Éramos, somos y seremos

Cecilia Soto

Cecilia Soto

Editorial

Es probable que cuando lea usted este artículo, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE), convocado en sesión extraordinaria este 31 de agosto, haya aprobado ¡por fin!, el nuevo nombre, emblema y colores de Somos México, ahora Somos. No es que crea en las conspiraciones, pero el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) se tardó hasta el límite legal (este lunes), a pesar de que nuestra impugnación a la ilegal resolución del INE se presentó el 3 de julio pasado, hace casi dos meses. A la inequidad absoluta en recursos y tiempos que afectan a los nuevos partidos, se sumó la indefinición y posposición inexplicable por parte del Tribunal.  A diez días exactos de que inicie el periodo electoral, carecíamos de nombre, de la identidad gráfica que debe aparecer en la boleta electoral e incluso de la certeza jurídica de nuestro registro que nació condicionado a los cambios arbitrarios exigidos por la autoridad electoral.

De los nuevos partidos que han debutado a partir del cambio de siglo, sólo uno —el partido oficial— ha logrado superar el mínimo exigido por la ley electoral en la elección siguiente a la obtención de su registro. Hasta antes de 2014, el tope fue 2 por ciento. Ese año se elevó a 3 por ciento. De los partidos coaligados con Morena, el Verde y el PT es muy posible que, si no estuvieran asociados al oficialismo, tampoco hubieran pasado la prueba de las urnas, como ya sucedió una vez con el PT en 2015. En el caso de nuevos partidos, nuestra ley electoral es totalmente retrógrada. Los partidos con registro, aunque se odien, se amafian para impedir que lleguen nuevos competidores.

La magra oferta electoral: Morena, una reedición perversa del peor PRI; Acción Nacional y el mismo PRI sobreviviendo con dificultades el desgaste del tiempo y sobre todo el vandalismo electoral del oficialismo y Movimiento Ciudadano que uno no sabe si es oposición al gobierno o a los ciudadanos, se ha traducido en un crecimiento del abstencionismo, especialmente entre los más jóvenes. Encuestas relativamente recientes colocan a los partidos políticos como las instituciones a las que menos confianza les tienen los ciudadanos. Por ejemplo, la Encuesta de Cultura Cívica de 2020, del Inegi, asocia la desconfianza en los partidos con la corrupción. Para 2023, la Encuesta de Calidad e Impacto Gubernamental coloca a los partidos en el sótano de una lista de 25 instituciones, por abajo, incluso, de las policías municipales. En esta encuesta, 68% desconfía de los partidos. Después de tres años, ese porcentaje no ha mejorado. Para abril de este año, la Encuesta de Confianza en la Administración Pública, también del Inegi, encuentra que sólo 33.7% tiene confianza alta o moderada en los partidos políticos, mientras que 66% desconfía. Hay otras señales preocupantes, cada vez le cuesta más trabajo al INE convencer a ciudadanas y ciudadanos que participen en la integración de las casillas. Con estos datos es muy posible que el porcentaje de personas que acuden a votar voluntariamente y sin presión o incentivos económicos sea inferior a 50 por ciento.  

Por ello, por la salud y el futuro de la democracia en nuestro país, el surgimiento de Somos es una noticia que es saludada con optimismo en múltiples sectores. Primero, porque proviene de un movimiento inesperado y potente: la llamada marea rosa que sacó a las calles en 2022, 2023 y 2024 a millones de ciudadanos dispuestos a defender la autonomía del INE y la existencia independiente del Poder Judicial federal, en especial, la Suprema Corte. Por los resultados prácticos, la avanzada colonización del INE por parte del gobierno y la destrucción del Poder Judicial y su sustitución vergonzosa por jueces del acordeón, de nada sirvió esta energía cívica.

No se equivoquen. El registro de Somos hubiera sido imposible sin la energía cívica que animó a la marea humana que llenó plazas por más de dos años. Aunque en Somos existimos figuras con larga experiencia política, la gran mayoría de nuestros militantes y dirigentes son aquellos que decían “nunca pensé en afiliarme a un partido político”. Nacimos cambiando la forma de hacer política: por primera vez las concentraciones se hicieron simultáneamente a lo largo y ancho del país. Por primera vez, los organizadores se situaban al final de los contingentes, dando el protagonismo a las juventudes y a los y las representantes de causas. Y estas prácticas las hemos adoptado: por primera vez, los dirigentes del partido tienen prohibido acaparar y decidir candidaturas, que serán elegidas mediante elecciones primarias. Somos te hará ir a votar con alegría y optimismo. En 2027 impediremos otra oprobiosa e ilegal supermayoría. Y en 2030 serán minoría.