Retrato hablado: Leonardo Lomelí Vanegas, 'azul y oro' desde la infancia

Calificado por sus cercanos como íntegro y de memoria impecable, el nuevo rector de la UNAM es un economista de 53 años que tiene una fascinación por Puebla, el tequila y el cine mexicano de la época de oro

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Ilustración: Horacio Sierra

Hecho cien por ciento en la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas tiene que cumplir un encargo especial de la Junta de Gobierno: mantener un equilibrio entre el cambio institucional y la estabilidad para que la Universidad continúe siendo la mejor de México y en algunas áreas, una de las mejores 30 del mundo.

Leonardo Lomelí es el  hombre número 35 que ocupa la más alta responsabilidad administrativa de la UNAM: dirigir a una comunidad de más 370 mil alumnos, 45 mil maestros y casi 30 mil trabajadores.

Antes académico que político, el nuevo jefe de la UNAM se autodefine como un hombre que ha sabido tejer los puentes para resolver conflictos a través del diálogo y la concertación en todos sus encargos académico-administrativos: primero como director de la Facultad de Economía y después como secretario general de la Universidad.

Ahora, desde el sexto piso de la Torre de Rectoría, deberá poner en marcha el plan de trabajo que presentó a la Junta de Gobierno, pero, además, garantizar la defensa de la autonomía en medio del proceso electoral del próximo año, y los intentos del partido en el gobierno por meter las manos en la vida interna de la institución.

Leonardo Lomelí tuvo contacto desde niño con la Universidad. Hijo de una maestra de la preparatoria 9, a los tres años estudiaba en el kínder que estaba justo enfrente y pasaba horas en la prepa mientras su mamá seguía dando clases. Rápidamente fue adoptado por los maestros y maestras.

Ya en 1985, apenas una semana después del temblor que azotó al país, se matriculó como unamita en la prepa 9 y posteriormente ingresó a la Facultad de Economía en medio de los trabajos de organización del Congreso Universitario, acordado con el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), que logró frenar la reforma que del entonces rector Jorge Carpizo, que proponía el aumento de cuotas y pagos por servicios académicos, y en el que participaron personajes como Imanol Ordorika, quien aspiró a la rectoría, Carlos Ímaz, y la propia Claudia Sheinbaum.

Prudente, íntegro, de memoria impecable y con una capacidad de síntesis y disertación impresionante, dicen algunos de sus amigos, en sus 20, el economista se involucró en los procesos de cambio del plan de estudios de su facultad.

Rara vez lleva un discurso escrito o notas, por eso para sus amigos no fue raro que el día que la Junta de Gobierno anunció su nombramiento el pasado 9 de noviembre haya aceptado recibir preguntas por parte de los medios de comunicación, porque tuvo un media training en el icónico auditorio Ho Chi Minh, de la Facultad de Economía, durante sus participaciones en las comisiones dictaminadoras y el Consejo Técnico Desde joven se hizo al debate, al diálogo y a la confrontación de ideas.

Compañeros de la Facultad de Economía relatan que siempre le quedaron chicas las materias, por lo que quizá estudió historia como carrera simultánea y se iba a filosofía y química a desayunar, a platicar con compañeros que estaban en otras áreas y entrar de oyente a materias del historiador, abogado y politólogo, Arnaldo Córdova, quien  después sería su director de tesis, y Pepe Ayala, un maestro que empezaba a escribir cosas sobre neoinstitucionalismo económico en México,  una corriente que busca reivindicar la importancia de las instituciones.

Desde entonces, a Lomelí le interesó mucho estudiar  México, el pensamiento económico, la política social y la seguridad social.

Le une una amistad, con Lorenzo Córdova, hijo de su mentor y Ciro Murayama, Rolando Cordera y José Woldenberg, con quien comparte algunas ideas, pero él mismo rechaza que hayan conformado un grupo, y menos político, pues la única corriente con la que el nuevo rector dice identificarse es con la Universidad.

En 2021 fue la voz de la UNAM que le respondió al presidente Andrés Manuel López Obrador cuando la acusó de haberse vuelto neoliberal. Entonces, Lomelí explicó que la UNAM fue una de las primeras instituciones que advirtió hace más de 40 años acerca de las implicaciones del modelo neoliberal. Expresó que fue muy crítica y que, de hecho, el libro que anuncia propiamente el neoliberalismo antes de que en el país se comience a dar ese viraje es: La disputa por la nación, de Rolando Cordera y Carlos Tello, de la Facultad de Economía. Pero el mismo Lomelí pone de manifiesto su rechazo al neoliberalismo, en sus trabajos sobre la política económica nacional.

Lomelí es hombre de 53 años, con una fascinación especial por Puebla, su arquitectura y gastronomía. Se hace espacio para comer al menos unas dos veces al año con sus compañeros de generación, en medio de sus responsabilidades en la UNAM.

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La amistad de Leo, como le dicen sus cercanos, tiene un toque intelectual, discursivo, analítico, de buena comida y conversación, así como de tequila y vino tinto, dos de sus bebidas favoritas, además de un buen café. Lo describen como un amigo solidario y con mucha disposición a ayudar. Tiene gatos y alguna vez tuvo perros.

Devorador de libros y escritor de cuatro, le gusta lo mexicano y el cine de oro, incluso sabe de memoria diálogos completos. Disfruta de estar con su mamá, su esposa y su pequeño hijo, quien lo acompañó el viernes pasado en su toma de posesión en el cargo.

El pasado 9 de noviembre,  tras su nombramiento como rector para el periodo 2023-2027, realizó un pequeño brindis en casa con sus cercanos, Estuvieron los exrectores José Narro, Francisco Barnés y Enrique Graue, su familia y amigos íntimos.

Es el primer economista en llegar a la Rectoría de la UNAM y el primer rector nacido después de 1968. El jefe nato del relevo generacional. Es además el primer secretario general que salta directo  a la Rectoría, porque José Narro y Francisco Barnés, también fueron secretarios generales pero llegaron al sexto piso, desde otra posición.

A Lomelí, le gusta fijarse compromisos que sabe que es capaz de cumplir, por eso, promete un cambio sin estridencias en la máxima casa de estudios.

Su designación no tomó por sorpresa a nadie, pese a la  turbulencia que se presentó al final del proceso de sucesión, que pasará a la historia por ser en el que la Junta de Gobierno ha tardado más días en deliberar, en sus 78 años de historia. La presidenta del cuerpo colegiado, encargado de su nombramiento, Gina Zabludovsky, ha confesado que la tardanza no tuvo que ver con que fuera una decisión difícil, sino con que los 15 integrantes de la Junta se dieron tiempo para analizar los perfiles de todos los candidatos.

En Lomelí ven a un rector que debe preservar la autonomía y contribuir desde la academia a la solución de los problemas nacionales.

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En su primer discurso, con la venera del rector puesta en el cuello, la insignia de oro que se le impone a los jefes natos de la institución al asumir la responsabilidad de dirigir a la máxima casa de estudios, Lomelí dijo que la defensa de la autonomía será una prioridad y un compromiso ineludible de su gestión de cuatro años.

En medio de los aplausos de los asistentes, en una sencilla ceremonia efectuada el viernes pasado, en el Palacio de la Antigua Escuela de Medicina, situada apenas a unos metros del Palacio Nacional, en el centro histórico, rindió protesta y se convirtió en rector, arropado por los cinco hombres que han dirigido a la Universidad en los últimos 34 años: José Sarukhán, Francisco Barnés, Juan Ramón de la Fuente, José Narro y el rector saliente, Enrique Graue.

Con su designación, el economista e historiador, quien hasta ahora no ha salido de las aulas de la UNAM y desde 1994 es maestro de la Facultad de Economía, rompió con la hegemonía del grupo de los médicos como máxima autoridad administrativa en los últimos 24 años. Como parte de sus primeras definiciones, que pasarán a la historia, el nuevo rector decidió abrir la puerta de la Secretaría General a una mujer: Patricia Dávila, quien será su segunda al mando.

Los que apostaron por él para conducir a la Universidad Nacional, tienen puestas sus esperanzas en que mantenga  el  diálogo, la comunicación y la construcción de liderazgos que respondan  a los retos de un país polarizado.

cva

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