La soberanía indiciada

Julio Faesler

Julio Faesler

Editorial

Desde hace varias semanas la presidenta Sheinbaum ha venido utilizando en su mañanera, y demás entrevistas y foros en los que aparece, la soberanía nacional no tanto como baluarte de defensa de nuestro territorio y valores nacionales, sino como defensa de los acusados por las autoridades estadunidenses por su confirmada delincuencia como narcotraficantes.

El tema merece comentario. La soberanía es un concepto que tiene sentido cuando se refiere a la independencia de una nación, y no viene al caso cuando, como lo ha venido haciendo la Presidenta, distorsiona el concepto pretendiendo aplicarlo para proteger de la acción de la justicia a solo un individuo que, en este caso, es el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya. Esta falta abusiva de proporción que la jefa de gobierno realiza provoca una confusión y un daño al concepto de soberanía que se invoca, además de que se le haya perdido el respeto a la Presidenta misma.

Se trata de rescatar un espacio que el gobierno pone en peligro al abusar de él. La soberanía no está cuestionada. Sólo hay que invocarla correctamente. En asuntos penales vale identificar y atrapar al criminal para separarlo de la comunidad. Así de sencillo. La soberanía se expresa al respetar el derecho, no en pretender torcerlo.

Falta mencionar otra consideración. El combate a las mafias no puede hacerlo un solo país. Las mafias mexicanas se han extendido infiltrándose cual humedad por todo el mundo, haciendo que nuestro país sea conocido internacionalmente como un narcoestado.  El gobierno mexicano es el responsable de esta vergonzosa realidad. El crecimiento del poder de las mafias mexicanas, junto con algunos de sus cárteles, hoy por hoy son los más importantes del mundo, como el Jalisco Nueva Generación, el de Sinaloa y la Familia Michoacana. Las mafias mexicanas han crecido a tal grado de dimensión que se requiere la acción concertada de varios gobiernos para combatirlas.

México no basta para hacerle efectiva la guerra a los cárteles. Es evidente que nuestro aliado natural es Estados Unidos y su colaboración es indispensable en esta lucha, ya que su población ha sufrido gravemente por el incremento del número de muertes por el consumo de drogas. Las organizaciones criminales han montado un sistema lo suficientemente amplio y efectivo para surtir las necesidades del mercado estadunidense, en que 52% de su población de todos los estratos sociales han consumido drogas. 70 mil personas murieron el año pasado por el consumo de fentanilo.

La alianza entre nuestros dos países es la única vía para la acción simultánea y solidaria para acabar con este peligro que es de máxima prioridad tanto para México como para Estados Unidos. Sólo la cooperación recíproca puede dar esperanzas para limpiar el mercado binacional, que es sólo una parte de la vasta área internacional dominada por las mafias.

Se trata de la alianza entre pares que comparten la autoridad para sumar recursos y esfuerzos para lograr y compartir el triunfo que se busca. En esta lucha no surge el tema de proteger las soberanías, puesto que, por definición, la alianza tiene por objeto fundirlas en una sola lucha.

Frente a esa realidad, la presidenta Sheinbaum prefiere utilizar el concepto de soberanía  para defender a los narcopolíticos, como el gobernador con licencia Rocha. Se verá entonces que Sheinbaum emplea el concepto de soberanía con fines enteramente distintos a su función y significado y, por lo tanto, cae en una desviación muy tramposa de intenciones que responde únicamente a su profundo compromiso y a su lealtad con la ideología de Morena.

Así, la soberanía del país se traslada por simple decisión presidencial de ser la protección a la identidad del país, a ser la protección de un personaje que es, por antecedentes y pruebas fehacientes, un narcopolítico. Tanto en el caso de nuestro vecino al norte, igual que nosotros, estamos reconociendo que son los narcos los que se han instalado en las entrañas del poder político suplantándose como el centro de la soberanía.

Se llega al absurdo de que el nuevo significado de soberanía es un término que lo obtienen los narcos, que siguen adelante gozando de la impunidad que ella les otorga. Así quedó indiciada la soberanía.