Retrato hablado: Charlyn Corral conquista con goles el juego del hombre
Galardonada por la FIFA como la mejor delantera del mundo, la mexicana tuvo que sortear la adversidad de jugar contra varones y sufrir críticas y burlas por su complexión que la hicieron más resistente para seguir adelante

En realidad, Charlyn Corral siempre buscó al futbol. Lo encontró tras mucha perseverancia.
Aunque antes de ella ya habían existido algunas luchadoras por el futbol femenil, Corral se atrevió a salir del naufragio para ser, con el paso de los años y de sus goles, la mejor delantera del mundo en 2026.
Se enganchó desde su niñez a una pelota. Su padre organizaba partidos de futbol en Ecatepec, Estado de México y ella entendió que el imperio que buscaba derribar a balonazos, tenía la mitológica propuesta de ser sólo para hombres.
No le quedó más remedio que aceptarlo, porque aunque entraba el nuevo milenio, el futbol de mujeres era aún algo que se veía con la ceja levantada.

Jugaba con niños y empezó el bullying en la escuela. Se mofaban de su forma de caminar, de andar y moverse. No era la típica chiquilla de primaria que permite ver una ingenuidad ante el mundo, sino que se adentraba en entenderse a ella misma para explicar lo que quería hacer.
Y le costaba trabajo. Volvía a casa llorando porque en el recreo no le dejaban jugar futbol, mientras sus compañeras la tachaban de anormal.
Fue entonces cuando la ingresaron a la escuela de Pumitas, pero sólo había espacio para jugar con los varones y a los nueve años no pudo seguir en las categorías mixtas.
Rafael Amador, quien fue jugador de Pumas, le vio tanto potencial que la recomendó para jugar en una academia de futbol para niñas que buscaba remar contracorriente: Andrea’s Soccer. Esta escuela fue inspirada en Andrea Rodebauhg, una de las jugadoras históricas de México y en 2026 directora de Selecciones Femeniles.
Cuando llegué a esa escuela arrasaba a las niñas, porque tenía otro nivel”, cuenta Charlyn.
Por esos tiempos apareció en el programa Bizbirije del canal cultural, el 11 de la televisión pública mexicana que marcó a muchos niños.
Mi nombre es Charlyn Corral, tengo 12 años y el deporte que practico es el futbol. Empecé jugando con hombres, pero ahora que juego con mujeres me ha gustado mucho”, dice una pequeñita sentada en el pasto, con fleco y un lunar junto a la nariz, muy parecida a la mujer de hoy en día.

Encontrada la senda, Charlyn comprendió que el futbol era lo suyo, a pesar de ir siempre a remolque.
Inició el proceso en Selecciones Nacionales, un coto que tenía dominado Leonardo Cuellar, quien fue su maestro, su padrino, su mentor y después, con el tiempo, su principal conflicto.
El despertar de Charlyn con el Tri
A los 13 años fue convocada por primera vez a la Selección Mexicana. Al año siguiente, sería tanta la pólvora acumulada en sus piernas, que anotaría en la Copa del Mundo para menores de 20 años.
Mientras llegaba ese instante de su vida, ya tenía los reflectores encima. Fue la niña de las 8 mil 671 dominadas, la suerte que todo futbolista hace con el balón sin dejar que toque el suelo.
Fue una muestra de su talento que la proyecto a ser la niña de precoz desarrollo que entraba a codazos en el mundo de adultos.
Eso siempre fue una losa muy grande que me tocó llevar. Mientras otras niñas jugaban, yo era seguida con reflectores por mucha gente adulta”.
Jugó torneos internacionales siendo una niña. A los 14 estaba en la Copa del Mundo más las otras competencias de su categoría.
Para la FIFA era la niña prodigio y costaba ya soportar ese oleaje caótico del futbol y la fama.
De alguna manera perdí mi adolescencia”, diría muchos años después, “que te llamen veterana a los 19 años es algo complicado”.
Charlyn debía soportar al futbol mexicano femenil sobre sus hombros.

Ser la mejor, pesa
El floreciente futbol femenil echaba raíces sobre el menudo cuerpo de Charlyn Corral, quien había sufrido los estereotipos de la crítica.
El bullying que sufrió desde la escuela proseguía en el futbol. Sufría miles de insultos por su pequeñez, mide 1.52 metros y la robustez de su rostro, cachetes que hacían dudar de su capacidad.
Todo para mí fue rápido, ni siquiera había entrado en la pubertad cuando ya me ponían cuestionamientos y apodos, pero al mismo tiempo me señalaban de ser la mejor del futbol femenino”, dijo.
Ser pequeña, como tantos grandes jugadores (Messi, Iniesta, Xavi Hernández, Chicharito o el mismo Gerd Müller) lo correspondía con creces.
Una Charlyn en construcción era siempre sinónimo de gol porque ocupaba sus piernas fuertes con un arranque explosivo en los partidos y sabía encontrar el espacio abierto en medio de las defensoras.
Incluso, cuando pidió una beca deportiva en una universidad en México, le cuestionaron que cómo suponía hacer goles de cabeza siendo tan bajita. En ese momento no respondió, regresó con las manos vacías, pero el tiempo le dio la razón.
No necesitaba saltar más que otros, sino comprender el juego del futbol que sólo se trata de tiempo y espacio.
Entre 2006 y 2010 participó en tres mundiales menores y para 2011 jugó el primero con la Selección Mayor. Repitió presencia en 2015, pero cuando regresó de Chile en donde fue el evento con una pésima participación mexicana, solicitó la salida del técnico Leonardo Cuellar, quien fue siempre su mentor.
Su ciclo se ha terminado”, dijo tajante en el aeropuerto de la Ciudad de México.

Sorprendido y dolido, Cuellar respondió que no tenía ética y comenzó el intercambio de golpes.
Corral dijo después que no se refería sólo al entrenador, sino a todo el contexto de las selecciones femeniles.
Falta apoyo a la selección femenil, dar seguimiento a las jugadoras, que nos trataran como profesionales. Obviamente Cuéllar lo tomó a mal. Después me vetó y no fui a Panamericanos”.
Quedó fuera de convocatorias importantes. Ella interpretó la situación como consecuencia de sus declaraciones y llegó a hablar de falta de libertad de expresión. La Federación y posteriormente otros entrenadores sostuvieron que las decisiones obedecían a cuestiones deportivas, pero lo cierto es que aunque Cuellar se fue en 2016, no fue sino hasta que llegó Roberto Medina en 2017 cuando se reconcilió con la Selección Mexicana.
Pasa que Charlyn Corral siempre fue brava, “tengo un carácter. A lo mejor algunas veces no me he quedado callada cuando he visto algunas injusticias”, y la relación con Cuellar nunca sanó.
El entrenador se fue a dirigir al América y cuando hubo una ventana abierta para que ella jugará ahí, la cerró de golpe, “no iría ahí, tengo mucha dignidad”.
En esos años oscuros se sostuvo con su familia, con su hermano George que jugaba en Primera División en México y se empujó con la ayuda de sus estudios en la Universidad de Lousville, en donde por fin encontró una beca.
Una de sus compañeras la indujo al profesionalismo, pero tendría que ser fuera de América, en la lejana Finlandia con el Merilappi, pero por fin, le pagaban.
Al año siguiente, ya empapada del ritmo en la vieja Europa, se fue a España con el Levante para hacer 22 goles en su primer año, apenas por debajo dos tantos de la goleadora de esa temporada, Jenni Hermoso.

Para 2018 conquistó su Pichichi, el premio otorgado a la mejor goleadora con 24 anotaciones en puerta. Jugó cuatro años con el Levante y el Atlético de Madrid la fichó.
Pero incluso en Europa cuestionaron su talento, a pesar de que siempre respondía con goles. En España hizo 98 tantos en seis años, es decir un promedio de 16 por temporada y a pesar de ello, en Alemania o Francia cuestionaron su físico para contratarla.
Por eso decidió volver a México, con el Pachuca, un club empeñado en darle valor humano al futbolista y que le puso un contrato indefinido y la opción de tener un trabajo directivo cuando decida retirarse.
En cuatro años en la Liga Femenil MX ha hecho 131 goles, 43 de ellos que le valieron ganar el trofeo Müller a la máxima artillera en el mundo.
Estuvo de pie junto a Harry Kane, goleador absoluto del Bayern Múnich. Usaba un vestido largo negro y unos pendientes redondeados, con apenas una capa de maquillaje.
A los 35 años siente que el futbol por fin, le ha dado paz, esa que buscó con desesperación entre la aceptación de la gente y el reconocimiento, por eso sus lágrimas después de ganar el premio fue como si soltara un yunque.
Charlyn Corral persiguió tanto al futbol, que al final, lo hizo suyo.
*mcam