¿Justicia para adolescentes o justicia adolescente?
EU castiga a los delincuentes juveniles sin mayor miramiento.
Los crímenes del Ponchis conmovieron a México, acostumbrado a tanta tragedia. La difusión de su patología viola compromisos contenidos en tratados internacionales, que pretenden proteger a los menores delincuentes. A nadie le afectan ya las formalidades jurídicas. Vivimos en Estado de excepción que el gobierno no se atreve a declarar como sugirió el Ejército. Por lo pronto, ya se sabe vida y milagros del Ponchis y su familia. ¿Cuántos miles más forman parte del Ejército de la Delincuencia Organizada (EDO)?
Lo que no sabe el gobierno es qué hacer con los jóvenes delincuentes y sicarios del crimen organizado. A los pocos días de la detención del niño degollador, el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal sonó la alarma. Nada sensato habían dicho antes que él las autoridades encargadas de la procuración de justicia federal, las autoridades policiacas y mucho menos el Poder Judicial de la Federación, en que algunos de sus miembros se acogen a una tesis decimonónica y trasnochada de que los jueces solamente hablan por sus sentencias. Fuera de sus sentencias están mudos. Algunos hasta sordomudos. El país necesita saber qué opina el Poder Judicial Federal sobre la guerra contra el crimen.
En su Tercer Informe, Édgar Elías, presidente del Tribunal Superior de Justicia del DF, señaló que la delincuencia juvenil es un fracaso social. Una falla del sistema en su conjunto que no ha sabido comprender y evitar los errores juveniles. Cada vez que un joven entra en conflicto con la ley penal, es evidente el fracaso de las organizaciones, desde el núcleo familiar hasta la red de instituciones públicas, privadas y sociales. Todos tenemos alguna responsabilidad.
No existe un plan para rescatar a millones de jóvenes nini, cuyo número sigue creciendo. Lo único que podría resolver la utilización de niños y jóvenes por parte del crimen organizado es lo que no hay: educación y trabajo. A las instituciones públicas de educación se les regatean los recursos. Además, se prefieren cifras récord de reservas monetarias en lugar de un gran programa urgente de empleo para jóvenes que, además, detonaría actividades económicas.
El crimen organizado encuentra en los niños jóvenes sin escuela ni trabajo una fuente de reclutamiento inmejorable. No solamente son producto de una atmósfera social deteriorada, sino que el tratamiento penal es muy benigno, pues la justicia mexicana para adolescentes se sustenta en la readaptación y rehabilitación. Hablamos de albergues y no de prisiones, cuando quienes los ocupan son sujetos altamente peligrosos. Terrible dilema entre rehabilitar o castigar. No fallan los albergues juveniles, sino el sistema social en su conjunto.
En Estados Unidos, a pesar de la tendencia rehabilitadora mundial, castigan a los delincuentes juveniles sin mayor miramiento.
En ese país han aplicado la pena de muerte a menores infractores.
En 2005, había condenados a muerte por delitos que habían cometido 72 menores de 16 y 17 años. La espera cesó por una decisión de la Suprema Corte, que consideró inconstitucionales las leyes estatales en las que se sustentaban esos procesos penales de adolescentes.
También existen delincuentes juveniles que han recibido cadenas perpetuas. En diciembre de 2006 la Organización de Naciones Unidas emitió una resolución para abolir cadenas perpetuas para menores. La votación en la Asamblea General a favor de la medida fue 185 a 1. El único voto en contra fue de Estados Unidos.
Es el único país que procesa a los jóvenes adolescentes y los condena a cadena perpetua.
Según un informe, 73 estadunidenses cumplían sentencias de este tipo por delitos que cometieron a la edad de 13 y 14 años.
El Departamento de Estado manifestó que los menores que cumplen sentencias de por vida sin el beneficio de la libertad caucional, son criminales peligrosos que han cometido delitos muy graves. Los nuestros son también muy peligrosos, pero pronto estarán en la calle nuevamente.
Otro frente en la guerra contra el crimen ante un gobierno pasmado que lo único que tiene enfrente es que acabe la pesadilla.
