden, que se metan a la escuela, que se metan a la acción educativa de sus hijos” (Reforma, 9 de marzo).
La escuela mexicana está cerrada para los padres de familia, ¿cómo quiere que se metan a ella si ni siquiera el secretario de Educación del Distrito Federal puede entrar sin un permiso especial? Se entiende la metáfora de que es necesaria la participación de los padres para apoyar la educación de sus hijos, pero acusarlos de insensibles le ganó la respuesta de organizaciones civiles como Mexicanos Primero y periodistas serios, por ejemplo, Ricardo Raphael. El secretario perdió puntos con los padres y dudo que los haya ganado con los maestros; él está muy lejos de este sector.
Alonso Lujambio obtuvo un plus al criticar el pasado. Aseguró que los gobiernos del PAN, en contraste con los del PRI, apuestan a la transparencia. La semana pasada afirmó que “hace diez, 15 o 20 años nadie evaluaba el sistema educativo mexicano, porque tenían miedo de evaluarlo, porque iban a pagar un costo político por evaluarlo. Nosotros no tuvimos miedo, nosotros sí estuvimos en actitud de pagar ese costo”. (Excélsior, 9 de marzo). Cierto, aunque le falta información. Los gobiernos del PRI sí hacían evaluaciones, pero las mantenían en secreto, acaso para no molestar al SNTE o lastimar el ánimo de los maestros. La transparencia gubernamental, sin embargo, no es patrimonio del PAN; presiones sociales la impulsaron y el gobierno del entonces presidente Fox se vio forzado a la apertura. Pero el secretario tiene razón, los resultados de las evaluaciones están disponibles para quien quiera y pueda consultarlos.
Se nota que Alonso Lujambio hace esfuerzos por revivir lo que queda de la ACE. Ya se empantanaron las negociaciones sobre la reforma sobre la carrera magisterial, uno de los puntos que en los que el gobierno tiene interés verdadero, y el concurso para otorgar plazas docentes es más de propaganda que de efectos reales.
El gobierno quiere reformar el esquema de carrera magisterial por su escasa consecuencia en la calidad de la educación. Los delegados del SNTE en la Comisión Rectora de la ACE no ceden un ápice; el tiempo del gobierno se agota y la SEP quiere algún logro. El secretario Lujambio hizo una exhortación pública a la dirigencia sindical. Lilian Hernández reportó: “Lujambio aprovechó para mandarle un mensaje a la presidente del SNTE, Elba Esther Gordillo, y decirle que, si bien aplaude la labor y dedicación de los profesores, también es cierto que urge corregir el Programa de Carrera Magisterial, porque en más de 17 años de existencia no ha dado resultados” (Excélsior, 9 de marzo). No obtuvo respuesta.
En otro mensaje, el secretario Lujambio aseguró que este gobierno terminó con la venta y herencia de plazas docentes. Su afirmación es incorrecta y él lo sabe; la compra-venta sigue vigente. Las únicas plazas que se destinan al concurso son las de nueva creación y en medio de grandes chapuzas.
Si es correcto lo que señalaba Max Weber, de que la credibilidad es la base de la legitimidad, Alonso Lujambio no enfoca bien sus baterías; está bien que elogie a los maestros, necesitan un discurso edificante, pero no hay razón de echarle bronca a los padres de familia ni tratar de ensoñar con la argucia de que el gobierno del presidente Calderón aniquiló el comercio de plazas. Las relaciones clientelares, Octavio Paz dixit, tienen peso histórico que no se destierra con estrategias timoratas.
Para legitimar una política se requieren resultados contundentes; la oratoria es insuficiente.
*Académico de la UAM
