Las estampas del Mundial

Max Cortázar

Max Cortázar

Editorial

Mientras el país celebra el triunfo de la Selección y las cámaras del mundo apuntan a los estadios, la realidad detrás del telón sigue siendo la misma: un gobierno que abandona a sus alcaldes, protege a los suyos y se llena la boca de discursos llenos de mentiras.

Esta semana volvimos a presenciar un crimen que debería avergonzar al gobierno federal: el asesinato del alcalde de Amatitlán, Oaxaca, Joel Bravo, a manos del crimen organizado. Un servidor público que cumplía con su deber, cuidando a las familias de su municipio, y que fue dejado a su suerte por un gobierno que prefiere la complicidad con el crimen que la defensa de la vida.

El contraste es brutal. Mientras a un alcalde honesto se le niega la seguridad que pidió, Cuauhtémoc Blanco, quien es señalado por abuso sexual, desvío de recursos y fotografiado con integrantes del crimen organizado, sale del Estadio Ciudad de México escoltado por diecisiete elementos de la Guardia Nacional.

Las cifras de estos gobiernos son escalofriantes; en apenas dos años de gobierno, la administración de Claudia Sheinbaum ya acumula, al menos, 20 alcaldes asesinados, una velocidad que supera el ritmo registrado durante todo el sexenio de López Obrador y, como es costumbre, sólo hay silencio, opacidad y cero resultados en las investigaciones. La impunidad no es un efecto colateral, es la política de Estado de Morena.

A esto se suma la defensa cerrada que el gobierno federal hace de gobernadores como Rubén Rocha Moya, señalado por autoridades extranjeras por sus vínculos con el narcotráfico. Cuando el poder protege a quienes deberían ser investigados, lo que se pierde es la soberanía y no por injerencia extranjera, sino por entregar el país al crimen organizado. Hoy, el verdadero poder en regiones enteras no lo ejerce el Estado mexicano, sino la delincuencia organizada, con la complacencia de Palacio Nacional.

Otra estampa que el Mundial no pudo esconder fue la de las madres buscadoras, quienes, con una protesta pacífica, exigieron, una vez más, ser escuchadas frente a casi 150 mil personas desaparecidas en lo que va de los gobiernos de Morena. La respuesta del Gobierno de la Ciudad de México fue enviar al secretario de Gobierno de la CDMX, Cesar Cravioto, a quien, en videos que circulan en medios y redes sociales, se le puede ver con un aspecto de burla y desprecio, pero, al final, tuvo que ser sacado del supuesto diálogo escoltado por cientos de granaderos.

Por otro lado, es una pena que sean los extranjeros los que tengan que poner el ejemplo; basta ver la imagen de aficionados suecos brindando afecto y comprensión a las madres buscadoras.

A todo esto hay que agregarle que la jefa de Gobierno, Clara Brugada, tuvo la desfachatez de decir que las madres buscadoras eran acarreadas y que les pagaron boletos para poder manifestarse; a esto también hay que sumarle que sigue sin explicar el destino de más de dos mil millones de pesos en obras como el Jardín Flotante Tlallipan, en Tlalpan, una ocurrencia costosa que no sólo no sirve para nada, sino que pone en riesgo la infraestructura del Metro.

Por si faltará menos, la hipocresía de la Presidenta alcanzó nuevos niveles; primero decidió no asistir a la inauguración del Mundial, claro, por miedo a ser abucheada; tampoco fue a la fiesta que ella misma se organizó, llámese Fan Fest del Zócalo, por el mismo temor y terminó como si fuera una concejal de la alcaldía Gustavo A. Madero, en un ambiente controlado.

Pero, eso sí, muchas críticas a los costos de los boletos del Mundial, supuestamente por ser un evento fifí y ella, claro, asistió a la cena de gala en el Castillo de Chapultepec con la cúpula de la FIFA. Pregonan un discurso de austeridad para el pueblo, pero, en lo privado, lujo y opulencia.

México necesita un gobierno que proteja a sus alcaldes, no que los abandone; que persiga al crimen organizado, no que lo proteja; que le brinde el apoyo a las madres buscadoras, que deje a un lado la hipocresía y la mentira, pero, sobre todo, que asuma la realidad que hoy vive nuestro país, la cual, desafortunadamente, es la imagen que pudimos ver en todos los medios del mundo: una realidad inocultable.