‘Tronaron la Comandancia gachote’... crónica del explosivo en Ojocaliente, Zacatecas
“Miren cómo quedó la casa… todos los vidrios, todo quebrado, todo… voló con todo y todo”, fue la reacción de uno de los testigos.

La música de la Feria Regional de la Tuna y de la Uva quedó interrumpida por un estruendo que hizo temblar puertas, quebró ventanas y convirtió en miedo lo que hasta unos minutos antes era una noche de celebración en Ojocaliente, Zacatecas.
Era la noche del domingo 30 de agosto. En la cabecera municipal había ambiente de feria cuando una fuerte explosión sacudió las inmediaciones de la Comandancia de Seguridad Pública.
No fue un estruendo cualquiera. La onda expansiva alcanzó viviendas, automóviles y establecimientos comerciales. En cuestión de segundos, la celebración quedó atrás y las calles comenzaron a vaciarse.
Un coche bomba aquí en la Comandancia, aquí tronaron la Comandancia, no, gachote, hasta me quebró mi puerta de madera, no pero gachote que sonó”, relató un habitante de Ojocaliente mientras mostraba las consecuencias que dejó la detonación.
La escena que quedó después de la explosión fue la de una comunidad golpeada por un ataque que tomó por sorpresa a sus habitantes.

La explosión que convirtió la fiesta en miedo
Las autoridades confirmaron posteriormente que los explosivos fueron colocados en un automóvil particular estacionado en las inmediaciones de la comandancia.
El estallido provocó daños en el edificio de seguridad pública y alcanzó 11 vehículos particulares y dos patrullas, de acuerdo con el reporte preliminar.
Pero los números no alcanzaban a describir lo que los habitantes tenían frente a sus ojos.
¿Una bomba no?”, preguntó otro testigo, todavía intentando dimensionar lo ocurrido.
La respuesta estaba en los vidrios rotos, en los vehículos dañados y en las viviendas afectadas.
Una persona mostró los estragos en su domicilio.
Miren cómo quedó la casa… todos los vidrios, todo quebrado, todo… voló con todo y todo”.
La onda expansiva había entrado en las casas sin pedir permiso. Ventanas y puertas terminaron dañadas, mientras en las calles comenzaban a escucharse gritos y llamados para auxiliar a quienes habían resultado afectados.

“No manches, ve a la niña, mira”
La explosión también dejó personas heridas.
Una mujer policía y al menos seis civiles tuvieron que ser trasladados a hospitales de la región para recibir atención médica. Entre las personas lesionadas había menores de edad.
Los primeros minutos fueron de desconcierto. Ante la emergencia, habitantes de Ojocaliente acudieron para brindar los primeros auxilios mientras llegaban los cuerpos de emergencia.
En medio de la confusión, una voz captó uno de los momentos más dramáticos de la noche:
No manches, ve a la niña, mira”.
La presencia de menores entre los afectados hizo todavía más cruda una escena que había comenzado como una noche de feria.
Hasta el momento del reporte, las autoridades no habían dado a conocer la gravedad de las lesiones de las personas trasladadas a hospitales.
“¡Retírense de aquí!”
Después de la detonación llegaron los policías y comenzó otro momento de tensión.
La instrucción fue clara para quienes todavía permanecían cerca de la zona afectada.
¡Retírense de aquí, retírense…!”
Las calles comenzaron a despejarse mientras elementos de seguridad establecían un perímetro y desplegaban patrullajes para localizar a los responsables.
El operativo involucró a corporaciones de los tres órdenes de gobierno, que reforzaron la vigilancia en la zona y en los accesos al municipio.
Hasta el momento, no se había informado sobre la ubicación o detención de alguna persona relacionada directamente con la explosión.
De la feria al silencio
Ojocaliente pasó en cuestión de minutos de la celebración al silencio.
Las actividades de la Feria Regional de la Tuna y de la Uva quedaron canceladas después del ataque. La fiesta que reunía a habitantes y visitantes terminó abruptamente ante el temor de que pudiera ocurrir una nueva agresión.
En las calles, los habitantes optaron por resguardarse.
Se fueron a los extremos… y si ¡Otra vez!”, se escucha decir a testigos, reflejando el temor que quedó entre la población ante la posibilidad de otra detonación.
Las calles que poco antes tenían movimiento terminaron prácticamente desiertas.
Puertas cerradas, ventanas rotas y vehículos afectados quedaron como testigos de una noche que nadie en Ojocaliente esperaba vivir.