El León de la Sierra y el nacimiento de las rutas aéreas
La historia de Pedro Avilés Pérez y cómo impulsó las primeras rutas aéreas del narcotráfico en la sierra de Sinaloa.

Pedro Avilés Pérez, apodado “El León de la Sierra”, ocupa un lugar singular en la historia del crimen organizado en México. Diversos testimonios de la época lo señalan como una figura clave en la transición del contrabando rudimentario hacia un esquema más estructurado del narcotráfico moderno.
Su influencia se consolidó en la zona serrana de Sinaloa durante las décadas de 1960 y 1970, cuando el cultivo y trasiego de mariguana comenzaba a adquirir dimensiones comerciales más amplias.
Originario de la región montañosa conocida como el Triángulo Dorado, Avilés Pérez desarrolló un sistema que integraba siembra, cosecha, acopio y distribución. En esos años, la actividad ilícita se realizaba de manera dispersa; sin embargo, bajo su coordinación, los procesos se organizaron con mayor disciplina y logística. Habitantes de la sierra lo recordaban como un hombre de carácter firme, cuya autoridad se imponía en comunidades aisladas donde la presencia del Estado era limitada.

Su apodo no fue casual. El control que ejercía sobre las rutas serranas y los territorios de cultivo le otorgó una reputación de dominio casi absoluto. A diferencia de traficantes anteriores, Avilés introdujo métodos innovadores para transportar cargamentos hacia Estados Unidos.
Fue pionero en el uso de aeronaves ligeras, una práctica que reducía tiempos de traslado y evitaba retenes terrestres, marcando un precedente que más tarde sería adoptado por organizaciones criminales.
La red que consolidó no operaba en solitario. Diversas investigaciones ubican su colaboración con personajes que posteriormente tendrían notoriedad en el mundo del narcotráfico.
Entre ellos, Ernesto Fonseca Carrillo, conocido como “Don Neto”, con quien coordinaba operaciones en Sinaloa; Jaime Herrera Nevares, quien facilitaba movimientos en Durango; y Miguel Urías Uriarte, vinculado a rutas en Sonora. Este entramado permitió establecer corredores y mecanismos logísticos que, con el tiempo, servirían como base para estructuras criminales más complejas.
Durante esos años, el negocio ilícito evolucionó de cultivos dispersos a una cadena productiva con mayor planeación. Avilés supervisaba la calidad de la siembra, el resguardo de cargamentos y los contactos necesarios para el cruce fronterizo. Las ganancias crecientes transformaron economías locales, generando dependencia y también conflictos en comunidades serranas.
El ascenso de “El León de la Sierra” ocurrió en paralelo al endurecimiento de las políticas antidrogas. A finales de los años setenta, las autoridades federales intensificaron operativos en la región con el propósito de desarticular redes emergentes. El 15 de septiembre de 1978, a los 41 años, Pedro Avilés Pérez murió durante un operativo en un punto conocido como “La Y”, cerca de Tepuche, cuando se dirigía hacia Agua Caliente de los Monzón.
La versión oficial indicó que agentes de la entonces Policía Judicial Federal montaron un operativo para detenerlo, el cual derivó en un enfrentamiento armado. Con su muerte se cerró un capítulo temprano del narcotráfico organizado en el noroeste del país, aunque las rutas, métodos y alianzas que impulsó continuaron evolucionando en manos de nuevos líderes.
A más de cuatro décadas de aquellos hechos, su figura permanece como referencia obligada para comprender el origen de las estructuras criminales contemporáneas. En la memoria colectiva de la sierra sinaloense, su nombre aún evoca una época en que el negocio ilícito dejó de ser un contrabando improvisado para convertirse en una operación sistemática que cambiaría el rumbo de la región.
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