Sigue la batalla por derechos a gays; piden reforzar educación a favor de la pluralidad
Luego de que en las 32 entidades se permite el matrimonio entre personas del mismo sexo Rafael Ramírez Arana afirma que falta mucho por avanzar

Fue una espera demasiado larga garantizar en toda la República el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y en medio de la celebración de este gran paso para el respeto de los derechos humanos en México, es momento de continuar en las tareas pendientes.
Y habla de una transformación cultural de fondo: que los sectores que siguen oponiéndose aprendan a distinguir entre puntos de vistas y derechos y, consecuentemente, al margen de sus posturas personales, los respeten.
“Hemos sido respetuosos de los derechos de los demás y de las demás. Y es incómodo y lamentable y eso es lo que yo sí recrimino, porque ellos sí nos quieren quitar derechos, sin ser quienes lo puedan hacer, y se oponen a que tengamos estos mismos derechos en igualdad.
“Pero nosotros, el sector LGBTQ+ hemos sido respetuosos en los derechos religiosos, en los derechos civiles, en los derechos políticos, en los derechos sociales de todos los demás ciudadanos y ciudadanas de este país, hemos sido muy respetuosos y además igualitarios y es algo que les falta aprender a estos sectores opositores: que su punto de vista es respetable, pero no pueden imponer un punto de vista para oponerse a que los demás y las demás tengamos los mismos derechos”.
Así lo plantea Rafael Ramírez Arana, quien fue pionero, en el entonces Distrito Federal, en ejercer el derecho al matrimonio igualitario.
El 11 de marzo de 2010, el activista fue parte de una noticia que escaló a nivel mundial: en México, por fin, al menos en la capital del país, era posible que las personas de la comunidad LGBTQ+ se casaran.
Junto con otras parejas, Ramírez Arana y su esposo se tomaron la fotografía del recuerdo que tenía como trasfondo el gran anuncio: Primer Matrimonio Entre Personas del Mismo Sexo.
Eran los días de la jefatura de gobierno de Marcelo Ebrard y en ese momento el coordinador de la Asociación Ciudadana por la Diversidad Sexual impulsaba en el Partido Revolucionario Institucional esa agenda.
En 2014, Rafael se convirtió en el primer secretario de esa cartera en el PRI capitalino, colocando por delante la causa de los derechos de la comunidad, la sensibilización del respeto al matrimonio igualitario y la aún urgente lucha contra la homofobia.
Pero 12 años después de aquellas bodas que abrieron el camino, el actual secretario de Diversidad, Igualdad e Inclusión en el Comité Directivo del PRI en la Ciudad de México reflexiona sobre el tramo caminado y celebra que las 32 entidades federativas cuenten ya con leyes que preservan la garantía de la conyugalidad homosexual.
“Estos logros debemos reconocérselos a la tenacidad, a la firmeza y la entereza del sector LGBTQ+, de los activistas, de las activistas, de las y los políticos LGBTQ+ y, obviamente, de los políticos hetero aliados, que empujaron junto con nosotros este derecho; entendieron que lo único que se estaba pidiendo eran derechos igualitarios, para poder ser ciudadanos en igualdad en este país, donde se supondría que, desde el inicio, desde que uno nace, nace con estos derechos humanos y civiles por igual, sin distingo”.
Fue, a juzgar por Rafael Ramírez, “un tramo de tiempo muy largo” en el que también se contó con el apoyo significativo de la sociedad civil.
Señala que no debemos olvidar que la Suprema Corte de Justicia de la Nación había determinado desde el 2010, que estos matrimonios eran procedentes.
“Entonces, sí creo que 12 años más para culminar en todo el territorio nacional este derecho en igualdad entre la gente del sector LGBTQ+ y los heterosexuales, la población heterosexual de nuestro país, sí creo que fue una brecha todavía muy larga, fue una lucha ardua, que tuvieron que seguir dando los activistas LGBTQ+, cuando lo único que se estaba pidiendo era el derecho al matrimonio en igualdad, no estábamos pidiendo derechos especiales ni diferentes”.
Frente a las resistencias que persistieron por más de una década entre representantes políticos, Iglesias y segmentos conservadores de la sociedad, el político priista sostiene que todo ello “es una muestra más de que los derechos del sector LGBT o de la diversidad sexual se siguen haciendo a un lado; se sigue viendo como inferiores, como no tan importantes ni tan relevantes, lamentablemente, en igualdad a la de los heterosexuales”.
Fue, describe Rafael, “un tramo todavía muy, muy pesado, difícil, para un derecho tan sencillo”.
Al final, la última semana de octubre, con la legalización del matrimonio igualitario aprobado por el Congreso de Tamaulipas, se logró.
¿Qué opinión tienes de los actores o instituciones o fuerzas políticas o económicas o religiosas que mayor resistencia tuvieron a reconocer el derecho humano de las uniones conyugales entre personas del mismo sexo?, le preguntamos en alusión a grupos del PAN y jerarcas católicos, particularmente.
Rafael Ramírez es cuidadoso en no señalar a ningún actor en particular.
“En política hay una frase que es básica: hay pesos y contrapesos, es decir, sí puedo entender que haya un sector que no esté de acuerdo, puedo entender y es respetable su postura también, que no estén de acuerdo. Lo que no es respetable y mucho menos entendible es que, al final, nos quieran ver a otros seres humanos, simplemente por tener una orientación sexual o una identidad de género distinta a la heterosexual, nos quieran ver siempre por debajo del hombro. Eso es lo que no es respetable ni entendible y menos plausible.
“Porque el punto de vista de cada quien se respeta, pero en materia de derechos, los derechos están para aplicarse no para someterse a la voluntad o a los puntos de vista de la gente, es decir, los derechos se aplican en igualdad para todas, todos y todes, sin distingo y sin discriminación”, define.
“Y es ahí donde mi punto de vista no es tan positivo para estos sectores opositores de estos derechos, porque simplemente el reconocer nuestros derechos en igualdad para con ellos, no les está quitando derecho o les está afectando sus derechos a ellos en ningún sentido”, reflexiona.
¿Qué sigue en términos de reconocimiento de derechos en el plano de las batallas legislativas e institucionales?, le preguntamos.
“Falta mucho todavía. En la Ciudad de México, ahí vamos poco a poco, tenemos los derechos al matrimonio, a la adopción, a la no discriminación, entre otros. Pero en algunos estados están comenzando desde cero”, responde.
Ejemplifica la resistencia con el caso de la Ley de Reasignación Sexo-Genérica, que ya se aplica en la capital del país y entidades como Guerrero. Pero conseguir este reconocimiento para la gente trans será aún una tarea ardua.
“Falta mucho por hacer en los derechos laborales, en la no discriminación laboral; para que se siga apoyando y reconociendo a las personas trans, por ejemplo, y puedan ser atendidas por mujeres médicos; falta mucho en materia de seguridad pública; de procuración de justicia.
“Sigue todavía una batalla muy larga: En la Ciudad de México y en todo el país hay que seguir reforzando la educación y esas bases en favor de la igualdad de los derechos de quienes sean indígenas, personas con capacidades diferentes, mujeres, personas LGBT. Hay que seguir reforzando día a día el respeto a estos derechos, que sean una realidad en toda la República y seguir presionando para que se sigan respetando, porque no es una cuestión de opiniones personalísimas, es una cuestión de obligación al respeto de las leyes y de los derechos de todas, todos y todes”.
Avance
- El 11 de marzo de 2010 se llevó a cabo la primera boda entre personas del mismo sexo en México; hace unos días, con el voto de Guerrero y Tamaulipas, en todo el país se permiten.
El dato
El festejo también cuenta
- La gran mayoría de las bodas entre personas del mismo sexo se da después de algunos años de convivencia.
- En promedio, las parejas gastan 180 mil pesos en organizar su boda.
- Uno de cada 6 enlaces matrimoniales se lleva a cabo en lugares distintos a su residencia.
- Cuatro de cada 10 parejas piden la bendición de sus padres al momento del enlace matrimonial.
