Prisión no amedrentó su lucha; “soy promotor de la Ley de Amnistía”

El activista José Humbertus Pérez Espinoza estuvo preso por 4 años por delitos fabricados, como robo a casa habitación

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José Humbertus Pérez Espinoza

La lucha contra los despojos de vivienda en Tecámac tuvo en José Humbertus Pérez Espinoza, líder del Frente Mexiquense en Defensa para una Vivienda Digna, una consecuencia que lo marcó para siempre: el paso por el sistema carcelario del país, durante cuatro años, antes de ser liberado como preso político, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador.

“Yo dejé la prisión el 29 de enero de 2020, después de que cuatro carpetas me fueron fabricadas por el delito de robo a casa habitación, que no fue más que el pretexto. El hecho fue que, como dirigente del Frente Mexiquense, habíamos demostrado que el fraude que nos cometieron las constructoras y las hipotecarias era un fraude en todo el país”, narra en entrevista.

“Me fabricaron delitos de robo a casa habitación, señalando que me metía a robar la casa de unos invasores, de unos delincuentes, de un grupo criminal muy peligroso y que yo había utilizado arma de fuego. Arma de fuego que nunca me la comprobaron en los tres juicios que llevé.

“¿Cómo es posible que cuando, en México, tú vas y sacas a un invasor que se metió a tu casa, si tú lo sacas por vía propia, él te va a acusar de despojo y tú vas a ir a la cárcel, siendo que combatiste una injusticia.”

A José Humbertus nunca le fueron demostrados los supuestos delitos y no se le vinculó a proceso. Pese a ello, tuvo que pasar cuatro años privado de su libertad.

“Yo llegué al penal de Chiconautla el 5 de noviembre de 2015… vi más de 26 personas que murieron por una lepra que se llama el hongo de la cárcel… y ancianos que tenían el problema del pie diabético o diabetes, les caía esta infección y les amputaban las piernas”, relata.

“Y otra situación, en los penales, la sobrepoblación lleva a que tu juicio se suspenda muchas veces, porque no pueden estar atendiendo, en un día, cientos o miles de audiencias que se van acumulando, porque se van rezagando”, lamenta.

Estando en Chiconautla, una pancreatitis aguda derivó un año en un penal psiquiátrico para Humbertus.

“El gobierno y el exfiscal Alejandro Jaime Gómez Sánchez se molestaron mucho porque en la cárcel nació la organización Presunción de Inocencia y Derechos Humanos… se estaba litigando entre mi gravedad (por la enfermedad) y entonces propusieron darme un castigo por haber hecho esa revuelta de la ‘revolución azul’ dentro del penal de Chiconautla y me llevaron a un penal psiquiátrico donde conviví con enfermos mentales”.

Dicha revolución azul, liderada por José Humbertus en 2017, incluyó a 400 reos privados de la libertad injustamente, quienes, desde dentro de la cárcel, expusieron violaciones al debido proceso en sus casos y acusaciones hechas por venganza de altos mandos o grupos políticos. 

“Estuve en un penal conviviendo con personas desafortunadamente muy mal, muy dañadas por la droga; algunos, la mayoría jóvenes, o personas que habían matado a sus familiares, sobre todo en la etapa de la esquizofrenia. Es muy duro, muy duro, porque nunca se apagaba la luz donde yo estaba encerrado, y fue un castigo muy duro”.

“Algo que yo lamento mucho y, aún me duele, fue cuando supe la noticia que mi madre había muerto. Mi abogado pidió una audiencia de Control. El juez me dio 24 horas para ir a enterrar a mi madre. Le dieron la instrucción al comandante de seguridad, pidieron el ‘rinoceronte’ para trasladarme… y el gobernador dio la orden que yo no podía ir a enterrarla”, lamenta. 

Ya fuera de la cárcel, liberado como el expreso político número 47 por decreto del expresidente López Obrador, José Humbertus no ceja en su lucha contra los despojos de vivienda y, de manera personal, en la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, desde donde busca el reconocimiento de los derechos en materia de vivienda y mejorar la situación de las personas privadas de la libertad injustamente.

“Soy promotor de la Ley de Amnistía, que atiende a los falsos culpables y, bueno, finalmente algo de lo que la cárcel me enseñó, y que me estremece. Yo nunca he tenido miedo a nada, ni tampoco le tengo miedo a la cárcel, pero lo que sí creo que me marcó en ella es que no vuelves a ser el mismo. Nunca. Tú no te puedes acostumbrar a un lugar donde no naces para vivir”, concluye.

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