Volver a empezar: El costo de repetir el examen de la UNAM
De Colima a Guadalajara, cientos de aspirantes viajaron a Guanajuato para un segundo intento por entrar a la UNAM

LEÓN, Gto.— Cuando Caín Gabriel llega a León, todavía faltan varias horas para el examen de control de la UNAM.
Viene solo desde Guadalajara. Es la primera vez que hace por su cuenta un viaje así y, mientras espera, tiene sus apuntes frente a él para dar un último repaso.
Sus padres no pudieron acompañarlo porque ambos trabajan. Acaba de cumplir 18 años en febrero.
Ha llegado con tiempo suficiente para ubicar la sede, comer algo y esperar. Después del examen tendrá que pasar otra noche en León, porque ya no hay autobuses para regresar esa misma noche.

Como Caín, desde temprano comienzan a llegar aspirantes a la sede dispuesta por la UNAM. Algunos vienen con sus padres; otros, con amigos. Llegan desde Morelia, Querétaro, Colima, Guadalajara y otros puntos de la zona del bajío.
Todos tienen una cita a las cinco de la tarde. Todos vienen por lo mismo: volver a presentar el examen de la UNAM.
Para algunos, el viaje representa unas horas de carretera. Para otros, una noche de hotel, volver a pagar una renta que ya habían apartado en Ciudad de México o dejar de trabajar un día. Y para todos, volver a estudiar.
Antes del examen de control de la UNAM
Sixto Alejandro sale de Colima el martes a las seis de la tarde. Viaja en autobús durante horas y llega a León a las 2:30 de la madrugada del miércoles.
Tiene 18 años y busca ingresar a ingeniería aeroespacial. En el primer examen obtiene 100 aciertos y consigue un lugar, pero la decisión de repetir la prueba cambia sus planes.

Daba por hecho que no se iba a repetir, pero al final sí se repitió. Me molestó, ¿qué te digo? Pero pues no me voy a enojar y hacer el berrinche”, dice. El viaje no estaba previsto. Tampoco volver a estudiar.
Había preparado el primer examen y ahora tiene que refrescar conocimientos que ya había dejado atrás.
Cuando termina la prueba, su plan es tomar un autobús a las 11:59 de la noche y emprender el camino. Será otra madrugada de viaje.
Una renta que ya estaba pagada para estudiar en la UNAM
Cristopher llega desde Morelia acompañado de sus padres. Tiene 21 años y en el primer examen obtiene 60 aciertos, suficientes para conseguir un lugar en matemáticas aplicadas y computación en la FES Acatlán.
Su vida en Ciudad de México ya había comenzado a organizarse. Había rentado una habitación. Entre depósito y renta pagó 5 mil pesos.
Después llegó la noticia de que tendría que volver a presentar el examen.

(Siento), de cierta forma, un poco de presión, porque sí dije: bueno, pues ya hicimos todo este procedimiento y ahora hay que volverlo a repetir”, narra. La familia vuelve a hacer cuentas.
Fernando, su padre, explica que acompañarlo implica también dejar de lado sus actividades laborales.
A su alrededor, la escena se repite con distintas historias. Hay padres que manejan durante horas para llevar a sus hijos hasta la sede y otros que organizan el viaje con amigos para reducir gastos.
Un grupo de Morelia viaja junto para el examen de control de la UNAM. Eduardo García lleva a su hija y a tres de sus amigos. Se organizan para compartir el traslado y evitar que cada familia tenga que hacer el viaje por separado.
Los jóvenes pasan parte del camino estudiando. Después bromean. Intentan relajarse. El examen todavía está lejos, pero ya forma parte de la conversación.
También está Natalia, de 17 años, quien viaja con su padre y amigos. Busca ingresar a arte y diseño.

Dice que al principio se enojó cuando supo que tendría que repetir la prueba. Después cambió de opinión.
Creo que está bien que lo volvamos a repetir, porque la gente que realmente merece estar en la Universidad va a volver a pasar”, considera.
A las 3:50 comienza el ingreso. Mientras unos comen y otros siguen estudiando, el reloj avanza. Los aspirantes forman una fila. Mochilas al hombro. Documentos en mano. Celulares guardados.
La puerta se abre y comienzan a pasar. Algunos alcanzan a despedirse de sus padres con un abrazo. Otros reciben un beso antes de hacer el examen de control de la UNAM.
Después, la puerta se cierra. Adentro, comienza el examen. Afuera comienza otra prueba: la espera.
Las madres y los padres buscan un lugar para sentarse. Algunos caminan. Otros se quedan mirando el reloj. Ahora, sólo queda esperar.
Una nueva oportunida
A las cinco en punto comienza la aplicación. La prueba tiene 120 reactivos y puede durar hasta tres horas.
Los aspirantes contestan en computadoras conectadas a una red interna, sin acceso a internet. El salón queda en silencio. Pero la jornada no dura lo mismo para todos.
A las 5:59 de la tarde, la puerta vuelve a abrirse. Daniel es el primero en salir. Había contestado el examen en apenas 47 minutos.

Camina. Dice que se siente bien. “Bastante bien, tranquilo, confiado. Cosas que ya sabía”, cuenta.
Emiliano también sale. Antes de entrar había contado que la idea de volver a presentar el examen le generaba nervios. Ahora la sensación es distinta.

Ahora sí volví a hacer todo lo que estaba en mis manos y ahora sí nada más queda esperar los resultados otra vez”, dice. También reconoce que esperaba una aplicación distinta.
“Si había pensado que iba a ser otra vez en computadora, hubiera preferido que hubiera sido en papel, pero sentí bien la aplicación, buena organización.” Afuera lo espera su mamá.
Poco a poco, los demás aspirantes comienzan a reencontrarse con sus familias.
Los padres preguntan cómo les fue. Los jóvenes cuentan lo que recuerdan del examen. Algunos ríen. Otros se ven cansados. Ahora toca esperar, otra vez.
Para algunos todavía queda carretera. Para otros, una noche más en León.
Caín tendrá que esperar hasta el día siguiente para regresar a Guadalajara.
Sixto intentará tomar su autobús de regreso esa misma noche. Cristopher volverá a Morelia con sus padres. Y los demás emprenderán el camino de vuelta a sus casas.
Habían llegado con dudas y nervios. Ahora salen con las respuestas ya entregadas.
El examen terminó. Lo que sigue es una espera que ya conocen, pero que esta vez pesa distinto.
A finales de agosto sabrán si quienes ya tenían un pie dentro logran mantener su lugar.
No hay más que estudiar ni nada más que responder. Sólo queda esperar para saber quiénes se encontrarán en la lista de admitidos.